LETICIA A. CISNEROS
La incierta primavera libanesa “Hermanos en armas, gracias por vuestros sacrificios”, afirmó un oficial libanés a las tropas sirias que abandonan tras casi 30 años el Líbano. Después de una brutal guerra civil entre 1975 y 1980, se retiraban del país con un mensaje tras de sí: “Hermanos en armas, durante mucho tiempo”. “Gracias por vuestros sacrificios”, respondían los militares libaneses. Todo eran buenas palabras. Por un momento el odio y el enfrentamiento de casi tres décadas quedó apartado. Palabras que ahora deben avalarse con actos. Era una sencilla ceremonia de despedida que reunió a los más altos cargos militares de ambos países en el aeropuerto de Rayak, en el valle de la Bekaa, en la frontera entre Siria y el Líbano, para dar el adiós definitivo. Una lámina en memoria de los casi 12.000 militares sirios que murieron en la guerra civil libanesa y un último soldado atravesando el puesto fronterizo de Mansa. Más palabras. El general Ali Habid, jefe del Estado Mayor sirio, decía en su discurso que su presidente, Bachar el Assad, decidió retirar las tropas tras constatar que el Ejército libanés “es capaz de proteger el Estado”. Juntó a Habid se encontraban los generales Rustom Ghazhale, jefe de los servicios sirios de inteligencia en Beirut y el comandante en jefe del Ejército libanés, Michel Suleiman, y a ellos aseguró que Siria “no tiene ambiciones en el Líbano, excepto protegerlo”. Empieza el momento de demostrarlo. La desaparición de las fuerzas sirias supone un giro histórico para el futuro libanés, que comienza una nueva etapa en la que su primera prueba de fuego serán las elecciones legislativas que se celebrarán el 29 de mayo. Pero esta retirada no acaba con el problema. El Líbano está lejos de lograr su autonomía e independencia con respecto al régimen de Damasco. El Parlamento de Beirut continúa ocupado por dos tercios de diputados favorables al Gobierno sirio y sólo los resultados del 29 de mayo dirán qué futuro le espera al país. El asesinato de Rafik Hariri el pasado 14 de febrero fue el detonante de este cambio. Algo se movió en la población libanesa y desde ese día las fuerzas de oposición han permanecido en la calle para reclamar la salida de las fuerzas ocupantes, a las que consideraban responsables del atentado. En una competición por ver quién reunía a más partidarios en las calles, prosirios y oposición convocaban manifestaciones multitudinarias para defender sus antagónicas posturas. La presión de los opositores a Siria logró poco después de la muerte de Hariri la dimisión del primer ministro Omar Karami y, aunque durante un breve periodo volvió a su puesto con la misión por parte del presidente Lahoud de formar un nuevo gobierno, tuvo que volver a renunciar hasta en tres ocasiones a su cargo al verse incapacitado para formar un gobierno de transición de tecnócratas que preparara las elecciones. De este modo, el Líbano cuenta ahora con un nuevo primer ministro designado por Lahoud, Najib Mikati, un político de tendencia moderada y aliado de Siria. “Vengo con una mano abierta y un corazón abierto para que todos podamos cooperar con el interés de el Líbano” fueron las palabras de Mikati al ocupar su cargo y ver ante sí el gran reto de preparar al país para las próximos comicios. Ex ministro de Obras Públicas, obtuvo la nominación del parlamento como candidato en una reñida carrera con el saliente ministro de Defensa, Abdel Rahim Mrad, firme aliado de Damasco. Es un musulmán sunita, de 50 años de edad, empresario y hombre de bastante experiencia en el gobierno. Tras su nombramiento, Mikati afirmó que sus tres principales objetivos serán: preparar las elecciones parlamentarias, mantenerse informado sobre las investigaciones del asesinato de Hariri y tratar de resolver la situación económica que afecta el país. Las cosas cambian en el Líbano y como ejemplo está la celebración por primera vez en quince años del aniversario del inicio de la sangrienta guerra civil que devastó al país y dejó unos 150.000 muertos. La conmemoración, organizada por la hermana de Rafik Hariri, fue un modo de revivir la memoria, una