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Portada Nº Noviembre 2005
Reportajes y Entrevistas
Sección General

 


XOSÉ LOIS CARRIÓN


Una simple coincidencia por azar. Esa es la única similitud entre los restos humanos encontrados en una fosa común de León y la sangre de los ourensanos que buscan a su padre desde noviembre de 1937. Esta prueba de ADN constituye la primera realizada en Galicia, ordenada por la Justicia, para que unos hijos puedan encontrar a su padre, Víctor Pérez Bóveda, teniente en el Ejército legítimo de la República. Según testimonios de la época, 37 personas fueron asesinadas por los fascistas en un día en la localidad leonesa de Piedrafita de Babia y enterrados en fosas comunes o tirados a un río desde un puente (Las Palomas) de 80 metros de altura. Entre ellos está Víctor

Manuel y Serafina Pérez se disponen a hacerse la prueba del ADN (foto: Xosé Lois Carrión) Última foto de Víctor Pérez Bóveda, teniente del Ejército republicano y ugetista

68 años buscando a un padre
 

EL ADN NO DA CON EL PADRE DE MANUEL PÉREZ, MILITAR Y UGETISTA OURENSANO “DESAPARECIDO” EN 1937 EN LEÓN

No se hizo realidad la primera gran esperanza que mantenía el ourensano Manuel Pérez Fernández de encontrar por medio de análisis de ADN a su padre, Víctor Pérez Bóveda, desaparecido a primeros de noviembre de 1937 en el pueblo leonés de Vega de Viejos. Víctor Pérez, teniente, miembro del Batallón de Infantería (246) III de la 199 brigada del Ejército del Norte, XVII Cuerpo. Desde hace años Manuel, apoyado por su familia, está investigando donde puede estar su padre.  

La primera vez que parecía verse una lucecita al final del túnel fue el pasado 3 de julio de 2002, cuando aparecía el primer hueso en una fosa con 7 de los 37 republicanos asesinados el 5 de noviembre de 1937 en Piedrafita de Babia, entorno en el que se tienen las últimas noticias de Víctor Pérez.  

Ante la razonable posibilidad de que alguno de aquellos restos humanos fuera su padre –coincidían en edad, estatura y en una característica concreta en la dentición, así como un peine encontrado, objeto que siempre llevaba Víctor, al lado del esqueleto– hizo contemplar tal posibilidad, por lo que Manuel Pérez presentó la correspondiente denuncia en el Juzgado de Instrucción leonés de Villablino, demarcación a la que pertenece el lugar de enterramiento.  

La jueza abrió diligencias por los 7 restos humanos de la fosa común de Piedrafita de Babia, ordenando que, con cargo de gastos al Estado, el médico forense judicial extrajera a Manuel y a su hermana Serafina sangre para realizar las correspondientes pruebas de ADN mitocondrial (que se transmite por vía maternal) y compararlas con el esqueleto de una de las personas asesinadas. Precisamente las cartas enviadas por el padre de Manuel y Serafina sirvieron de prueba fundamental para que a jueza ordenara estos análisis que, para evitar desplazamientos, se realizaron directamente en Ourense. Se desistió de practicarles a los hermanos sendas muestras de saliva, ya que, para evitar posibles contaminaciones, era mejor extraerles un poco de sangre, trámite que se realizó el 23 de septiembre de 2003 en Urxencias del Complexo Hospitalario de Ourense. 

Los resultados llegados recientemente desde el Ministerio de Justicia a Manuel Pérez cayeron como una jarra de agua fría. Un informe realizado por una antropóloga participante en las labores de recuperación de los restos en la fosa señaló que entre ellos había un individuo mozo, de unos 23 a 25 años de edad y 1,69 metros de estatura, “con un rasgo característico en la dentición, como es la ausencia del incisivo lateral izquierdo y el derecho muy reducido. Este rasgo de agenesia o ‘no formación de una pieza dental’ se puede heredar, y si lo pudiésemos confirmar en algún familiar ya tendríamos una prueba. Este sujeto, el número 4, es el más alto de todos los de Piedrafita. Recibió tres impactos: cabeza, pecho y cadera. Suponemos que intentó escapar y que lo abatieron por la espalda”. Serafina también tiene dicha característica.  

El Servicio de Biología del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, Departamento de Madrid, señala que el análisis comparativa obtenida de las muestras de Serafina y Manuel Pérez Fernández con los perfiles obtenidos a partir de los 7 cadáveres “permite excluir la posibilidad de que Manuel y Serafina sean hijos biológicos de alguno de los 7 cadáveres analizados”. Indica también que existe una coincidencia de Manuel con uno de los restos, “debida al azar”.  

Los restos óseos y dentales sobrantes de las pruebas médicas realizadas quedan en custodia indefinida del Instituto hasta el momento en el que el Juzgado de Villablino le comunique el destino que se le deben dar a los mismos.  

Manuel Pérez, una vez comprobada que su padre no estaba en aquella fosa, dice que tiene pena y emoción, “y espero que llegue el día en el que pueda llevar sus restos a Ourense para que descansen con su mujer, mi madre, que murió hace 5 años. Esa es mi ilusión. Y hacerle un entierro digno, como merece una persona como él que luchó por la Libertad", añade.  

