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Portada Nº Julio 2005
Cultura, Ciencia y Sociedad
Sección General


MAR SÁNCHEZ


Enric Marco, el impostor, un genio para Vargas Llosa
 

El deportado número 6.448 del campo de concentración de Flossenburg ha resultado ser un impostor que entramó, durante treinta años, una mentira tan bien argumentada que llegó a ser presidente de la asociación “Amical de Mauthausen”. Una asociación abrumada y dolorida tras confirmarse las sospechas del historiador Benito Bermejo. Dolor y resentimiento que manifestó públicamente Neus Catalá, única superviviente española del campo de concentración de Ravenabrüch, quien calificó de indigno a Enric Marco, y consideró que no merecía ningún tipo de comprensión ni disculpa, puesto que “su actitud ofende a los muertos”. 

Pero este dolor que reflejan las palabras de Neus Catalá no ha llegado ha hacerse eco en la subjetividad de Mario Vargas Llosa, quien el domingo 15 de mayo publicó en el periódico El País un articulo titulado “Espantoso y Genial”. Después de leerlo, atónita y sorprendida, comprobé que una parte del mismo la dedica a describir los hechos que todos conocemos, del primer calificativo espantoso a penas logré encontrar cuatro líneas, y el resto lo dedicaba a ensalzar la actitud “genial” de Enric Marco. Según el autor “para perpetrar una farsa de este calibre no basta carecer de escrúpulos; es preciso ser un genio, un fabulador excepcional, un eximio histrión”. Continúa ridiculizando al historiador que ha dado a conocer la verdad, resaltando, por consiguiente, al impostor y su fastuosa mentira. “Ella se hubiera incorporado a la vida, pasando de mentira a verdad, integrado a la Historia con mayúsculas si el historiador Benito Bermejo, ese aguafiestas, ese maniaco de la exactitud, ese insensible a las hermosas mentiras que hacen llevadera la vida, no hubiera empezado a hurgar los archivos del III Reich en busca de precisiones y datos objetivos.” Y, como colofón, concluye dándole palmaditas en la espalda al impostor: “Señor Enric Marco, contrabandista de irrealidades, bienvenido a la mentirosa patria de los novelistas”. Dato, por otra parte, que puede ofender también la sensibilidad de aquellos escritores que no deseen verse confundidos y dentro del mismo saco con personales amorales, reales y de carne y hueso.

Ante este desatino de Vargas Llosa, se hace evidente la necesidad de recordar que determinadas enfermedades mentales surgen ante la imposibilidad de separar con precisión esa línea divisoria que delimita la realidad de la ficción. Recordar que si existieran más “genios” de esa catadura moral, podríamos ir mucho más allá y, basándonos en el título de una de sus obras, “La ciudad de los perros”, podríamos escribir otra para referirnos a estos personajes reales que bien podría llamarse “Un mundo de perros”.16 mayo 2005  

 


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