ANA VIDAL Javier Marías sigue alimentándonos
A tan sólo quince minutos de las ocho de la tarde, hora en que Javier Marías daría comienzo a la presentación de su último libro Tu rostro mañana. Segunda parte. Valle y sueño, la parte principal del Teatro Fernando Rojas de Madrid ya estaba llena y se empezaban a ocupar los dos anfiteatros. Entre los lectores incondicionales (cuya media de edad sobrepasaba la treintena) se mezclaban personajes reconocidos, como el “buen amigo” de Marías, Arturo Pérez Reverte, que no podía perderse una presentación de la que podría sacar mucho partido en sus próximos artículos. Marías se hizo esperar, lo suficiente para crear expectativa sin agotar la paciencia de los presentes, y a las veinte horas y doce minutos apareció junto al que sería encargado de entrevistarle, su amigo Agustín Díaz Llanes, cineasta y guionista de películas como Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto o Sin noticias de Dios. Javier Marías presentaba la segunda parte de la novela Tu rostro mañana y afirma haber obligado a la editorial Alfaguara a imprimir debajo del título “Segunda y penúltima parte”, por si acaso en lugar de lo que en un principio va a ser una trilogía, se convierte en una saga interminable de libros. “Si escribo cuatro, cinco o seis partes la gente se hartará y con razón”, bromeó el escritor de cincuenta y dos años, para afirmar después: “me dejo márgenes de libertad considerables a la hora de escribir, pero lo que está claro es que a un escritor no se le va de la mano la historia, la acaba cuando quiere. Eso de que los personajes parece que cobran vida y piden más protagonismo me parece una sandez”. El autor explicaba que cuando uno consigue instalarse en un mundo llega a no importar demasiado cómo termina la historia, y como vivo ejemplo de esto mencionó El Quijote de Cervantes en el ámbito de la literatura y El padrino en el del cine. Marías, de muy buen humor, dio por zanjado este tema riendo: “cuando acabe este libro me retiraré, sí, porque estaré muy cansado”. El escritor, que ha vendido más de cinco millones de libros traducidos en cuarenta y cuatro países, reconoció que había una alta dosis de violencia en este último libro, y aunque aclaró que era una violencia justificada y no gratuita, constató que el relato de un horror es más difícil de olvidar que una visión (una visión es irrecuperable, no forma parte del presente, uno se puede convencer de que nunca lo vio, de que no fue real). Tras la lectura (constante en todas las presentaciones de libros del autor) de uno de los pasajes de su nuevo libro, se pasó a la ronda de preguntas. “Decir cuál es el escritor favorito es algo imposible, sobre todo cuando se han leído muchos libros”, respondió Javier Marías ante una de las primeras cuestiones, aunque destacó después la influencia que para él ha tenido la literatura de Joseph Conrad, Lauren Sterne, Cervantes, Lope de Vega y Valle Inclán. Marías se descubrió un poco al margen del teatro (exceptuando las obras de Shakespeare, que él considera más que teatro), y descartó la posibilidad de que alguien lo viera asistiendo a alguna obra de teatro contemporáneo. En cuanto a llevar sus novelas al cine (en breve Agustín Díaz Llanes va a dirigir la adaptación al cine de las aventuras del capitán Alatriste, creación literaria de Pérez Reverte), el escritor afirmó haber recibido muchas propuestas de directores italianos y franceses interesados especialmente en Mañana en la batalla piensa en mí y últimamente en Corazón tan blanco. “Yo intento persuadirlos para que no las hagan. Una vez acepté, pero la translación salió mal y acabamos en los tribunales. Gané el juicio, pero se me han quitado las ganas de más proyectos”. Agustín Díaz Llanes tampoco lo veía muy probable, y argumentaba que las novelas de Marías son muy difíciles de llevar al cine porque es un estilo de narrar complicado para trasladar al género cinematográfico. Lo que ocurre es que es una literatura con escenas que podrían visualizarse bien y ello tiende a la confusión, porque parece que pudiera tener una translación fácil, cuando no lo es. “Quizá en el cine de hace setenta años sí, porque el público toleraba otro tipo de películas, pero no en el actual”. El acto terminó cuando sólo faltaban diez minutos para
las diez de la noche, pero hubo gente haciendo cola para la firma de libros
hasta pasadas las diez y media. Y es que, aunque el escritor se queje de que
le da mucha pereza empezar a escribir un nuevo libro, necesitamos que nos
siga dosificando buena literatura, tarde el tiempo que tarde en llegar.
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