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ANDRÉS GARRIDO


España sin RTVE
 

Aspecto de la manifestación de los trabajadores de RTVE celebrada el sábado 17 de diciembre

Las letras de canciones que han pasado a la historia como únicas retratan, en ocasiones, las realidades de la vida. Algo así es lo que “Venecia sin ti” nos dejaba, a modo de profecía y en una adaptación libre, lo que puede ser a corto plazo la realidad de RTVE. 

Rezaba así una de esas estrofas: “Qué profunda emoción / recordar el ayer / cuando toda Venecia me hablaba de amor. Ante mi soledad, en el atardecer / tu lejano recuerdo me viene a buscar / qué callada quietud, qué tristeza sin fin / qué distinta es Venecia si me faltas tú…”. 

Algo así es lo que se está pretendiendo con el futuro de RTVE desde el Gobierno socialista. Desde hace más de 15 años –antes, incluso, de que se acometiera el primer Expediente de Regulación de Empleo–, los trabajadores del Ente Público vienen demandando un Plan que defina el modelo, la plantilla y la financiación estable y necesaria para desarrollar el servicio público que por Ley (la que aún está vigente, no se olvide este detalle) se le demanda al grupo público estatal. 

Nadie, absolutamente nadie, ha querido profundizar en esa demanda de los trabajadores. Todo lo contrario. Desde que un ministro de Hacienda firmara la primera de las autorizaciones para el endeudamiento de RTVE –saltándose, de manera clara y definida, la propia Ley del año 1980 aún en vigor, insisto– hasta nuestros días, los gobiernos de turno no han hecho sino incrementar esa deuda a cambio de otras aprobaciones de las también distintas direcciones del Ente Público Estatal, sobre externalizaciones de programas y servicios que, sin duda alguna, podía y debía llevar a cabo la plantilla de RTVE. Y todo, a cambio de cifras millonarias que, en muchas ocasiones, malgastaban los dineros públicos en ejemplos tan claros como encargar el transporte de una imagen de Jesús de Medinaceli desde una iglesia de Madrid a un plató de Prado del Rey, para que la imagen no pudiera finalmente utilizarse en el programa a la que iba destinada por que no entraba por la puerta del estudio. 

O lo último que se ha conocido y que, tristemente, ya es realidad: las demandas de Pepe Navarro para “elaborar su programa de vuelta” a la Primera de TVE, en las que por ejemplo se gasta la cantidad de seis mil euros (un millón de pesetas) a la semana en el alquiler de equipos de edición determinados, con sus correspondientes operadores, de los que en Prado del Rey los hay, en ambos casos, en número suficiente. Y, encima, para un programa cuyos contenidos, como los propios trabajadores de RTVE denuncian, no parecen ser los más indicados para una televisión pública. Tanto “talante” tiene este “artista” que, tras estas críticas y haberle hecho gastar al Ente dineros en “reformas” de su despacho, se lleva la realización del mismo fuera de Prado del Rey. Es decir, más gasto inútil a los dictados de un “figura caprichoso”. ¿Estamos locos, o qué está pasando aquí?

Los trabajadores, por lo tanto, han visto confirmada la peor de las amenazas y lo que ellos mismos han venido comprobando con el paso de los gobiernos: se quieren cargar la Radiotelevisión Pública Estatal. Es una consigna clara, como lo demuestran programas del corte y talla de “España Directo”, o la sustitución de “Estudio Estadio” por un debate que no es tal, sino una especie de griterío de los concurrentes que, por cierto, casi todo se centra en dos grandes equipos de fútbol. 

La reciente Asamblea Estatal de Delegados de los trabajadores de RTVE también ha tenido sus “figuras”. Menos mal que, en este caso, estos “artistas” son minoría y la gran mayoría de los trabajadores no están por perder más tiempo en distracciones absurdas e inoperantes, cuyo único fin –quedó bien a las claras– es descentrar y dividir para que triunfen las tesis del Gobierno, a través de esa magnífica máquina engrasada y ajustada como es la actual dirección general y la SEPI.

