|



|
SILVIA GARCÍA BURGUILLO
¿Igualdad de oportunidades?
Según el artículo 14 de nuestra Constitución, todos somos iguales sin que
pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo,
religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o
social. Sin embargo, parece que esto no es ni tenido en cuenta ni aplicado
por el Club de Voleibol de la localidad de Collado Villalba, donde más
importante que la práctica del deporte y del respeto a sus jugadores,
parecen serlo los intereses personales y la ambición política de su propio
director deportivo y de sus allegados. Y si no que se lo digan a una de
las pequeñas ex componentes de la categoría infantil, I. G, que ha sufrido,
con tan sólo doce años las presiones, las vejaciones e insultos de un
grupo de compañeras bajo la connivencia y consentimiento de las altas
esferas del club, por el simple hecho de que éstas son familiares y amigas
de los mismos. Una continua situación que no ha parado hasta que han
conseguido, -para desgracia de la pequeña-, lo que querían, su marcha del
equipo.
La niña, que llevaba cerca de cinco temporadas en el Club vio como por el
hecho de no seguir la corriente a cuatro voces cantantes era relegada al
desprecio y a la humillación constante. Más de cuatro meses de angustia
–la situación comenzaba en septiembre y su marcha a principios de Enero- y
desesperación no sólo de la niña, sino también de sus familiares, que
además de hacer frente y lograr que la pequeña pudiera salir de ese
callejón sin salida, tenían que enfrentarse a la impotencia de saber que
por no formar parte de la “elite” del club, la situación pasaría
desapercibida.
En ningún momento I. G se ha dejado intimidar y ha hecho frente a sus
agresoras psicológicas y quizá por eso, al ver que no conseguían en
apariencia sus intenciones, pasaron del ataque a la guerra. Una guerra
constante donde el director deportivo del club ha tenido una presencia
clara y rotundamente contraria a la que cabría esperar de un profesional
del deporte y que no es otra que la de velar por el bien de l equipo y de
cada uno de sus componentes.
Lo cierto es que la actitud de I. G en todo momento ha sido admirable, su
tenacidad y su valentía han dado una lección en toda regla a todos
aquellos
que pretendían su marcha desde el principio, pero aunque pudiera parecer
una auténtica muralla incapaz de desquebrajarse, la erosión del daño ha
hecho mella en ella, teniendo que apartarse del que sin duda suponía la
diversión y el deporte de su vida.
Debería presuponerse que el deporte debe de ser accesible a todo el mundo
siendo sus máximas: el disfrute deportivo y la enseñanza deportiva de los
valores centrados en el respeto y la solidaridad entre iguales y no, el
disfrute en pro de las humillaciones y las vejaciones del resto de
componentes de los equipos. Situaciones de este tipo no deberían de
permitirse jamás y en ningún tipo de contexto social y, mucho menos
trasladarlo al ámbito de los niños, que no debemos olvidar son los más
vulnerables.
Los que piensen que el bullying se producía dentro de las aulas escolares
deberían de echar un vistazo a las pistas deportivas donde los más
pequeños y adolescentes configuran la que será su personalidad adulta.
Pero parece que en el Club villalbino sólo podrán hacerlo los que sean
amigos de, hijos de y allegados de. Si a nivel local ocurre esto, ¿Qué
puede esperarse de nuestro deporte a nivel nacional?, ¿a alguien le queda
aún alguna duda? Si es así, pueden darse una vuelta por las pistas
deportivas del Club de C.Villalba.
|