BEATRIZ GARCÍA BLAS "Garganta
profunda" El pasado 31 de mayo de 2005, la revista neoyorquina Vanity Fair destapó uno de los secretos periodísticos mejor guardados de todos los tiempos: la identidad de “Garganta Profunda”, el confidente que reveló a The Washington Post el escándalo Watergate hace treinta y tres años. Tras dos años de investigaciones, en las que han participado quince editores y un abogado californiano, Vanity Fair ha desvelado que fue Mark Felt, de 91 años y ex número dos del FBI, la fuente que sirvió a Carl Bernstein y Bob Woodward para destapar la trama política que provocó la dimisión del presidente estadounidense, Richard Nixon, en agosto de 1974. Desde la revista se asegura que ninguno de los dos periodistas tenía noticia de esta investigación ya que, de conocerla, The Washington Post podría haber publicado la exclusiva. El periódico, por su parte, confirmó la identidad de “Garganta Profunda” el mismo día que Vanity Fair la dio a conocer. TRES DÉCADAS BAJO “SECRETO PROFESIONAL” La identidad de “Garganta Profunda” ha permanecido treinta y tres años en el anonimato gracias a un derecho al que pueden acogerse los profesionales del periodismo: el secreto profesional. Este derecho es, a la vez, un deber, ya que implica un pacto de compromiso con el confidente: el periodista promete a su fuente que no revelará su identidad, a cambio de que ésta le proporcione una información confidencial. De esto se desprende que el secreto profesional tiene un carácter ético y deontológico, es decir, que afecta tanto a la conciencia personal del informador como a su conciencia profesional. El periodista cumple una función de servicio público y, como tal, se debe a los ciudadanos. Tiene la obligación moral de dar a conocer la información que considere de interés público, aunque haya sido obtenida a través de personas cuyo nombre no puede revelar. Porque, en el fondo, los confidentes son fuentes de información verdaderamente limpias, ya que el resto suelen estar viciadas en su origen al proceder o venir impuestas del poder, tanto económico como administrativo o político. Así pues, los periodistas que destaparon el escándalo Watergate gracias a la inestimable ayuda de su confidente, se vieron obligados a pactar con él que no revelarían su identidad hasta después de su muerte. Solo así podrían garantizarse que seguirían recibiendo información de primera mano del número dos del FBI. Pero, ¿qué ganaba él con esto? Woodward asegura que nunca se planteó por qué Mark Felt se había convertido en su confidente, pero que este siempre le decía: “Lo debo hacer, es mi camino”. CRONOLOGÍA DEL CASO WATERGATE El famoso escándalo comenzó la noche del 17 de junio de 1972, cuando la policía descubrió a cinco intrusos en el edificio de apartamentos Watergate, en Washington, donde tenía sus oficinas el Comité Nacional del Partido Demócrata. Al parecer, pretendían ajustar unos micrófonos ocultos que habían instalado un mes antes, así como fotografiar documentos del partido demócrata. Nadie sabe con seguridad qué documentos buscaban, pero la investigación llevada a cabo por dos periodistas del diario The Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein durante más de dos años destapó la existencia de una red de espionaje político, sobornos y uso ilegal de fondos que condujo al procesamiento de cuarenta altos funcionarios estadounidenses y a la dimisión del entonces presidente Richard Nixon, el 8 de agosto de 1974. Ambos periodistas, que ganaron el premio Pulitzer por este trabajo, prometieron que no revelarían la identidad de su fuente hasta la muerte de ésta. LA LABOR DE “GARGANTA PROFUNDA” Bob Woodward conoció a Mark Felt en la Casa Blanca en 1970. Por aquel entonces, el periodista era teniente de la Armada estadounidense y trabajaba como mensajero de la misma, por lo que llevaba con frecuencia documentos a la residencia del presidente. Una tarde, mientras esperaba para entregar sus mensajes, Felt se sentó junto a él y comenzaron a charlar. De este encuentro surgió una amistad, que hizo que el agente del FBI se convirtiera en “mentor” de Woodward en el mundo periodístico, al que se incorporó tras dejar la Armada. En julio de 1971, Felt pasa a ser 'número tres' en el FBI y mano derecha