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Portada Nº Noviembre 2005
Cultura, Ciencia y Sociedad
Sección General


SALVADOR BEL CARALT


Made in Spain
 

Indignada, Almudena estaba verdaderamente indignada. Después de haber despedido a su marido, a su hija punky y a los gemelos, Almudena se quedaba como todas las mañanas en la soledad de su cocina y la compañía de la COPE en su transistor. Como cada mañana, el predicador de las ondas iba lanzando sus improperios desde su púlpito hertziano y una vez más la había emprendido contra los catalanes y su proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía. Mientras saboreaba el café con leche, se iba poniendo cada vez más alterada. “Pero qué se han creído esos catalanes”, refunfuñaba mientras mojaba el croissant en el café. “¡Ya está bien!”, exclamó llena de ira. Su paciencia se había colmado. Se dirigió rauda a su ordenador y buscó la página de internet en que, según habían comentado por la radio, se publicaba la lista de productos catalanes a los que había que hacer el boicot para protestar contra las pretensiones de los catalanes. No tardó en encontrarla, la imprimió y se puso la lista en el bolsillo. Ni corta ni perezosa, se montó en su cuatro por cuatro y se dirigió al “hiper” más cercano para aprovisionar su hogar sin productos catalanes en su cesta de la compra. 

Con la lista en ristre, Almudena fue recorriendo los largos pasillos del “hiper”. Éste si, éste no, éste tampoco, fue rechazando todo producto que tuviera un ligero tufillo a catalán. La compra le estaba siendo más laboriosa, pero le compensaba la sensación de felicidad que le embargaba y que poco a poco iba subiendo de tono. “¿Qué se han creído esos catalanes, qué sin sus productos no comeremos? ¡Vamos anda!”, pensó Almudena para sus adentros.  

Cuando hubo acabado el recorrido y estaba ya en la caja pagando, se percató de que con no comprar productos catalanes incluso había ahorrado, ya que la cuenta subía casi a la mitad de lo normal. Cuando llegó a casa y ordenó la compra, se percató del por qué del ahorro: ¡había comprado la mitad de lo habitual! Pero lo mejor estaba aún por venir. A la mañana siguiente, la primera en dar la voz de alarma fue la punky. “Mami…, ¿dónde están los Donuts? Aquí hay una cosa rara que parece un Donuts pero no lo es,” le espetó la niña. “Pues es lo que hay, nena, y no me calientes los cascos”, respondió Almudena alterada. ”Pues cómetelo tú, mami”, respondió la punky, dio un portazo y desapareció. “Cariño, ¿dónde está mi pan de molde y el café soluble? ¿No pretenderás que tome esto sin marca que has traído?”. “Mira, Vicente, es lo único que encontré en el 'hiper', mi vida”. “Oye, Almudena –le espetó el marido–, ¿no estarás haciendo el boicot ese a los productos catalanes que propugnan cuatro reaccionarios? ¿No sabes que el café soluble que yo tomo es de una multinacional Suiza con fábricas en toda Europa? Almudena, escuchas demasiado la radio…”. 

Pero el remate final llegó después, cuando los gemelos gritaron a dúo: “¡Mamiii…, no hay Bollycao!”. “Y ahora dime tú –pensó Almudena–, ¿cómo les cuentas a unos Zipi y Zape de 8 años que no tienen Bollycao porque su madre está haciendo un boicot a los productos catalanes?”. Pues eso: “Tomad, niños, aquí tenéis cinco euros y os compráis el desayuno en la granja de la esquina...”. 

Cuando todos hubieron marchado, Almudena cogió de nuevo su cuatro por cuatro (por cierto, nunca entendió muy bien por qué tenía un cuatro por cuatro para circular por la ciudad) y se dirigió al “hiper” para comprar de nuevo, esta vez sin listas. Cuando estaba terminando, compró una botella de cava, una que en la etiqueta rezaba “Sant Sadurni D’Anoia”. Pensó: “Este debe ser bueno, parece francés”. Luego se percató que al final de la etiqueta había una inscripción bien clara que decía “Hecho en España” (Made in Spain). Lo mismo, como luego comprobó, figuraba en todas las otras etiquetas. En ninguna encontró la leyenda Made in Catalonia

Al llegar a casa lo primero que hizo Almudena fue colocar la botella de cava en el congelador y borrar de la minicadena la pre-sintonía de la COPE. Tiró a la basura todos los ejemplares de La Razón y de ABC y se sentó en su butaca.

Manipulada. Más que indignada, Almudena ahora se sentía manipulada. Ya más tranquila, cogió una mini tostada, la untó con mantequilla francesa y le puso un poco de caviar iraní por encima. Se sirvió una copa de cava bien fresquito y, mientras se fumaba un rubio americano, se deleitó escuchando un CD de su cantautor favorito, Joan Manuel Serrat. “¡Coño, otro catalán!”, pensó. 

“Niño, deja ya de joder con la pelota, niño, que eso no se hace, que eso no se dice, que eso no se toca…”.22 noviembre 2005  

 


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