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ANA VIDAL Vivir en la calle
Constituyen la otra cara de la sociedad. Sólo un 15 por 100 de ellos son mendigos: el perfil ha cambiado. Los problemas de violencia y soledad que genera la sociedad actual provocan la salida del hogar. Prefieren la calle a continuar en situaciones peores. Repudiados y marginados, intentan sobrevivir al frío, al hambre y a la soledad. Es la historia de miles de españoles. Las cifras son alarmantes. El número de personas sin hogar en España está comprendido entre 50.000 y 200.000 personas, pero no existe ninguna cifra oficial al respecto ya que ni siquiera cuentan para el censo. 15.000 personas sin hogar duermen literalmente en la calle a diario, llegando a triplicarse esta cifra si tenemos en cuenta a las personas que duermen en la calle esporádicamente. Según diferentes fuentes e investigaciones realizadas, el perfil tradicional es de un varón con una edad comprendida entre los 41 y los 65 años, soltero, alcohólico, con problemas de salud y poca formación cultural. Se trata de personas por lo general institucionalizadas, lo que provoca que no tomen decisiones y carezcan, en general, de autonomía. Pero en los últimos años este patrón se ha ido modificando, y nos encontramos con un nuevo perfil que aglutina a inmigrantes, mujeres maltratadas, jóvenes con problemas familiares, drogodependientes o ex drogodependientes, grupos familiares de diversas etnias e incluso universitarios... Pero lo que todo el mundo se pregunta es cómo se puede llegar a este extremo. La actitud que la sociedad tiene frente a este tipo de gente es la de desprecio e indiferencia. A menudo se califica a estas personas de “borrachos, gandules, parásitos y bazofia humana”. Día tras día sufren humillaciones, insultos e incluso palizas. La pregunta clave es: ¿Duermen en la calle porque quieren?¿Les gusta esa situación? La respuesta es sencilla: NO. Entonces, ¿cómo se llega hasta aquí? Cada cual ha vivido una historia distinta, y resulta muy difícil conocerla porque, acostumbrados como están a la marginación social, actúan a la defensiva. Pero se pueden destacar rasgos comunes generales en cada historia. Normalmente, cualquier persona sufre uno o dos sucesos vitales estresantes o varios encadenados a lo largo de su vida. Pero indagando en los casos de las personas sin hogar, descubrimos que han padecido una media de nueve sucesos de este estilo, algunos incluso han llegado a alcanzar hasta quince. Y si a esto le sumamos el agravante de la carencia de apoyo afectivo por parte de las familias y amigos de los afectados, encontramos a personas que se han sentido solas e incomprendidas hasta el punto de desligarse de todo vínculo en una carrera imparable hacia su desgracia. El gran problema es que no hay suficientes recursos sociales que se encarguen de paliar las situaciones de riesgo. De hecho, el 85 por 100 de los recursos que se les facilitan, van destinados a las necesidades primarias. De este modo, sólo se parchea el problema pasajeramente, pero nunca llega a solucionarse. Según el último sondeo realizado por Cáritas (aunque es difícil cuantificar el número de personas sin hogar), en la actualidad más de 9.000 personas viven en la calle en Madrid. Una cifra realmente preocupante, que no puede dejar indiferente. El psicólogo Manuel Muñoz realizó un estudio sobre las personas sin hogar en la Comunidad de Madrid, titulado “Los límites de la exclusión”, del cual podemos determinar los porcentajes, que no dejan de resultar sorprendentes: el 25 por 100 de las personas sin hogar son jóvenes que llegan a la calle con menos de veinte años, un 45 por 100 de ellos son inmigrantes. Encontramos el escalofriante porcentaje de que un 30 por 100 lo constituyen enfermos mentales. Un 15 por 100 son estudiantes universitarios, hay otro 15 por 100 de mujeres y el 50 por 100 se pueden denominar inmigrantes económicos. Dos de cada tres personas sin hogar han cursado estudios de segundo ciclo y sólo el 15 por 100 de ellos son mendigos. Teniendo en cuenta estos datos, podemos darnos cuenta de cómo ha cambiado la sociedad actual. Debemos cambiar, pues, la concepción de que toda persona sin hogar es un mendigo, porque –como lo corroboran las cifras– los pobres son minoritarios. Podemos ver así que no se trata sólo de la falta de recursos económicos, sino que también los nuevos problemas de la sociedad (maltratos a mujeres y niños, separaciones y divorcios, depresiones, incomprensión, soledad, falta de atención, etc.) derivan, cada vez en mayor número, en la salida del núcleo familiar en el que habían estado viviendo, para pasar a convertirse en personas sin hogar. Continuando