de su superior, J. Edgar Hoover, ya que el 'número dos', Clyde Tolson, permaneció enfermo una larga temporada. Pero, al morir Hoover un año más tarde, la administración Nixon decide no ascender a Felt, cubriendo la vacante con un hombre de su confianza, Patrick Gray. Algunos ven en este hecho el detonante para que Felt se convirtiera en “Garganta Profunda”. Apenas dos semanas después, el candidato presidencial George C. Wallace (gobernador de Alabama) es herido en un tiroteo en un centro comercial a las afueras de Washington. Gray estaba de viaje, por lo que se encargó a Felt que consiguiera más información sobre el presunto pistolero. Es aquí donde comienza a forjarse la alianza Felt-Woodward. El agente del FBI proporciona al periodista, que llevaba un año trabajando en The Washington Post, múltiples informaciones confidenciales sobre el tiroteo, que se convirtieron en portada del periódico. Cuando, un mes más tarde, en junio de 1972, cinco hombres con traje, bolsillos llenos de billetes de 100 dólares, dispositivos electrónicos y cámaras fotográficas son detenidos en la sede del Partido Demócrata en el edificio Watergate, Woodward no duda en recurrir de nuevo a la fuente de valor incalculable que es Felt. El periodista, junto a su compañero Carl Berstein, identificó a uno de los intrusos como miembro del comité para la reelección de Nixon. Felt les confirma, 'off the record' (información que se proporciona para no ser publicada), sus sospechas de que un alto cargo de la Casa Blanca, Howard Hunt, ex agente de la CIA, está implicado en el caso de espionaje. A partir de ese momento, Mark Felt se convierte en “Garganta Profunda” y confidente de Woodward. Los contactos entre ambos se realizan desde entonces en condiciones de máxima seguridad, siguiendo un curioso sistema de señales. Si era el periodista el que quería concertar una cita, cambiaba de posición en su balcón una maceta con un paño rojo; si el requerimiento partía de Felt, éste marcaba el ejemplar de The New York Times que le llegaba a Woodward a su domicilio en la página veinte, normalmente con un círculo a modo de reloj señalando la hora del encuentro, en torno a las dos de la mañana. Los encuentros tenían lugar en el último nivel de un aparcamiento subterráneo situado en la zona de Rosslyn. Para llegar al destino, el periodista salía por la puerta trasera de su edificio, tomaba taxis diferentes y caminaba varias manzanas antes de llegar al aparcamiento. TRAS LA PISTA DE MARK FELT El hombre clave en el esclarecimiento de la identidad de “Garganta Profunda” es John O’Connor, un abogado californiano. Hace dos años, conoció en una cena familiar al nieto de Mark Felt que, casualmente, era amigo de su hija. O’Connor le preguntó si sabía que su abuelo era “Garganta Profunda”, y el joven dijo que hacía tiempo que lo venía oyendo, pero que sólo desde hacía poco tiempo había empezado a creerlo. Al parecer, días después, el chico se puso en contacto con el abogado para contarle que su abuelo les había revelado que, en efecto, él era “Garganta Profunda”, y que estaba dispuesto a revelarlo. Fue su familia la que le animó, convencida de que Felt merece un reconocimiento por haber actuado de manera heroica. Así pues, O’Connor se puso en contacto con el editor de Vanity Fair, para ponerle sobre la pista de “Garganta Profunda”. El abogado quería, a cambio de la exclusiva, que la revista pagase a la familia de Felt. Pero no llegaron a un acuerdo, por lo que O’Connor escribió la historia en un libro e intentó venderla a algún editor. Tampoco tuvo éxito y decidió volver a Vanity Fair, que organizó un equipo de investigación para trabajar en el asunto. La operación, bautizada como “WIG”, estuvo a cargo de O’Connor y de quince editores, que tuvieron que firmar un contrato que les prohibía revelar nada de Felt en caso de que la historia no llegara a publicarse. Pero, después de dos años, la noticia ha visto la luz. Uno de los misterios
más grandes del periodismo contemporáneo ha sido revelado. Después de más de
tres décadas y un sinfín de especulaciones, ha quedado al descubierto la
identidad del confidente que destapó el escándalo Watergate. “Garganta
Profunda” ya tiene rostro. |
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