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Portada Nº Mayo 2005
Cultura, Ciencia y Sociedad
Sección General


ELIA ARMERO


La violencia se ha convertido en el más firme aliado de la frustración del ser humano
 

El hombre se ha convertido en el animal menos racional que habita la tierra, a pesar de ser ésta la cualidad que les hizo distinguirse entre el resto de seres vivos. Una de las condiciones que más destacan en la sociedad actual es la frustración que presentamos en distintas facetas de nuestras vidas. De esta forma, cuando un ser humano presenta rasgos de frustración, la primera característica que, inevitablemente, surge a la palestra, es la violencia. Pero… ¿con quién? Podemos encontrar tres tipos de violencia: contra uno mismo a modo de autoagresiones, con los demás y en la vida profesional.

Estamos cansados de encontrarnos en los diferentes medios de comunicación noticias relacionadas con la violencia de género, que nos acompaña en nuestras comidas o cenas diarias a través de la “caja tonta”. La violencia se ha convertido en el más firme aliado de la frustración del ser humano, por llamarlo de alguna forma, ya que no es un comportamiento digno de tal mención.

Es el momento de plantearnos si el modelo social que tenemos y defendemos es el apropiado para los hombres, puesto que el número de personas frustradas que reaccionan violentamente aumenta cada día sin ningún tipo de control. Las frustraciones pueden provenir de una libertad, autonomía y responsabilidad individual fracasadas, que suele manifestarse con violencia y más violencia describiendo un “estilo destructivo”.

Una de las causas que apuntan los estudiosos acerca de las graves frustraciones del ser humano en esta sociedad es la de vivir en un mundo “virtual”. Con ello queremos decir que, actualmente, vivimos dentro de un haz de ‘bienestar’, de diversidad, con todas las comodidades tecnológicas, culturales… pero que no pueden ser suficientes para un desarrollo pleno del ser humano. Hemos confundido bienestar con felicidad, y no pueden ser sinónimas dos palabras que tienen como finalidad u objetivo cosas tan opuestas. La felicidad lleva a los seres humanos a un modelo de vida, a una armonía interna y externa. Por el contrario, el bienestar, la era del confort, que estamos “disfrutando” desde hace unos años en estos países ‘desarrollados’, abocan al individuo hacia el afán consumista irrevocable. El consumismo puede aportar sensación de felicidad a las personas, en algunos casos, pero nunca será una felicidad auténtica, por ello se trata de un pseudovalor.

No obstante, no somos conscientes de la dependencia que causa este pseudovalor en nosotros. Hacemos colas a las puertas de los grandes almacenes, madrugamos para ir ‘de compras’ y conseguir el mejor producto, discutimos e, incluso, peleamos por la última prenda de ropa de nuestra talla que queda en una tienda… Todo ello altera las relaciones que tenemos con los demás, puesto que aflora la violencia implícita que se gesta a lo largo del proceso.

Todo el mundo habla ahora, en la era de la aglomeración, de la globalización, de las prisas y el desasosiego, de la calidad de vida. ¿Cuántas veces hemos oído decir a alguien ‘yo prefiero tener calidad de vida’? Pero, ¿qué es la calidad de vida? ¿Vivir en el campo, alejado del estruendo de la ciudad, de la contaminación, de los ruidos… para autorrealizarte como persona? o, por el contrario, ¿se trata de disfrutar de la comodidad, el confort, con todo tipo de lujos y detalles tecnológicos, típicos del consumismo desmedido? Allá cada cual con sus preferencias, pero hemos de saber distinguir los términos, puesto que hemos aprendido a confundirlos por completo.

Volviendo a la frustración, podemos encontrarla muy definidamente en el comportamiento consumista ilimitado, puesto que suple las necesidades verdaderas, sociales o personales, por la ambición de consumir, lo cual repercute directamente contra nosotros mismos. El ser humano pude frustrarse por diferentes motivos: a causa de los diferentes obstáculos que puede encontrarse en su camino hacia un objetivo, debido a deficiencias de derechos que a uno le corresponde y, finalmente, por los incentivos, los cuales pueden provocar conflictos considerables. Pero existe un hecho común a todos: “todo ser frustrado reacciona como ser violento”.

Dentro del marco de la violencia doméstica, que crece y crece en la sociedad actual, podemos citar que el individuo violento, fija en su víctima (alguien siempre cercano), a quien maltrata física y psicológicamente, el símbolo que ejemplifica la causa de su frustración. Esta es una actitud denominada ‘paranoide’, puesto que el agresor presenta rasgos excesivamente violentos, con complejos de superioridad desmedidos. Además, la persona violenta suele no confiar en nadie y es un ser solitario e intolerante. Estos hechos suelen acentuarse más, si cabe, a propósito de las drogas o el alcohol, que les reconstruye dentro de una vida irreal y violenta.
14 mayo 2005   

 


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