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SANTIAGO DEL VALLE
Aznar miente de nuevo al negar que negoció con ETA
El discurso político admite la exageración, la vehemencia y muchos otros recursos dialécticos. Pero la mentira pública descarada debiera estar excluida, porque atenta contra la esencia de la democracia. Cuando el gobierno de Aznar mintió a todo el país sobre la autoría del atentado de Atocha, pretendía manipular la opinión para mejorar su expectativa electoral. Millones de electores votaron indignados por su contumacia, pero muchos otros se movilizaron para apoyarle. Y si una parte de este colectivo votó convencido de que el gobierno decía la verdad, o acaso dudaban; hubo muchos que votaron al PP a sabiendas de que mentía y tal vez cruzaron los dedos en la jornada electoral deseando que el engaño les diera la victoria. Aznar cosechó
sólo burlas en la patética gira latinoamericana en la que se ofreció para
cambiar el rumbo político del subcontinente. Necesitaba subirse la moral y
consiguió las mayores ovaciones en la convención del PP contándoles una
milonga. Dijo con solemnidad que nunca negoció con ETA, llamando así
mentirosos a ABC, El Mundo, El País y todos los medios
que publicaron en su día lo contrario. Los que aplaudieron su impostura en
la convención popular querían hacer de la desmemoria virtud, y jaleaban la
mentira contumaz para degenerar el debate político en pugilato. Pero pueden
convertirlo en circo. Supongamos una escena tradicional de este tipo de
espectáculo: el payaso tonto cuenta al público una gran mentira y el listo
llega por detrás y le arroja sobre la cabeza un montón de periódicos que
dicen lo contrario, como los que se incluyen en el
archivo adjunto.
Suena la música y el público aplaude. ¡Ay, las hemerotecas...!
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