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FRANCISCO JAVIER GONZÁLEZ CUESTA El dilema de ETA Las acciones de ETA perpetradas en los últimos meses han confirmado su política de terror de media intensidad. Hay que remontarse hasta el 31 de mayo de 2003 para situar a las últimas víctimas asesinadas por la banda, dos policías nacionales fallecidos por una bomba en Sangüesa (Navarra). Desde 2003, año en que fueron asesinadas 3 personas, sus comandos han utilizado unas 65 bombas (en general, pequeños artefactos), sin contar las furgonetas detenidas en las navidades de 2003, cuando la Policía incautó 560 kg. de explosivos transportados en una de ellas. En comparación, sólo en los dos años anteriores murieron 21 personas por atentados, más dos terroristas que se quemaron con su propio fuego. ETA se está dando cuenta del fracaso de su política de terror, pues con 817 muertos y algo más de 40 años a sus espaldas, no ha logrado su objetivo independentista y ha tornado a una banda mafiosa, más allá de ideales, que hace de la extorsión su modo de vida. Además, sus anacrónicas teorías de acción-reacción han chocado de frente con el espíritu democrático de una nueva España que confía en la Ley y que ha comprendido que el terrorismo sólo sobrevive como causa escudándose en discursos victimistas, ganando adeptos con cada tortura y ejecución. La reacción ante el asesinato del inspector Melitón Manzanas en 1968 da ejemplo del crecimiento del brazo militar en ETA, engordando sus apoyos contra el franquismo a medida que algunos militantes eran fusilados o torturados. Sin embargo, ahora ETA se encuentra con una difícil decisión. Gran parte de sus apoyos empiezan a sufrir el hastío de una guerra infinita sin resultados, a perder la fe en unos ideales “justificables” en la dictadura, pero que con el tiempo apenas son una mascarada de mafiosos, y algunos ya no soportan cargar con más víctimas. Esta desilusión por una lucha sin rumbo es parecida a la vivida en la VI Asamblea por aquellos polis-milis que creían que ETA sería secundada por el movimiento obrero vasco en una revolución marxista-leninista, cuya violencia se limitaría y compatibilizaría con la acción política. Sin embargo, hay que recordar que la actual ETA tiene su origen en los milis, los cuales siguieron atentando y abandonando la opción política por creer que la actual democracia es continuista del anterior régimen y burguesa; es decir, la actual ETA tiene su origen en los asesinos que no pararon de matar cuando se vislumbró la apertura democrática y el reconocimiento del nacionalismo periférico. ETA se enfrenta así a su destino: Abandonar las armas o continuar el terrorismo. Sus acciones terroristas han visto fracasar su tesis de la transición, por la cual desestabilizarían al Estado español y podrían negociar con ventaja. El Estado apenas se alteró en sus inicios (a pesar del inocente Estatuto de Guernica o alguna tregua en sus momentos más bajos), y con el tiempo se ha fortalecido mientras que ETA se ha visto debilitada. El “terrorismo espectacular”, el más atroz como en los casos del asesinato de M. A. Blanco, Hipercor, Ortega Lara o las campañas de asesinato de ediles, ha supuesto en la práctica la pérdida de fuerza de ETA, a pesar de sus objetivos iniciales con estos atentados en materia de apoyo popular y en el recrudecimiento de acciones policiales dentro de la legalidad. Por otro lado, las campañas de verano y los últimos ataques con bombas de escasa intensidad sólo le son útiles para dar señales de vida. Pero este recurso se está agotando a medida que no pueden repetirlo, pues pierden intensidad y la población pierde el miedo. Además, si ETA perpetrase matanzas como el 11-M la solidaridad internacional con la democracia española se intensificaría, perdiendo los escasos apoyos que le restan a la banda en América Central y Sudamérica, como ya se lleva manifestando con la efectividad francesa en la captura de terroristas en los últimos años y que ha sido un elemento clave en el debilitamiento de la organización. Tras algunos titubeos, e incluso dando asilo inicial a terroristas como los asesinos de Carrero Blanco (José Ignacio Abaitua Gomeza, "Marquín"; José Miguel Beñarán Ordeñara, "Argala"; Pedro Ignacio Pérez Beotegui, "Wilson"; Javier María Larreategui Cuadra, "Atxulo"; José Antonio Urruticoechea Bengoechea, "Josu"; y Juan Bautista Eizaguirre Santiesteban, "Zigor"), o sirviendo de puente a América por una cierta pasividad policial francesa. Si bien es cierto que la colaboración y solidaridad se ha afianzado y se deben al amigo francés no pocos de los grandes progresos registrados en el debilitamiento de la banda