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Portada Nº Mayo 2005
Cultura, Ciencia y Sociedad
Sección General


ELIA ARMERO


De los derechos del niño
 

El pasado día 14 de abril fue el día asignado al respeto mundial de los Derechos del Niño. Cada día observamos cómo los más pequeños de las casas sufren malos tratos de cualquier índole y en círculos muy cercanos a éste. Esta misma semana nos levantábamos leyendo en las páginas de los periódicos cómo un padre ilicitano, después de pasar unas horas de “juerga y borrachera”, llegó a su casa y mató a martillazos a su esposa y a sus dos hijos, ambos menores de edad. Desconocemos dónde ha ido a parar la moral humana, la conciencia, esas cosas que nos definen y nos separan del resto de los seres vivos, lo que nos hace especiales. Pero cierto es, que comportamientos como el que acabamos de describir también nos hacen únicos. Los animales no matan a sus semejantes, a sus crías, porque sí, en un arrebato de locura y frustración. Los animales siempre tienen una razón: peligro, alimentación, enfermedad, pérdida de la autoridad… Están más preparados para la vida en este mundo tan hostil.

En la sociedad consumista y “cibernética” en la que vivimos, las personas estamos más preocupadas por tener el último modelito de cualquier tienda de ropa, o las más amplias y variadas tecnologías, que por nuestros hijos o familiares más pequeños. Un radical cambio de prioridades. Este tipo de conductas de abandono emocional, e incluso físico, provoca en los menores comportamientos antisociales y frustrados que sacarán a relucir cuando se conviertan en personas adultas.

Diversos estudios realizados por profesionales explican que gran parte de los abusos que los niños sufren vienen por parte de su más cercano entorno, ya sea de su ambiente familiar o educativo. No obstante, existe multitud de mafias que trafican con los más pequeños obligándoles a prostituirse, a trabajar de forma explotada, o incluso les drogan para conseguir unos fines concretos de ellos. Muchos inmigrantes, presos por mafias que les llevan desde su país a otros países más desarrollados, se sirven de los niños con el fin de conseguir que tanto turistas como demás ciudadanos les den dinero para, supuestamente, “alimentar” a sus hijos que llevan, de cualquier manera, en sus sucios y destartalados brazos.

Así, los niños se encuentran entre la población de más riesgo de nuestras sociedades “tan preocupadas por las mejoras de las condiciones de los niños”. Estos tienen una educación obligatoria que se intranquiliza por ellos, una sanidad controlada…, pero los derechos a una infancia digna y estable no están regularizados.

Ante estos hechos, parece que los máximos responsables y representantes de la ciudadanía no se enteran de cuanto sucede cada día en esta sociedad. Los políticos se salvan las espaldas respondiendo que se trata de casos aislados, muy localizados, y en muy concretas situaciones, las cuales están controladas perfectamente. No obstante, las víctimas infantiles, lo son de muy diversas características, no solamente en barrios marginales, representados por niños conflictivos y padres alcohólicos o drogodependientes. Los niños, por ejemplo, pueden ser víctimas de manera psicológica porque sus padres, en un afán de poder pagar la hipoteca de su costoso piso, pasan demasiadas horas fuera de casa trabajando y sin prestarle la suficiente atención a su hijo.

Los niños son personas que todavía no han desarrollado la madurez adecuada para enfrentarse a las complicadas telarañas de esta sociedad. Necesitan cuidados específicos y atención que les encamine hacia un futuro. Si un niño percibe, diariamente, de forma habitual, violencia en su entorno familiar, de mayor se convertirá en un ser antisocial, no considerado socialmente, por lo que, sería muy probable, que continuara, también, maltratando a sus familiares.

Por lo que se refiere a las violaciones a menores, se trata de un tema muy preocupante. Algunos estudios consultados apuntan que no existe un tratamiento adecuado de la sexualidad hacia los más pequeños. Este tema ha sido habitualmente un tema tabú en todos los hogares españoles, lo que ha conllevado un profundo desconocimiento y aversión por parte de los más pequeños. Es posible que, un niño que haya sido violado por un adulto, no sea consciente de tal hecho, puesto que es algo que desconoce profundamente y que no se atreve a contar a sus familiares por miedo o vergüenza. Esta puede ser la clave de las escasas denuncias realizadas al respecto. Por otro lado, la sociedad, la legislación, está obligada a combatir con toda sus fuerzas y armas las violaciones a menores, castigando fuertemente a los agresores, sean quienes sean.

En esta sociedad consumista, como veníamos apuntando, los niños suelen ser tratados como un ser inútil, puesto que no produce y no puede consumir por sí mismo. El menor, puede darse cuenta de ello y sentirse profundamente desamparado en un mundo en el que el poder, el dinero, la abundancia, la libertad… es lo más destacado, sobre todo en los medios audiovisuales. Por ello, esta organización social en la que vivimos solamente pone los ojos en el pequeño cuando son sus padres quienes se preocupan por él. Están físicamente atendidos, sí, pero psicológicamente no, puesto que su mundo de valores internos, de deseos y frustraciones, se lanzan “a la torera” hacia un barranco de desesperación que el niño puede experimentar al ser comparado, de forma perversa, con un adulto.
22 mayo 2005  

 


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