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ELIA
ARMERO
De los
derechos del niño
El pasado día 14 de abril fue el día asignado al respeto mundial de los
Derechos del Niño. Cada día observamos cómo los más pequeños de las casas
sufren malos tratos de cualquier índole y en círculos muy cercanos a éste.
Esta misma semana nos levantábamos leyendo en las páginas de los
periódicos cómo un padre ilicitano, después de pasar unas horas de “juerga
y borrachera”, llegó a su casa y mató a martillazos a su esposa y a sus
dos hijos, ambos menores de edad. Desconocemos dónde ha ido a parar la
moral humana, la conciencia, esas cosas que nos definen y nos separan del
resto de los seres vivos, lo que nos hace especiales. Pero cierto es, que
comportamientos como el que acabamos de describir también nos hacen
únicos. Los animales no matan a sus semejantes, a sus crías, porque sí, en
un arrebato de locura y frustración. Los animales siempre tienen una
razón: peligro, alimentación, enfermedad, pérdida de la autoridad… Están
más preparados para la vida en este mundo tan hostil.
En la sociedad consumista y “cibernética” en la que vivimos, las personas
estamos más preocupadas por tener el último modelito de cualquier tienda
de ropa, o las más amplias y variadas tecnologías, que por nuestros hijos
o familiares más pequeños. Un radical cambio de prioridades. Este tipo de
conductas de abandono emocional, e incluso físico, provoca en los menores
comportamientos antisociales y frustrados que sacarán a relucir cuando se
conviertan en personas adultas.
Diversos estudios realizados por profesionales explican que gran parte de
los abusos que los niños sufren vienen por parte de su más cercano
entorno, ya sea de su ambiente familiar o educativo. No obstante, existe
multitud de mafias que trafican con los más pequeños obligándoles a
prostituirse, a trabajar de forma explotada, o incluso les drogan para
conseguir unos fines concretos de ellos. Muchos inmigrantes, presos por
mafias que les llevan desde su país a otros países más desarrollados, se
sirven de los niños con el fin de conseguir que tanto turistas como demás
ciudadanos les den dinero para, supuestamente, “alimentar” a sus hijos que
llevan, de cualquier manera, en sus sucios y destartalados brazos.
Así, los niños se encuentran entre la población de más riesgo de nuestras
sociedades “tan preocupadas por las mejoras de las condiciones de los
niños”. Estos tienen una educación obligatoria que se intranquiliza por
ellos, una sanidad controlada…, pero los derechos a una infancia digna y
estable no están regularizados.
Ante estos hechos, parece que los máximos responsables y representantes de
la ciudadanía no se enteran de cuanto sucede cada día en esta sociedad.
Los políticos se salvan las espaldas respondiendo que se trata de casos
aislados, muy localizados, y en muy concretas situaciones, las cuales
están controladas perfectamente. No obstante, las víctimas infantiles, lo
son de muy diversas características, no solamente en barrios marginales,
representados por niños conflictivos y padres alcohólicos o
drogodependientes. Los niños, por ejemplo, pueden ser víctimas de manera
psicológica porque sus padres, en un afán de poder pagar la hipoteca de su
costoso piso, pasan demasiadas horas fuera de casa trabajando y sin
prestarle la suficiente atención a su hijo.
Los niños son personas que todavía no han desarrollado la madurez adecuada
para enfrentarse a las complicadas telarañas de esta sociedad. Necesitan
cuidados específicos y atención que les encamine hacia un futuro. Si un
niño percibe, diariamente, de forma habitual, violencia en su entorno
familiar, de mayor se convertirá en un ser antisocial, no considerado
socialmente, por lo que, sería muy probable, que continuara, también,
maltratando a sus familiares.
Por lo que se refiere a las violaciones a menores, se trata de un tema muy
preocupante. Algunos estudios consultados apuntan que no existe un
tratamiento adecuado de la sexualidad hacia los más pequeños. Este tema ha
sido habitualmente un tema tabú en todos los hogares españoles, lo que ha
conllevado un profundo desconocimiento y aversión por parte de los más
pequeños. Es posible que, un niño que haya sido violado por un adulto, no
sea consciente de tal hecho, puesto que es algo que desconoce
profundamente y que no se atreve a contar a sus familiares por miedo o
vergüenza. Esta puede ser la clave de las escasas denuncias realizadas al
respecto. Por otro lado, la sociedad, la legislación, está obligada a
combatir con toda sus fuerzas y armas las violaciones a menores,
castigando fuertemente a los agresores, sean quienes sean.
En esta sociedad consumista, como veníamos apuntando, los niños suelen ser
tratados como un ser inútil, puesto que no produce y no puede consumir por
sí mismo. El menor, puede darse cuenta de ello y sentirse profundamente
desamparado en un mundo en el que el poder, el dinero, la abundancia, la
libertad… es lo más destacado, sobre todo en los medios audiovisuales. Por
ello, esta organización social en la que vivimos solamente pone los ojos
en el pequeño cuando son sus padres quienes se preocupan por él. Están
físicamente atendidos, sí, pero psicológicamente no, puesto que su mundo
de valores internos, de deseos y frustraciones, se lanzan “a la torera”
hacia un barranco de desesperación que el niño puede experimentar al ser
comparado, de forma perversa, con un adulto.
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