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Portada Nº Mayo 2005
Información General y Opinión
Sección General


MAR SÁNCHEZ


Periodismo, ética y lentejas
 

Hace unos días se ha celebrado la entrega de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo 2005 vaya por delante mi felicitación a los premiados. En el acto, como todos los años, hemos vuelto a escuchar máximas de ética periodística a tutti plen. Sin ir más lejos, Jesús de Polanco, presidente del grupo Prisa, manifestó que “los valores de un buen periodista se basan en el sentido de la noticia, curiosidad, dedicación, trabajo de síntesis y un especial olfato para construir el argumento del trabajo periodístico”; a lo que añadió que “el periodismo se reinventa cada día, emerge y se hace visible en infinidad de oportunidades ante un hecho concreto, ante una situación inesperada. Es una actitud apasionada, ajena a la rutina, en las antípodas del cansino quehacer burocrático”. 

¡Qué bonito!, piensas para ti. Y reconozco que a fecha de hoy me continúa gustando oír esas máximas, aunque me produzcan un sabor agridulce. Es como ver una película de súper reporteros americana, donde a la postre todo sale bien y aquel profesional que se ha jugado la vida consigue a la guapa o al guapo, además de los reconocimientos y los galardones. Lo malo es cuando termina y te das de bruces, y de pronto, con la realidad: horror, vuelta al sabor agridulce. 

Pero, volviendo al tema, las máximas expuestas por uno de los grandes poseedores del poder mediático en nuestro país me siguen gustando. Y es que una las asumió como una joya heredada desde el tiempo de los justos y ha intentado cuidarlas mejor que a las recibidas de su abuela. Todo lo cual no me impide ver la realidad: los medios son los que tienen el poder y los que marcan las reglas del juego. Unas reglas que cada día distan más de ser imparciales o ecuánimes, incluso en los contenidos de las noticias y no únicamente en los artículos de opinión o editoriales. Si cualquier ciudadano de a pie intentara cada día obtener una información imparcial, el recorrido entre diversos periódicos, informativos televisivos o programas de radio acabaría convirtiéndolo en un maratoniano de lujo de las letras. 

Supongo que dicho esto se me puede tachar de derrotista. Y tal vez sea cierto. Para apoyar esta tesis les daré más argumentos: desde mi infancia me pareció mucho más divertida Cruela Devill que el insulso amo de Pombo. Con el tiempo tampoco me creí del todo eso del periodista independiente, la imparcialidad total en las noticias y otras máximas elevadas de ética periodística que me enseñaban en la facultad. En mi descargo diré que no era “hija de papá”, ni tenía “padrino” alguno dentro de la profesión. Lo que sí tenía y mucho era la necesidad de buscarme la vida, ganar dinero a la par que estudiaba, hacerme un currículo e intentar alcanzar, de alguna manera, a los apadrinados. Para conseguirlo, todo lo que caía era digno de aprovecharse. De esta forma saltaba, cual saltimbanqui, desde el periódico Ya a El Independiente, o desde alguna revista dedicada al mundo del motociclismo a otra de tauromaquia. Eso sí, como todo eran pequeñas colaboraciones, sin ninguna vinculación ético-política, el conflicto de intereses morales respecto a la parcialidad del texto se hallaba muy lejos de ocasionarme ni el más ligero dolor de cabeza. Como se habrán imaginado, en aquel tiempo apenas pisaba las redacciones de soslayo para entregar el último trabajo realizado o intentar convencer a alguien para conseguir el siguiente a precio de saldo. 

Si en las etapas anteriores aún conservaba los valores casi en la cúspide del edificio, la Torre de Babel se derrumbó tras una temporada de redactora de plantilla en Antena 3 TV. El medio fue lo de menos, puesto que el derrumbe habría llegado en cualquier caso. Sucedió allí como pudo ocurrir en otra redacción. Porque el profesional de a pie, el “sin nombre”, no elige el medio, es el medio el que te elige a ti. Parece una incongruencia, pero no lo es. El mercado laboral es el que manda y no han estado los tiempos ni están para despreciar ningún puesto de trabajo; si consigues algún hueco y estás en el paro, lo utilizas. Es simple subsistencia.

Como se supone, cualquier informativo tiene que ser independiente, y seguir los valores periodísticos que todos aprendimos en la facultad no tiene o mejor dicho, no tendrían por qué crear ningún conflicto. Te mentalizas y te planteas: yo soy un profesional, tengo que ver siempre la noticia como es, “noticia pura y dura”, mi ideología no importa puesto que no estoy en ninguna sección de opinión. Y hasta te lo crees. La mente es tremendamente práctica cuando lo que está en juego son las lentejas de cada día. Entras en la rueda e intentas ser imparcial. Al principio es fácil: las noticias que te mandan cubrir no tienen mayor relevancia. Vas viendo, eso sí, como en las reuniones donde se deciden los temas a tratar hay una cierta desviación y, poco a poco, asumes que eso es así y estás donde estás.

Y un día te das cuenta que, tras asumir tantas veces el rol del medio para el que trabajas, ya eres tú misma la que te has autoimpuesto un filtro mental. Surge cuando eres consciente de tu propia autocensura y de cómo las lentejas se han convertido en la cremallera que te impide exponer otros contenidos, o defender con más ahínco la elección de determinados temas en detrimento de otros, o el trato y extensión de la noticia o reportaje en cuestión.  

Por supuesto, también existe un margen de maniobra: por una parte, puedes ser el afortunado de la bonoloto en tu trabajo y que coincida tu ética con la de la empresa enhorabuena. Y, por otro lado, puedes tener suerte y que encaje, en un momento determinado, tu visión como periodista con el reportaje que le interesa realizar a la empresa doble enhorabuena.

Quitando alguno de los supuestos anteriores, lo normal es que lleguemos al enfrentamiento entre los valores periodísticos expuestos por Polanco y la praxis del asalariado que depende de su sueldo para vivir, dentro de un mundo laboral caótico y competitivo. Poco margen de maniobra le queda al profesional medio para llevar esas máximas a su labor cotidiana. La elección entre seguir subsistiendo o engrosar las listas del paro es muy dura para cualquier mortal. Quizás debían de ser los personajes poderosos, como Polanco, los que asumieran los valores y la ética periodística como algo más que frases bonitas para exponerlas en un discurso.22 mayo 2005    

 


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