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TERESA
REIG
Los muros del
Sáhara y la indiferencia de la comunidad internacional

El Muro de
la Vergüenza divide en dos el Sahara Occidental. Una profunda herida de
más de 2.700 kilómetros atraviesa el desierto, una gran muralla que separa
a las familias saharauis. Este crimen contra la Humanidad sigue desafiando
al mundo con sus minas, su alambre de espinos, sus fosos, armas,
municiones y soldados, ante la indiferencia de la Comunidad Internacional.
El 14 de noviembre de 1975 el territorio del Sáhara Occidental fue cedido
por España a Marruecos y Mauritania por medio del llamado Acuerdo
Tripartito, al que distintos dictámenes de Naciones Unidas no reconocen
valides alguna.
El ejército marroquí se parapeta detrás del inmenso muro levantado para la
defensa de los territorios ocupados, la mayor construcción humana, junto
con la Muralla China, que se ha convertido en el auténtico muro de la
vergüenza del siglo XXI; millones de minas antipersonas, ocultas en la
inmensidad del Gran Desierto, siembran la muerte entre un pueblo que
históricamente no conoce fronteras geográficas ni políticas.
TERRITORIO CERRADO El territorio ocupado por Marruecos constituye la mayor parte del Sáhara.
La población saharaui que vive en esta zona se encuentra indefensa, ve
sometida a continuas violaciones de los derechos humanos y sin ninguna
posibilidad de comunicación con el exterior. situación denunciada por
diversos organismos internacionales. En la actualidad hay contabilizadas
más de 800 desapariciones de saharauis. El territorio está cerrado para el
turismo y la prensa, aislado por el inmenso muro de la vergüenza.
El pueblo saharaui, en el exilio desde 1976, está en pie de guerra Su
ejército compuesto de 30.000 soldados, carros de combate, misiles y
defensas antiaéreas se prepara para enfrentarse al invasor marroquí en una
guerra que no finalizará hasta el día que el pueblo saharaui decida su
futuro expresando libremente su voluntad, mediante la celebración del
referéndum de autodeterminación prometido por la ONU en 1991.
Desde el alto el fuego acordado en 1991, en el Sahara no hay lucha,
tampoco se vislumbran perspectivas de solución política.
El ejército de la RASD no baja la guardia, realiza constantes maniobras
militares junto al muro, conoce palmo a palmo su estructura. Sus fuerzas
tienen un constante e intenso entrenamiento, tanto para organizar
operaciones de envergadura contra cualquier punto de los 2.720 kilómetros
de Muro, como la desactivación de minas antipersona que causan centenares
de víctimas entre los civiles que intentan atravesarlo y matan a miles de
animales que buscan pastos para alimentarse.
SAHARAUIS, UN PUEBLO GUERRERO Los saharauis son un pueblo guerrero, y permanecen sobre las armas
interviniendo decisivamente en los acontecimientos. Sólo su cultura
tradicional de pueblo guerrero puede explicar la extraordinaria
resistencia y los éxitos militares conseguidos durante años contra un
enemigo como Marruecos.
A partir de la salida de los españoles, en 1976 se desencadenó una guerra
abierta entre Marruecos y el Frente POLISARIO.
Durante los primeros años fue una guerra activa en campo abierto, en el
Sur de Marruecos y en todo el territorio saharaui.
Ante su incapacidad de repeler los continuos ataques Marruecos se llegó a
encontrar con una difícil situación militar, su ejército era incapaz de
defender las ciudades que se encuentran al sur de Marruecos ni el
territorio ocupado del Sáhara Occidental.
Buscando salida a esa situación de fiasco y derrota, a principios de los
80 tuvo lugar una reunión de los agregados militares de todas embajadas
occidentales presentes en Marruecos, quienes estudiaron el modo de crear
un sistema defensivo contra el POLISARIO, al que no podían vencer en campo
abierto.
Decidieron construir un muro defensivo, tomando como referencia el muro
levantado en Egipto por los israelíes, la conocida línea Barliv, que lleva
el nombre del general israelí que lo diseñó.
Desde 1980 hasta 1987 los marroquíes construyeron, en varias etapas, una
inmensa línea de fortificación que les serviría tanto de defensa como de
cerco.
En una primera etapa, 200 kilómetros de muro protegían el territorio del
Sáhara que Marruecos denominó el Triángulo útil, quedando aislado el 10
por ciento del territorio saharaui donde se encuentran las principales
ciudades y la mayor fuente de riqueza del territorio: la pesca y las minas
de fosfatos.

EL FRENTE POLISARIO CONOCE PALMO A PALMO CADA
KILÓMETRO DE ESE MURO Para protegerse de los continuos ataques del POLISARIO, que conoce
perfectamente el terreno, Marruecos se ve obligado a realizar sucesivas
ampliaciones del muro, hasta que en 1986 el reino Alhajita ya no podía
soportar los desorbitados gastos de guerra que suponía sostener 2.700
kilómetros de muro rodeado de alambradas, sembrado de más de dos millones
de minas antipersona, controlado por radares de alta tecnología y vigilado
por 180.000 soldados que viven día y noche a lo largo de ese muro.
Los saharauis viven su situación actual, mientras tanto, con una sensación
intensa de provisionalidad. Y con la convicción de que los políticos o los
militares cerrarán de inmediato la cuestión del Sahara y el país volverá a
abrirse para todos.
En los campamentos de refugiados, situados en Tinduf, alrededor de 175.000
civiles, la mayoría mujeres, niños y ancianos, viven en esta dura región
de Hamada argelina. Este territorio fue cedido por Argelia a la República
Árabe Saharaui Democrática en 1976 ante la imposibilidad de mantener los
campamentos de refugiados en el interior del Sáhara, debido a los
bombardeos con NAPALM de la aviación marroquí.
Los campamentos están administrados con total autonomía por las
autoridades de la RASD y los recursos para su supervivencia provienen casi
en su totalidad de la ayuda internacional a través de las organizaciones
humanitarias. la coordinación de la ayuda corre a cargo de la Media Luna
Roja de Argelia.
A la población permanente de los campamentos hay que añadirle una
población flotante de unas 35.000 personas dedicadas fundamentalmente al
pastoreo. De toda esta población, el 65% son mujeres, sobre ellas recae la
responsabilidad de que sea posible la vida en los campamentos. Ellas hacen
posible el milagro cotidiano que dura ya casi treinta años.
VIDA TERRIBLEMENTE DURA A pesar de su maravillosa organización, la vida en los campamentos es
terriblemente dura, inmovilizado en el desierto argelino el pueblo
saharaui sobrevive con el deseo y la esperanza de regresar algún día a su
“casa” en el Sáhara Occidental.
El muro ha dejado de ser defensivo para ser un muro de separación de las
familias….., causar muerte y mutilaciones y mantener a millares de
personas en el desierto, separados de sus familias y sus casas….
Cerca de un cuarto de millón de personas del pueblo saharaui, a las que se
les arrebató su hogar, viven desde hace 30 años inmovilizados en el
desierto argelino, entre ellos y sus familias se interpone un muro de la
vergüenza, un clamoroso crimen contra la humanidad.
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