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Portada Nº Noviembre 2005
Información General y Opinión
Sección General


CECILIO URGOITI


Neoliberalismo: ideología
del mercado
 

Hoy vivimos en la incuestionable religión del mercado (foto: A. Alejandre)

Con el fin de opinar sobre lo que hoy llamamos neoliberalismo se nos hace necesario analizar el contexto histórico en el que surge, quizá el principal fin del neoliberalismo ha sido la potenciación de un elemento ya existente como lo es el mercado, mitificándolo y sacralizándolo pero a la vez olvidándose de consecuencias negativas y su camino hacia la incertidumbre total del mundo.

Este cambio de ideología está totalmente basado en el ámbito económico, dejando de lado las facultades políticas de las naciones. No dramatizo, si digo, que lo político hoy en día está supeditado a lo económico. La situación depende sustancialmente de la zona de la Tierra en la que te haya tocado nacer.

En cuanto al mercado laboral, hace años, lo que era un sueldo digno, seguridad en el trabajo, derechos sindicales, se ha convertido hoy en día, para las nuevas generaciones que entran a este mercado en auténtico privilegio en Occidente, y por lo tanto en una utopía para el Tercer Mundo. El problema es que los jóvenes que acceden al mercado de trabajo no solo ven su situación como natural, perdiéndose de esta manera toda lucha, y a su vez la afrontan de manera individual. Únicamente el propio esfuerzo de uno y buscando perfeccionarse por encima del resto para ser elegido, debido a una competitividad máxima, se puede alcanzar el éxito relativo del trabajo, es evidente que el precio de esta competitividad no se puede costear por cualquier clase social y en cualquier país.

Según algunos autores las relaciones laborales de buena parte de la juventud y debido a su eventualidad, en vez de basarse en la solidaridad se basan en la desconfianza a consecuencia de precaria situación en la que se encuentran y el miedo a perder el trabajo.

Porque quizás y en algunas zonas del mundo el sistema económico actual, basado en la incuestionable religión del mercado, este generando empleo, pero ¿qué tipo de empleo?, ¿Cuáles son las condiciones de los nuevos trabajadores?, ¿Cuánta seguridad tienen?... Además los costes sociales y medioambientales son terroríficos, la brecha social entre ricos y pobres cada día se amplifica, por no hablar del impacto medioambiental que la producción mundial y en masa está generando.

A la hora de definir el “Neoliberalismo” topamos que las corrientes de este tipo no se definen a sí mismas como neoliberales, el padre de esta corriente y fundador de la Escuela de Chicago de Economía, Milton Friedman le llamaba “Monetarismo”. El liberalismo de Hayek, uno de sus antecesores más ilustres la llamaba Escuela del Análisis de la Búsqueda de Rentas, esto nos muestra que el término “Neoliberalismo”, está construido por sus críticos y con el se designa un conjunto de políticas, sus argumentos están ligados a una corriente intelectual.

El neoliberalismo se enmarca en la tendencia que considera el estado como un obstáculo a la libertad, el neoliberalismo es la realización política de la creencia en los intercambios mercantiles, la manifestación esencial en la libertad humana y además considera al mercado libre de cualquier tipo de traba, así como fundamento de lo social, de ahí su sacralización.

Más allá de la aplicación estricta de las políticas económicas neoliberales, éstas se estructuran en el intento de difundir las instituciones del mercado hasta los límites de lo políticamente posible, este tipo de instituciones internacionales son: el FMI el BM, el G7, el GATT..., de esta forma se asienta en la sociedad y casi a base de repetición una inquebrantable fe en los mercados.

El capitalismo surge en el Siglo XX allá por 1944 cuando Hayek escribe “Camino de Servidumbre”, Buchanan y Tullock en 1962 “el Cálculo del Consentimiento”, y sobre todo Milton Friedman en 1962 “Capitalismo y Libertad”, sin embargo sus ideas no empiezan a resurgir hasta finales de los años setenta, coincidiendo con un cambio de la coyuntura económica debido a incidentes internacionales como la crisis del petróleo...

En los ochenta los gobiernos Reagan en los EE.UU. y Tatcher en Gran Bretaña consolidaban en los países capitalistas el neoliberalismo, un pensamiento económico que tenía como adversario principal el Estado del Bienestar, cuyos principios básicos pueden resumirse en los siguientes cuatro puntos: que el déficit del presupuesto estatal es negativo para la economía, puesto que absorbe el ahorro nacional, aumenta los tipos de interés y disminuyen las tasas de inversión financiadas por los ahorros domésticos; la intervención estatal regulando el mercado de trabajo añadiría una rigidez que dificulta el libre juego del mercado, no permitiendo el desarrollo económico y la creación de nuevos empleos; una protección social garantizada por el Estado del Bienestar aumenta el consumo disminuyendo la capacidad de ahorro de la población; y por último que el Estado no debe regular el comercio exterior ni los mercados financieros

