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Portada Nº Mayo 2005
Cultura, Ciencia y Sociedad
Sección General


SILVIA GARCÍA BURGUILLO


¿Igualdad de oportunidades?

Según el artículo 14 de nuestra Constitución, todos somos iguales sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Sin embargo, parece que esto no es ni tenido en cuenta ni aplicado por el Club de Voleibol de la localidad de Collado Villalba, donde más importante que la práctica del deporte y del respeto a sus jugadores, parecen serlo los intereses personales y la ambición política de su propio director deportivo y de sus allegados. Y si no que se lo digan a una de las pequeñas ex componentes de la categoría infantil, I. G, que ha sufrido, con tan sólo doce años las presiones, las vejaciones e insultos de un grupo de compañeras bajo la connivencia y consentimiento de las altas esferas del club, por el simple hecho de que éstas son familiares y amigas de los mismos. Una continua situación que no ha parado hasta que han conseguido, -para desgracia de la pequeña-, lo que querían, su marcha del equipo.

La niña, que llevaba cerca de cinco temporadas en el Club vio como por el hecho de no seguir la corriente a cuatro voces cantantes era relegada al desprecio y a la humillación constante. Más de cuatro meses de angustia –la situación comenzaba en septiembre y su marcha a principios de Enero- y desesperación no sólo de la niña, sino también de sus familiares, que además de hacer frente y lograr que la pequeña pudiera salir de ese callejón sin salida, tenían que enfrentarse a la impotencia de saber que por no formar parte de la “elite” del club, la situación pasaría desapercibida.

En ningún momento I. G se ha dejado intimidar y ha hecho frente a sus agresoras psicológicas y quizá por eso, al ver que no conseguían en apariencia sus intenciones, pasaron del ataque a la guerra. Una guerra constante donde el director deportivo del club ha tenido una presencia clara y rotundamente contraria a la que cabría esperar de un profesional del deporte y que no es otra que la de velar por el bien de l equipo y de cada uno de sus componentes.

Lo cierto es que la actitud de I. G en todo momento ha sido admirable, su tenacidad y su valentía han dado una lección en toda regla a todos aquellos
que pretendían su marcha desde el principio, pero aunque pudiera parecer una auténtica muralla incapaz de desquebrajarse, la erosión del daño ha hecho mella en ella, teniendo que apartarse del que sin duda suponía la diversión y el deporte de su vida.

Debería presuponerse que el deporte debe de ser accesible a todo el mundo siendo sus máximas: el disfrute deportivo y la enseñanza deportiva de los valores centrados en el respeto y la solidaridad entre iguales y no, el disfrute en pro de las humillaciones y las vejaciones del resto de componentes de los equipos. Situaciones de este tipo no deberían de permitirse jamás y en ningún tipo de contexto social y, mucho menos trasladarlo al ámbito de los niños, que no debemos olvidar son los más vulnerables.

Los que piensen que el bullying se producía dentro de las aulas escolares deberían de echar un vistazo a las pistas deportivas donde los más pequeños y adolescentes configuran la que será su personalidad adulta. Pero parece que en el Club villalbino sólo podrán hacerlo los que sean amigos de, hijos de y allegados de. Si a nivel local ocurre esto, ¿Qué puede esperarse de nuestro deporte a nivel nacional?, ¿a alguien le queda aún alguna duda? Si es así, pueden darse una vuelta por las pistas deportivas del Club de C.Villalba. 18 abril 2005
  

 


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