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ANDRÉS GARRIDO
 


RTVE en trance de ser desmantelada para beneficio
de los amigos ricos del Gobierno
 

Ciertamente, los que creemos firmemente en la Radio Televisión Pública, los que coincidimos en nuestra conciencia ciudadana sobre lo que expresa Cecilio Urgoiti en su artículo “Bienvenida, señora Caffarel”, respecto a la pregunta de “dar el apoyo a un Zapatero que está entregando el Gobierno a los neoliberales disfrazados de progresistas”, hoy más que nunca, nos vemos engañados, vilipendiados y pisoteados por un rodillo que lejos de haber sido “reparado” tras su grave avería electoral de 1996 regresa, ahora, con mayor volumen y virulencia en su transcurrir que entonces.

Nos indica el Diccionario de la Real Academia Española que “neo” significa “reciente”, “nuevo”. Por su parte, “liberal”, indica el diccionario, es “aquel que obra con liberalidad” y, a la vez, “liberalidad”, en su significado tercero, es “la disposición de bienes a favor de alguien, sin esperar ninguna prestación suya”. Es de suponer, por lo tanto, que “neoliberal” es “todo aquel que dispone de los bienes, sin esperar nada a cambio”. Habría que ir más lejos y en una adaptación a la realidad, el significado de este concepto podría ser que es “todo aquel que dispone de los bienes de todos, esperando favores de los beneficiarios”. Eso es, exactamente, lo que está sucediendo con RTVE.

Los que son lectores habituales de OPINAR sabrán que desde este mismo portal, se ha venido defendiendo la necesidad de un cambio en muchos aspectos de los que atañen a RTVE. Pero de ahí –por cierto, que se hicieron, con un Gobierno de España absolutamente legal, unos primeros acuerdos a falta de cerrar un Catálogo de Puestos de Trabajo y la definición del modelo– a incumplir la legalidad vigente en marzo de 2004; pasar de esos acuerdos publicados en BOE, de los trabajadores y del más mínimo principio de respeto por las instituciones del Estado va mucho trecho.

Cuando un Gobierno “pasa” de sus mismas promesas y hechos electorales, poco se puede esperar de él y la confianza del ciudadano queda absolutamente “rota” para el futuro. Estoy convencido de que de esto último se va a tener una muestra “clara” el próximo año, cuando haya que depositar la “papeleta electoral” en la urna. Sus candidatos, entonces, que no vengan con “cuentos chinos”, porque ellos “han dejado hacer”.

Lo indiqué hace pocas fechas: RTVE molestaría, aunque no tuviera deuda alguna. Hoy, me reafirmo en esta frase. Pero al contrario de lo que éstos del “neoliberalismo” pensaban, los problemas han comenzado a aparecer para los beneficiarios, según he podido leer a comienzos de marzo en internet, en páginas de La Hispanidad, el pasado 7 de marzo. “…Televisa que controla un 40% de La Sexta, ya está enfadada con sus socios antes de empezar: dice que se le ningunea y amenaza con retirarse. José Miguel Contreras afirma que La Sexta no tiene ideología pero, eso sí, es “progresista”. Asegura que el Mundial de Fútbol de Alemania es suyo, a pesar de que ya está pactado el reparto con Polanco. Alierta ha tenido que pechar con el mal trago de negociar con Ruiz de Gauna, el personaje que vació Vía Digital. Contreras es el asesor televisivo de José Luis Rodríguez Zapatero, como antes lo fue de Felipe González. Desde Globomedia, Contreras fue el inspirador del nombramiento, como directora general de RTVE, de Carmen Caffarel, con su ya famoso retrato-robot: mujer, académica y sin relación con el mundo mediático. Por si fuera poco, el segundo autor de La Sexta es el ex secretario de Estado de Comunicación, Miguel Barroso, autor del nuevo mapa de la TV en España. Socios de La Sexta han decidido poner a la venta un 10% del capital de la sociedad, con un doble motivo: dar un pelotazo y no acudir a la ampliación de capital, que viene ahora. El 60 por ciento de La Sexta está en manos del Grupo Audiovisual de Medios de Producción integrado por Grupo Árbol, Globomedia, Mediapro y el acompañamiento de El Terrat (Buenafuente), Drive (José Manuel Lorenzo) y Bainet (Arguiñano). El 40 por ciento restante es propiedad de Televisa (Emilio Azcárraga). Parece que los primeros no quieren arriesgar su dinero, mientras que Televisa pondría unos 600 millones de euros. Esto ha mosqueado a los de Televisa, que quieren nombrar un director financiero…”. En ese mismo artículo se puede leer, al final, que “la tele de Zapatero se vislumbra como la gran chapuza financiera, aunque eso sí, tremendamente progresista”.

Opino que con estos mínimos datos, todos nos podemos confeccionar una idea de lo que está ocurriendo con RTVE y las pretensiones “progresistas” de este gobierno llamado “de izquierdas y progresista”. Y ello, sin citar la otra parte del pastel televisivo ya en marcha, que también ha contado con serios problemas en su puesta en marcha. El caso del malestar de la Redacción de Gabilondo, citado estos días en la prensa, o el trasvase urgente que se ha tenido que realizar de técnicos en montaje y otros departamentos desde Digital a la Cuatro son una muestra más de lo que está ocurriendo.

Con todo este mapa de la realidad, no les extrañe que los 9.000 trabajadores de RTVE miren hacia atrás y con mucha ira. Porque les quieren quitar su pan diario, lo primero, y porque sienten vergüenza ajena de que un gobierno socialista sea el que está perpetrando un plan de desmantelamiento de uno de los mayores patrimonios de la democracia española, como RTVE, que tanto ha ayudado a desarrollarla y consolidarla.
1 abril 2006   

 


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