con este estudio, resaltamos tres hechos muy a tener en cuenta: dos de cada tres personas sin hogar ha intentado suicidarse en algún momento. Una de cada cinco ha sufrido malos tratos antes de cumplir los 18 años. Y una de cada tres personas sin hogar está separada o divorciada. Dado que es una situación que va creciendo peligrosamente, cada vez se están habilitando más centros con el fin de ayudar a este tipo de personas. Hay multitud de ONG actuando en toda España, no sólo la archiconocida Cáritas, sino otras de reconocida efectividad, tales como “Solidarios”, cuya labor de concienciación de la gente está logrando movilizar a muchísimas personas y ampliando un voluntariado que resulta vital para la consecución de estos programas de ayuda. Haciendo un recorrido de investigación por Madrid, podemos destacar diversos recursos sociales para personas sin hogar. Encontramos siete centros donde se sirven comidas para todas las personas sin hogar que se hayan registrado en el local y que tengan DNI: el comedor Santiago Masarnau, el Ave María, el María Inmaculada, el San Francisco, El Hijas de la Caridad, El Apostólicas del Sagrado Corazón de Jesús y el San Alfonso, todos ellos organizados por instituciones religiosas. Pero no se limitan únicamente a dar comida, sino que algunos dan ropa un día por semana, les ofrecen asesoría jurídica e incluso uno de ellos, el María Inmaculada, tiene duchas, peluquería, podología y lavandería gratuitas. En el caso de las cenas, sin embargo, sólo encontramos dos centros: Santa María de la Cabeza y Hermandad El Refugio. Encontramos tres baños públicos. Ducharse en ellos cuesta 0,15 céntimos por persona. Están ubicados en Bravo Murillo, Glorieta de Embajadores y Plaza de la Cebada. Cuentan también con cuatro centros donde reparten bocadillos durante la media hora del almuerzo, de 9 a 10 de la mañana. En todo Madrid sólo hay cuatro albergues para gente sin hogar, y las plazas son muy limitadas: 50, 75, 80 y 186 el más grande. En total, de las nueve mil personas sin hogar que hay cada noche en Madrid, sólo 391 pueden dormir bajo un techo. El resto de personas que constituyen la sobrecogedora cifra restante, duerme a la intemperie. La “estación fantasma”, una estación del metro de Madrid inutilizada, sirve de alojamiento para muchos de ellos, que se refugian allí una vez que el metro cierra sus puertas a la una y media de la madrugada . Seis centros sanitarios del Ayuntamiento les dan servicio de atención médica, que también pueden obtener en el centro de “Médicos del Mundo” y en la parroquia de San Antonio. A diferencia de la opinión frívola y generalizada de la gente, que cree que una persona sin hogar se dedica a pasar el día durmiendo y pidiendo limosna, muchas de las personas sin hogar que he entrevistado me contaron cómo a diario se lavaban y aseaban lo máximo posible, dentro de sus mínimas posibilidades, para lograr una buena apariencia e ir en busca de un puesto de trabajo. La parroquia de San Rafael, el centro Compadre, la Cruz Roja, la asociación SENUN (para mayores de 40 años), Cáritas, IMAF, el teleempleo (programa que lleva a cabo Telemadrid) y el programa ISLA (distinto para cada distrito municipal de Madrid) ayudan a las personas sin hogar en la búsqueda desesperada de empleo. Muchos de ellos trabajan en obras públicas como albañiles, pero aún así la posibilidad de alquilar un piso es infinitamente lejana para ellos. Tanto, que llega un momento en que no la conciben siquiera. Uno de los
grandes problemas que sufren estas personas es que carecen de información
y desconocen los recursos a su alcance. Por ello, cada vez son más los
programas en los que se envía a voluntarios, que con termos y magdalenas
en mano (les sirve de excusa para iniciar la conversación y ofrecerles
compañía) se encargan de hablar con las personas sin hogar, informándolas
de los recursos sociales que tienen a su alcance y de los centros de
acogida más cercanos a los que puede acudir. “Solidarios”, por ejemplo,
cuenta con 180 voluntarios que cada noche atienden a 200 personas sin
hogar, realizando tres rutas diferentes. La ruta 1 comprende Princesa,
Plaza de España, Gran Vía, Plaza de Callao, calle Desengaño, calle Montera
y Sol. La ruta número dos se centra en la estación de Atocha Renfe y en la
glorieta de Carlos V. Y la ruta número tres recorre la Plaza de Colón, el
Parque de París, Recoletos, Cibeles y atraviesa el subterráneo que une
Alcalá con Menéndez Pelayo.
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Portada Portadilla Nº Enero 2005 Reportajes y Entrevistas Sección General © OPIN@R. Las personas interesadas en
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