ANTECEDENTES

Antes de Manuel y Serafina ya le fueron practicadas por orden de la jueza las pruebas de ADN a dos señoras –de Palacios del Sil y Villablino– para comprobar si alguno de los 7 restos eran familiares suyos, pruebas que resultaron infructuosas. Mejor resultado alcanzó el coruñés Francisco Falagán. Con 82 años a las espaldas, un equipo del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Granada, dirigido por el profesor José Antonio Lorente, le tomó muestras de su ADN en marzo de 2001, en la localidad leonesa de Priaranza del Bierzo. Trece cuerpos fueron exhumados de una fosa en esa localidad. Uno de ellos, tras las comprobaciones, resultó ser su hermano Juan, asesinado a los 30 años. Las pruebas identificaron también a otros 3 individuos más. Esa fue la primera identificación mediante la prueba de ADN de una fosa común de la Guerra Civil.  

Las analíticas realizadas a Manuel y Serafina Pérez Fernández son las primeras que se llevan a cabo en Galicia.  

TRABAJADOR DE MALINGRE, AFILIADO A UGT

Víctor Pérez Bóveda nació en Ourense en la rúa Dous de Maio el 20 de diciembre de 1914. De profesión mecánico en la desaparecida empresa ourensana Malingre, al estallar el Golpe de Estado fascista de 1936 se incorporó al Ejército legítimo de la República aprovechando que estaba en Ourense de permiso de la “mili” que estaba cumpliendo en Melilla como cabo.
Afiliado a la Unión General de Trabajadores y a las Juventudes Socialistas Unificadas, Pérez Bóveda llegó hasta Asturias para defender al Gobierno legítimo de la República. La hoja de ingreso en las Milicias, del Departamento Provincial de Guerra, firmada por él el 7 de enero de 1937 es un decálogo de compromisos a cumplir por el combatiente. Entre otros, se fija la asignación diaria de 10 pesetas para los milicianos; una auto-obligación a permanecer en filas mientras durara la campaña, así como un compromiso de “En estos momentos para mí no existe más que una sola consigna: vencer unidos al fascismo. Esta aspiración franca y decidida determina el que yo luche con fervoroso entusiasmo, prestigiando los ideales de liberación”. Tras un curso alcanzó la categoría de teniente.  

En el transcurso de las acciones armadas fue herido, siendo dado de alta en el Hospital de Gijón el 10 de abril de 1937, según firmó el jefe del Departamento de Información y Estadística del Ejército del Norte, Asturias, Sanidad Militar.

Tras luchar por Proaza, Caranga y el desfiladero de Entrepeñas (el hijo de Víctor, entre la documentación que reunió del padre, tiene un documento firmado el 1 de septiembre del 37 en San Pedro de Nora por el habilitado-pagador del citado batallón de Infantería, en el que se indica que cobró 416,66 pesetas de haberes más otras 15 de pluses), para no comprometer a una familia que lo tenía escondido, cuando el frente del Norte cae, se entrega en Vega de Viejos (León), tal como consta en 3 cartas que, por medio de la Cruz Roja, hizo llegar a su familia. 

Precisamente en el último escrito, fechado el 31 de octubre de aquel año, señala que “mañana seguramente me trasladan a León. Así que si puedes te trasladas a León, y si allí no estuviese, preguntas dónde estoy”. 

Hoy en día su familia sigue haciéndose la misma pregunta: dónde está Víctor Pérez Bóveda. Aunque Bob Dylan diga que la respuesta está en el viento, en este caso está en la tierra, enterrado en un camino o en un monte. 

APERTURA DE FOSAS

Integrantes de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), colectivo que en este siglo lleva ya abiertas unas 80 fosas en todo el Estado español, recuperando más de medio millar de restos pertenecientes a las calculadas 35.000 personas asesinadas por su lealtad a la República y tiradas en fosas comunes, recuperaron este verano varios cuerpos en Galicia, al igual que sucede en Andalucía, Cataluña y Asturias, entre otras zonas.  

Una de las exhumaciones fue la relativa a los restos de Emilio Ríos Martínez y José Fernández Rolle, enterrados en una fosa en el monte lucense de A Penela, en O Vicedo. Constituyó la segunda recuperación de desaparecidos en Galicia, aunque por vez primera se trata de gallegos. El pasado año fueron descubiertos los restos de un republicano andaluz asesinado en 1949 en los montes de Soutadoiro, en el ayuntamiento ourensano de Carballeda de Valdeorras.  

Otra de las exhumaciones se llevó a cabo en la provincia de Lugo, entre Lourenzá y Portomarín, para recuperar los restos de un alcalde republicano. El socialista Severino Rivas fue alcalde de la localidad de Castro de Rei desde unos pocos meses antes del Golpe de Estado. Fue detenido y liberado el 29 de octubre de 1936, aunque al día siguiente fue asesinado.7 noviembre 2005   

Trabajos de exhumación en la fosa de la localidad leonesa de Piedrafita de Babia (foto: Xosé Lois Carrión)

 


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