vuelta a la atrocidad vivida en su país para poder empezar a construir el futuro sin olvidar el pasado. UN PASADO DE ENFRENTAMIENTOS Concluye así una ocupación de casi 30 años, que comenzó en 1975 con una cruenta guerra civil. A finales de los 80, el Líbano se encontraba inmerso en una lucha (1975-1990) en la que más de una treintena de grupos armados se enfrentaban y derramaban la sangre de un territorio que quedó fragmentado por las diferentes facciones rivales: drusas, musulmanes, la Falange Cristiana o el grupo chií Amal, entre otros. La presencia militar de Siria se remonta a 1976 cuando, tras un acuerdo con la Liga Árabe, envió cerca de 30.000 soldados para mediar en el conflicto. Fue en 1989 cuando se firmaron los acuerdos de Taif, que pusieron fin a la guerra civil pero que garantizaban la presencia del Ejército sirio en suelo libanés como contrapeso a la invasión israelí. En 2000 se produjo un importante cambio al retirar Israel sus tropas tan 22 años de ocupación, lo cual no supuso, sin embargo, la retirada del Ejército sirio. Desde entonces la presión internacional sobre el Gobierno de Damasco ha ido en aumento y en 2004 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1.559 por la que insta a todas las fuerzas extranjeras a salir del Líbano y respetar la soberanía del país. Pero el “status quo” existente desde 1976 se mantuvo y Siria hizo oídos sordos a todas estas presiones. Hasta la muerte de Hariri. La sospecha de que la mano de Siria estaba tras el magnicidio provocó la protesta ciudadana y aumentó la presión internacional contra Damasco. La desaparición de un hombre hizo que las cosas cambiasen, ¿pero quién fue Rafik Hariri? HARIRI, PROMOTOR DEL CAMBIO El ex primer ministro libanés Rafik Hariri murió a los 61 años en un atentado en el pleno centro de Beirut con coche bomba que explotó al paso de su convoy, compuesto por varias limusinas y todoterrenos. Fue primer ministro desde 1992 hasta octubre de 2004, excepto un intervalo entre 1998 y 2000, pero en octubre dimitió de su cargo en lo que muchos han valorado como una derrota en su personal pulso con Siria. Siempre polémico, la postura de Hariri no fue siempre tan transparente, y en múltiples ocasiones encontró el régimen de Damasco un aliado en su persona. Procedía de una familia humilde y poco a poco fue labrándose una inmensa fortuna hasta convertirse en un multimillonario con excelentes relaciones entre las monarquías árabes y los presidentes europeos. Aunque comenzó una carrera universitaria en 1964, abandonó los estudios un año después por falta de recursos económicos y emigró a Arabia Saudí, donde en 1969 creó su propia compañía de ingeniería, Ciconest, que creció a ritmo vertiginoso con el auge del petróleo y pronto consiguió contratos, tanto privados como del Gobierno, para construir oficinas, hospitales, hoteles y palacios. Su mayor reconocimiento lo logró en la reconstrucción de un Beirut asolado por la guerra civil, pues fueron sus empresas las encargadas de remodelar el centro de una ciudad en ruinas. Aunque a lo largo de su carrera política había tenido diversos desencuentros con el régimen sirio, fue en 2004 cuando sus relaciones se deterioraron hasta el extremo de oponerse al proyecto de enmienda constitucional que abriría el paso a un nuevo mandato del presidente Emil Lahoud, quien debía retirarse ese año. Sin embargo, tras un viaje a Damasco, cambió de opinión y decidió apoyar la reelección de Lahoud. Sospechoso cambió de actitud que sorprendió aún más cuando justo después, en octubre de 2004, dimitió como primer ministro y afirmó que “el Líbano necesita un Gobierno coherente y unificado que asuma sus responsabilidades para hacer frente a los desafíos internos y externos. No he logrado esos objetivos a causa de los obstáculos que todos conocen”. Por desgracia, alguien decidió un 14 de febrero que no viera tampoco el retiro definitivo de las tropas sirias de el Líbano. MUCHAS SOMBRAS El Líbano tiene ante sí un duro camino por recorrer. Su territorio muestra una realidad multicultural y un marcado fraccionamiento religioso. El levantamiento popular antisirio desatado