He utilizado reiteradamente el término "mercado" como actitud de identidad de esta corriente. Es necesario pararse brevemente a analizar cual es la definición que subyace en estos términos. El mercado, según aparece en algunos manuales de economía, es “un sistema de asignación de recursos escasos en el cual los individuos en competencia persiguen sus propios intereses. Los agentes, provistos con mercancía y dinero, expresan sus preferencias, sus deseos y necesidades, sus demandas, e intercambian dotaciones, productos, trabajo, dinero. En su interacción se genera un sistema de precios que actúa como un sistema de señales para la coordinación de actividades. No hay ninguna instancia central ocupada en investigar quien o que se quiere. Los precios se convierten por esa vía en un modo de transmitir información”. Se sabe qué hay que producir, para quién y en qué cantidad. Nadie está interesado en satisfacer las necesidades de nadie, pero cuando persigue sus propios intereses se ve obligado a atender la demanda de los demás y a hacerlo de modo eficiente, pues, de otro modo, la competencia se encargará de expulsarlo. En ese marco competitivo la distribución del producto social aparece vinculada con la aportación de cada uno. El empresario contrata trabajadores hasta que el costo de incorporar una unidad de trabajo adicional iguala el posible beneficio. De modo que el ingreso del trabajador parece relacionarse directamente con su aportación. En suma, que el buen orden social emerge de la acción de todos, sin que sea el resultado de la voluntad de nadie.

Este esquema se basa en la idea-fuerza de que todos los problemas económicos tienen que ver con una ausencia del mercado correspondiente o con la existencia de una traba o interferencia a éste. De esta forma, el trabajo se concibe como una mercancía más, que está sujeta a las oscilaciones de la oferta y de la demanda y cuyo equilibrio determina el salario justo y evita el desempleo. Este último vendría determinado por un salario superior al de equilibrio provocado por cualquier interferencia ajena al funcionamiento natural del mercado de trabajo.

En los Países Industrializados, los motivos se pierden ante las consecuencias de la mundialización. Para el empleo han sido dos, aunque están relacionados entre sí, y provienen de la configuración del comercio internacional y de la inversión extranjera directa. Existe la impresión de que el crecimiento de las importaciones procedentes de países con bajos niveles salariales ha causado la destrucción de empleos industriales, especialmente en los sectores económicos que requieren un alto coeficiente de mano de obra. Este mismo proceso se considera a la vez responsable del agravamiento de la desigualdad salarial que se observa en algunos países industrializados Se cree que la progresiva desaparición de empleos en los sectores con alta densidad de mano de obra ha ocasionado un descenso de la demanda de trabajadores poco calificados, lo cual se ha traducido, a su vez, en una disminución relativa de sus salarios respecto de los que perciben los trabajadores más calificados.

La principal preocupación de los Países en Vía de Desarrollo es que la liberalización económica, motivada por el afán de beneficiarse del crecimiento del comercio mundial y de los flujos de inversión, ocasione un auge considerable del desempleo y una agravación de la desigualdad. La pérdida de puestos de trabajo en las empresas que no son competitivas se produce de manera inmediata, mientras que la creación de empleos en las nuevas industrias competitivas puede demorarse por la incapacidad del sistema financiero para atender a las necesidades de inversión de las empresas, por la carencia de infraestructuras básicas como son la energía y el transporte, y por la escasez de mano de obra calificada

El desempleo estructural es un problema mundial, la de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) cifra en casi un tercio de los 3.000 millones de personas, que componen la población activa, el número de desempleados o de personas que trabajan en condiciones precarias. Al finalizar el 2000, el desempleo en el mundo afectaba a 160 millones de trabajadores (ambos datos son fruto de la OIT). El número de personas sin trabajo, en vez de descender, creció en relación al momento más agudo de la crisis internacional iniciada en Asia a mediados de 1997. Los efectos negativos en materia de empleo no se han modificado. Con el agravante, que la economía mundial en el 2001 se desacelero.

El trabajo dentro de Europa se ha convertido también en un problema crónico, no solo debido a las altas tasas de desempleo, sino porque además este desempleo es de larga duración, (se trata de parados que lo han estado 12 meses o más), el desempleo de larga duración varía entre el 28 y el 67% del total de desempleados. En Estados Unidos, Japón y Canadá el desempleo de larga duración abarca el 11 y 18% del total, pero aunque el mercado laboral de Estados Unidos haya sido más dinámico y con menores tasas de desempleo se ha dado una considerable dispersión salarial, en otras palabras, el poder adquisitivo de los trabajadores ha perdido importancia. Sin embargo y salvando las diferencias regionales el desempleo se ha convertido en un problema central de todo el mundo, problema que afecta de manera más aguda a jóvenes, mujeres y trabajadores con menor nivel de cualificación. Estados Unidos manifiesta abiertamente mantener el pleno empleo (5% de desempleo estructural) y a su vez mantiene una cuota de pobreza superior al 15%, si el desempleo se mide sobre la población activa y la tasa de pobreza se haya sobre el total de la población los datos resultantes son muy alarmantes.