terrorista durante los últimos años. Por otra parte, ETA no está en situación de abandonar las armas. Aunque puede tener entre sus facciones partidarios de ello, como por ejemplo los veteranos terroristas que desde la cárcel hace apenas un mes pidieron el fin de la violencia. El problema radica en dos vertientes: los adeptos más fanáticos, sobre todo los más jóvenes; y por otro lado los cargos de ETA que más se enriquecen de la extorsión del “impuesto revolucionario”. El problema de los fanáticos tiene como quiste a los que aún creen en la tesis militar, sobre todo jóvenes lobotomizados salidos de la kale borroka que no dudan en engrosar sus comandos. Aunque sean una minoría aquellos que pasan de la acción callejera al terrorismo puro y duro, internamente tienen el suficiente poder como para dirigir a la banda. El problema sería entonces qué voces dentro de la banda pueden tener la valentía y la fuerza para dirigir a ésta hacia el cese de la violencia. Un ejemplo de esto fue Eduardo Moreno Bergareche, “Pertur”, quién trató de conciliar a polis-milis y milis, y que fue asesinado por su compañeros debido a sus intentos de pacificar a ETA tras el fin de la dictadura franquista. Otro ejemplo es María Dolores González Catarain, más conocida como “Yoyes”. Ella fue un alto cargo de ETA, pero cansada de la muerte de inocentes decidió dejar la banda, lo que le costaría la vida delante de su hijo. Estos ejemplos demuestran que es muy difícil que ETA adopte la vía de la pacificación por un giro en su política interior. Sin embargo, un motivo que pasa más desapercibido pero que sería vital a la hora del fin del terrorismo etarra es su giro mafioso. La financiación de ETA se nutre de lo que recibe de sus propios seguidores, pero la mayor parte proviene de la extorsión: las empresas situadas en el País Vasco deben pagar el “impuesto revolucionario” o arriesgarse a sufrir boicoteos y ataques. Esta práctica se ha cobrado un alto tributo en vidas, sobre todo de empresarios o familiares. Entre esas víctimas está el dirigente empresarial José María Korta, asesinado a la salida de su fábrica, o el director financiero de El Diario Vasco, Santiago Oleaga Elejabarrieta.. Un caso flagrante de cómo ETA actúa mafiosamente fue el acoso a la familia Delclaux, a la que hicieron explotar un coche-bomba al lado de su casa en 2002 como aviso por “deber dinero” tras la liberación de Cosme Delclaux en 1996, tras 232 días secuestrado. La familia acosada tuvo que pagar cerca de 1.000 millones de pesetas para evitar el asesinato del secuestrado, pero según ETA pactaron con la familia otros 1.000 millones tras su liberación, de los cuáles faltaban unos 500. Estas cifras, en un solo secuestro, dan ejemplo del modus operandi de ETA y de sus verdaderos intereses ocultos, pues es difícil que sus seguidores paguen tanto dinero aun siendo empresarios. Aquí además se demuestra el apoyo tácito de parte del PNV a ETA, como recogió la frase de un alto dirigente del PNV: «El acuerdo entre los Delclaux y ETA es anterior a la tregua y cuando uno da su palabra, cumple». (El Mundo, 21 abril de 2002). Sin embargo, no se puede generalizar dentro del PNV, pues es el partido que aglutina a casi todo el nacionalismo vasco, desde la radicalidad (Arzallus, Ibarretxe) al sector más moderado. La deformación de la imagen de este partido, así como de las ikastolas, es un problema que se ha generado desde un sector de esta misma formación política, a través de la manipulación tanto de un sector político español como de los medios ante el desconocimiento del problema vasco por unilateralidad informativa. En definitiva, es demasiado aventurado asegurar que ETA esté al borde de
la extinción y que probablemente ya no haya más asesinatos.
Estos pensamientos han surgido a veces tras algunas
pausas en la acción terrorista, que lamentablemente fueron quebradas con el
truncamiento de más vidas humanas y familias. Sin embargo, sí es cierto que
ETA pierde más fuerza a medida que pasa el tiempo y cada vez se cuentan
menos asesinatos. El problema radica en que aún hoy existe la extorsión y
las amenazas en el País Vasco, sobre todo en las zonas rurales y ciudades
pequeñas, así como el acoso a políticos, empresarios, maestros,
intelectuales y ciudadanos de toda condición que no son afines a la banda
mafiosa. El camino parece ser el correcto, pues la serpiente aún sigue
aferrándose al hacha, pero cada vez tiene menos fuerza para empuñarla.
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Portada Portadilla Nº Febrero 2005 Reportajes y Entrevistas Sección General © OPIN@R. Las personas interesadas en
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