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SALVADOR
BEL CARALT
El sueño de Mariano De bien pequeño Mariano siempre había tenido un sueño que se imaginaba inalcanzable, uno de esos sueños que todos los niños, en un momento u otro, hemos tenido. Ya en su Galicia natal, cuando aún vestía pantalones cortos y la abuela le soplaba los mocos, Mariano ya tenía ese sueño, esa meta que se le antojaba inalcanzable y que cada año, irremediablemente por las mismas fechas, le venia a la mente. Por las noches, en sus citas oníricas siempre se le aparecían las mismas imágenes, una mesa petitoria y unas damas, emperifolladas hasta las cejas, con sus mejores galas, y postulando por cualquier motivo altruista: la lucha contra el Cáncer, la banderita de la Cruz Roja, etc. Y siempre aparecía él, en sus sueños, presidiendo la mesa petitoria. Y así año tras año, hasta que de pronto, un día, viviendo ya en Madrid y siendo el Jefe de la Oposición Parlamentaria de este país, Mariano, que seguía soñando con presidir la mesa petitoria, se despertó de sopetón al oír el sonido inconfundible de su móvil, descolgó y oyó la voz peculiar de su fiel escudero Ángel que le reclamaba: – Jefe, que hemos de ir a pedir firmas contra el Estatut catalán a Móstoles, no te olvides. Cómo iba ha olvidarse Mariano de que, ¡por fin!, iba a cumplir su sueño. Como niño con zapatos nuevos se encontraba Mariano aquella invernal mañana presidiendo –¡ya era hora!– la mesa petitoria para recoger firmas en contra de ese estatuto que los catalanes se han sacado de la manga sólo para molestar al personal. A su mente acudieron mil imágenes de su infancia y pubertad, las que tenían más fuerza eran aquellas secuencias del No-Do franquista en las que doña Carmen Polo de Franco presidía, por cualquier motivo, la mesa petitoria instalada en el centro de la capital de España. Ahora, aunque fuera en Móstoles, era él, Don Mariano, como le llamaban sus fieles, quien presidía la mesa. Y eso le llenaba de orgullo. No importaba que lo que estaba haciendo sabía de sobra que era anticonstitucional, que la recogida de firmas no iba a servir para nada, pero... ¡y la gozada de presidir la mesa petitoria! Y no sólo en Móstoles, sino en toda España, eso sí era ver su sueño cumplido. Cuando más absorto estaba en sus pensamientos, se le acercó una señora mayor y le espetó: – Yo firmaría muy a gusto, don Mariano, pero es que no me he leído eso del Estatut.
– No se preocupe, señora –le respondió el
Jefe de la Oposición–. Yo tampoco me lo he leído y estoy recogiendo firmas en
su contra… |
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