Por otro lado se han observado cambios importantes en la naturaleza del empleo, en el tipo de trabajo, se ha dado un importante aumento de los trabajadores a tiempo parcial, con contratos de corta duración. Un estudio de la OCDE muestra que los trabajadores a tiempo parcial involuntarios pueden llegar a 8 millones (en los países de la OCDE), es decir del 20 al 30% de los trabajadores a tiempo parcial se cambiarían a tiempo completo. A su vez hay estudios que muestran como hay un sector de los desempleados que dejan de buscar trabajo después de largos períodos de búsqueda infructuosa. Aquí radica una cuestión muy importante porque además de darse unos altos índices de desempleo en todo el mundo las condiciones del empleo existente cada día son peores, existe menos seguridad a la hora de mantener el empleo y yo creo que este es el gran olvidado de todo el problema, esto es, cada vez que descienda el paro ha de hacerse de forma automática la pregunta sobre las condiciones de los nuevos trabajadores, su seguridad en el trabajo y si existe la posibilidad de continuación, así como el número de horas que se emplea en él. Debido a este problema, la percepción social del trabajo es clara, sobre todo cuando estás empezando, ya que se da por sentado el hecho de que en el primer empleo serás explotado o por lo menos trabajarás más horas de las reglamentarias.

En esta perspectiva, los sindicatos son vistos como una interferencia, la flexibilidad se convierte en la nueva ortodoxia y se reforman la mayoría de las leyes que protegían el mercado de trabajo.

El último informe del Banco Central Europeo se hace eco de esta postura cuando considera que el desempleo es causado por la "existencias rígidas en los mercados de bienes y trabajo que son el resultado, en parte, de una regulación excesiva e inadecuada". Curiosamente, los mercados laborales de la Unión Europea, en general, están actualmente bastante más flexibilizados que en los años sesenta y setenta y el desempleo es mayor.

La Globalización totalmente impregnada de las ideologías neoliberales tiene efectos perversos, la brecha social entre ricos y pobre crece cada día, los derechos de los trabajadores caen en espoleado, el principal problema es que culturalmente están bien vistas prácticas laborales que antes parecían impensables, las victorias sindicales han ido desapareciendo poco a poco, porque esto es una dinámica que se retroalimenta: Como hay poco empleo uno se afianza a lo primero que puede, incluyendo bajo salario y malas condiciones y encima no se queja porque por lo menos tiene empleo, esto se ha ido inyectando en nuestras mentes hasta soportar situaciones que cuanto menos se tornan desagradables.

Después de un repaso teórico sobre el Neoliberalismo y la incidencia de esta ideología en la estructural laboral mundial, sólo se puede decir de manera rotunda que este tipo de pensamiento está limando desde los años 80 todas las victorias sindicales acaecidas hasta el momento, porque el empleo está disminuyendo y además el empleo actual cada vez es más precario, las condiciones han empeorado en sobremanera, y lo que quizá sea peor es que “nos da igual”. Con esta expresión coloquial quiero mostrar como hemos asumido que el mercado laboral está en malas condiciones y estamos dispuestos a lo que sea con tal de conseguir trabajo, por ejemplo: trabajar muchas más horas que las debidas recibiendo sueldos irrisorios, que no es sino explotación, para mí y olvidando los gravísimos problemas que está acarreando la mundialización, que muestran la irracionalidad del propio sistema (problemas de índole social, ecológica...) quizá este cambio cultural en la concepción del trabajo, o mejor dicho de nuestro primer trabajo es lo más significativo que hay a nivel micro sociológico de la influencia del neoliberalismo en nuestras mentes, o por lo menos sus consecuencias directas. Otro de los fenómenos que he observado en los últimos tiempos, es la falta de solidaridad que se crea en los trabajadores de las empresas cuando se decide contratar personas de otras empresas, para que presten servicios en ellas, los trabajadores fijos de la primeras se lanzan contra los de la segunda en reclamo de ese trabajo que en la mayoría de las ocasiones no harían. Lo peor de esto es cuando “los sindicatos de clases” siguen e impulsan las consignas contra esos trabajadores de las segundas empresas, llegando incluso a los insultos y las vejaciones. Si la solidaridad es perdida por quien la debe propiciar mal papel le quedad hoy a los sindicatos.

El neoliberalismo es perverso por naturaleza, defiende lo económico por encima de cualquier otra dimensión, esto se lleva por delante lo político, porque las industrias transnacionales tiene tanto poder de influencia que pueden presionar para alcanzar sus fines por encima del beneficio colectivo, o sea de la política.
20 septiembre 2005   

 


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