por el asesinato de Hariri fue impresionante, pero no fue menor la fuerza mostrada por todos aquellos, desde Hizbulá a los centenares de miles de palestinos, que consideran a Siria una garantía para su seguridad ante su gran enemigo, Israel. Las calles de Beirut se convirtieron en escenario de lucha para su población. Una ciudad dividida por dos posturas radicalmente opuestas. Aunque los militares sirios hayan abandonado Beirut y el valle de la Bekaa, aún está por demostrar que con ello desaparezca la influencia de Damasco en el país. Quedan muchos puntos oscuros en la historia de el Líbano y aún hay muchas respuestas por responder. Si la muerte de Hariri fue detonante del cambio, convendría preguntarse a quién interesaba que muriera. Siria fue rápidamente señalada con el dedo acusador de EEUU e Israel, pero si se tiene en cuenta la profesionalidad con la que se urdió el atentado, parece evidente la implicación de los servicios secretos de uno o más estados. El pasado 2 de febrero, en su discurso sobre el estado de la Unión, el presidente estadounidense George W. Bush dedicó unas palabras a Siria, país del que dijo “aún permite que su territorio y partes del Líbano sean utilizados por terroristas que quieren destruir toda posibilidad de paz en la región”. Había sido así incluida en el “eje del mal” del presidente americano y, por tanto, era la menos interesada en poder ser acusada de participar en actos terroristas. Todo lo ocurrido ha sido muy beneficioso para los intereses de Israel y de EEUU, que ha podido incrementar su presión sobre el régimen de Damasco y dar un paso más en su objetivo estratégico final de “democratización” de Oriente Próximo, es decir, la sumisión total de esta región a los intereses estadounidenses. Esa es la “democratización” que puede verse en el Líbano. Por otro lado, no puede ignorarse la influencia que el movimiento Hizbulá tiene en el país. Milicia, partido político, medio de comunicación...Hizbulá es una fuerza poderosa en el país. Basado en el Valle de Bekaa, en el sur del territorio, fue establecido por la Guardia Revolucionaria de Irán en la década de los 80 y comparte su visión con el gobierno conservador chiíta iraní. Estados Unidos la define como una organización terrorista y quiere que Europa haga lo mismo, pero algunos diplomáticos europeos tienen sus dudas y señalan que Hizbulá está representada en el Parlamento libanés. Su propósito original era resistir la ocupación israelí en el sur del Líbano. Hizbulá fue el único grupo que no se desarmó al final de la guerra civil de Líbano y, a pesar de que Naciones Unidas a través de una resolución le ha llamado nuevamente a que abandone las armas, alega que sus guerrillas todavía son necesarias para defender a Líbano contra Israel. Mohammed Fneish, parlamentario libanés perteneciente al grupo, en referencia a la posición de Hizbulá, asegura que “no estamos con la oposición ni con quienes se oponen a ella. Estamos de acuerdo con algunas exigencias de la oposición, tales como encontrar a los responsables del asesinato de Hariri y de recomponer las relaciones de Líbano con Siria. Pero apoyamos el Acuerdo de Taif y las repercusiones que éste tiene en el conflicto árabe-israelí”. Lo que parece claro es que, ante las próximas elecciones, esta poderosa milicia chií prosiria no permitirá el alumbramiento de un Líbano independiente sin su participación. Hizbulá tiene una doble estructura, política por un lado, con presencia parlamentaria, y una poderosa milicia armada por otro. También conocido como “el Partido de Dios”, es el momento optar por las reglas del juego democrático. Sería un error ignorar su influencia para los comicios del 29 de mayo pues podría hacer fracasr el objetivo de lograr un Líbano independiente..
Todo se mueve a ritmo vertiginoso en Oriente Próximo, y el Líbano no es una
excepción. Lo que se desconoce aún es si ese movimiento conducirá a una
solución o a un desastre mayor. Habrá que esperar a los comicios del 29 de
mayo para hallar respuesta a muchas incógnitas y que se haga la luz en
muchas sombras. |
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