ÚRSULA SEBASTIÁN Buscamos una
televisión En la actualidad estamos acostumbrados a ver a todas horas en las pantallas de nuestros hogares todo tipo de contenidos televisivos. Se puede decir que para los programadores de los canales todo vale mientras se creen beneficios. Por este motivo, el Defensor del Menor ha alzado su voz para reclamar unos horarios, de 6 de la mañana a 10 de la noche, que estén desintoxicados de los programas que, casualmente, son los más demandados en la actualidad. Es increíble, pero cierto, que no exista programación adecuada para el público más joven. Esto no significa que haya que reponer “Barrio Sésamo”, pero lo que es obvio es que a veces ver cualquier programa de tarde es un ir y venir de insultos, temas absurdos, ni siquiera divertidos, que rozan un circo mediático bastante patético que ensucia cualquier mente, por madura que sea. La televisión dirige en estos momentos a todo su público. Y yo me pregunto: ¿realmente la gente se conforma con ver montajes de personajes absurdos, persecuciones a famosos y discusiones entre individuos que no tienen nada interesante que contar? No lo creo. Teniendo en cuenta que la televisión es un escaparate, sería mucho más lógico dar cabida al arte y al trabajo de actores y actrices españoles, cantantes, programas que sean entretenidos y divertidos, en lugar de que nos transmitan lo peor de unos cuantos. Este asunto que gira en torno al menor creo que también protege a cualquier televidente. Los programas que son de tipo reality show por supuesto que deben situarse en una franja horaria que sea más prudente. Además de que hay una cantidad desbordada de ese tipo de programas, parece que las cadenas de televisión están destinadas a intentar que los televidentes terminen con su cerebro reducido al tamaño de un cacahuete. Teniendo en cuenta que los medios de comunicación mueven y tienen el poder de manipular a la opinión pública si lo desean, habría que preguntarse por qué nos ofrecen tan poca calidad en sus programaciones. No se debe confundir que no se quieran contenidos que puedan herir la sensibilidad del menor, con imponer un modelo de televisión simplemente educativo. Para nada. Es importante que los niños y jóvenes que encienden sus televisores tras una jornada de clases tengan derecho a reírse viendo la tele, pero hay muchas formas de provocar risas. El Gobierno debe apoyar esta petición, porque no creo que se deba dejar a un lado lo que las actuales generaciones, que serán el futuro de esta sociedad, están viendo en sus casas. A través de los medios de comunicación conformamos en parte nuestras ideas y gastamos el tiempo de nuestro ocio; es decir, que recibimos demasiada información como para que la que obtengamos no nos beneficie o nos perjudique directamente. No creo que sea una actitud tremendista la de vigilar los contenidos, sino una forma positiva de intentar mejorar lo que nos ofrecen las televisiones. De todas formas, no creo que haya que esconder al menor de los contenidos que reflejan la realidad. Sobre los temas que surgen en la actualidad, aunque sean duros, los más jóvenes deben tener conocimiento de ellos. La juventud debe de tener una información sexual, también sobre las drogas, etc. Temas que son muy importantes en la adolescencia y que hay que tratar, porque existe mucha desinformación. La televisión es un lugar perfecto en el que se podrían proyectar todas las inquietudes del menor, sin tabúes y con claridad, pero con una perspectiva juvenil. Es inevitable que cualquiera que encienda el televisor de vez en cuando esté al tanto de todos los líos entre famosos y de todos los cotilleos. Es lo único que se trata. Desde que te levantas hasta que te acuestas puedes pasarte todo el tiempo con noticias del corazón. Debería de existir un límite, y sobre todo debería de haber una gama más amplia de opciones y situar a los programas acordes con los contenidos. Pero quizás a las cadenas de televisión sólo les interesa ganar dinero, y lo hacen con estos programas porque tienen una audiencia bastante importante. Nos encontramos en el punto en el que si existe este tipo de contenidos debe de ser porque la gente los pide. Esto es cierto, pero tampoco sabemos cuál sería la reacción del público si cambiaran la parrilla televisiva. Son tiempos difíciles para imponer lo que es correcto. Lo que está claro es que observar lo que emiten por las cadenas a veces resulta vergonzoso. Y no porque sólo tengamos que ver en la televisión lo que está bien, sino porque el ingenio no existe. Esperemos que se pueda conseguir una televisión con ideas, con diversión, con actualidad, con libertad y sin máscaras.
Con esfuerzo y con talento se puede evolucionar hacia una televisión con
personalidad si se renuncia al dinero fácil que tanto ciega a este mundo.
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