Las primeras “muestras” o “ensayos” del cabreo e indignación de los trabajadores de RTVE se llevó a cabo el pasado 11 de noviembre de 2005, con un corte de la carretera que transcurre a las afueras de Prado del Rey y una posterior concentración a las puertas del despacho de la directora general del Ente, Carmen Caffarel. 

La cosa no acabó ahí. Al día siguiente, el Pleno de la Asamblea aprobó una resolución de diez puntos, en los que se demanda a Caffarel una defensa inequívoca de toda RTVE como servicio público, con los actuales empleos y la integridad de la estructura productiva y territorial del grupo público audiovisual.

Junto a ello, la salvaguarda mínima de la futura decisión negociada con los trabajadores, ajustándose totalmente al informe del Comité de Expertos entregado en febrero al Gobierno.

Para advertir de que los trabajadores no van a cejar en este empeño de defender estas exigencias mínimas –por cierto, ya comprometidas en negro sobre blanco y rubricadas por el anterior Gobierno–, han fijado también un calendario inicial de movilizaciones para advertir, por si alguien tiene la “tentación” de tirar por otros caminos, de que no están dispuestos a dar un paso hacia atrás, a pesar de que algún grupo con “ciertos privilegios” esté intentando “apoyar” esa línea. En lo concreto, una manifestación en Madrid el pasado sábado 17 de diciembre, cuyo resultado ha sido el de un apoyo masivo de la sociedad.

Mientras tanto, los apoyos a la reivindicación de que se mantenga esa estructura territorial de RNE y TVE y sus plantillas continúan desde todas las comunidades autónomas. Pero también se hace desde otras instancias, como la Unión General de Trabajadores de España, a través de su secretario general, Cándido Méndez, que en los micrófonos de RNE ha dejado muy clara la postura de su central sindical: “Estamos muy preocupados por la situación de RTVE, y pensamos que en este proceso de negociación se debe definir una oportunidad real para asegurar su futuro. Y eso tiene mucho que ver con el papel del ente público en el futuro de la Radio y Televisión Digital. Por lo tanto, para la UGT son temas que están interrelacionados. Existe otro elemento que nos importa: el mantenimiento de su estructura territorial contribuye a la cohesión social de nuestro país. Esos son los objetivos que la UGT va a perseguir. Ésta va a ser una negociación, sinceramente, difícil. Ahora bien, espero que podamos conseguir los objetivos que pretendemos y que son razonables”.

Para no quedarse “atrás”, el secretario confederal de CC.OO., José María Fidalgo, ha declarado en La Rioja que considera necesario “el mantenimiento del empleo y del servicio público en RTVE”. A su juicio, “el Ente Público está inmerso en una reforma que se replantea ese servicio de todos y que, además, va muy lentamente”, por lo que su central sindical “va a defender el empleo con la mayor contundencia, porque es imprescindible para continuar prestando, debidamente, el servicio público de RTVE”. 

Y un peldaño más de la escalera que lleva hasta el “aniquilamiento” de RTVE: Caffarel declara, en la Comisión de Control del Congreso, que la convocatoria de huelga antes de que el Plan de Saneamiento esté acabado y de negociar es, según ella, poner en peligro el clima de ¿diálogo? entre la dirección del Ente y los sindicatos, a los que pide una apuesta por la “reforma” si quieren que RTVE tenga “futuro”. La directora general de RTVE, tras insistir en que aún no se ha adoptado ninguna medida, ha destacado que algunos dirigentes sindicales optan por la confrontación en lugar del ¿diálogo? y por mentir cuando la acusan –junto a todo su equipo directivo– de desmantelar el servicio público o de querer acabar con los centros territoriales de TVE y un buen número de emisoras de RNE. Una actitud por parte de estos dirigentes que, subraya Caffarel, “favorece a quienes quieren privatizar” a RTVE. “Me preocupa que algunos sindicalistas, por un exceso de celo mal entendido, pongan en peligro la viabilidad futura de RTVE”. 

Pues, precisamente, ese “celo sindical” es el que obstaculiza las pretensiones futuras del Gobierno para RTVE. Y es por ello que hayan tenido que “tirar” de aquellos que se prestan a todo para “minar” la que, “de facto”, constituye la verdadera unidad de acción entre, básicamente, UGT y APLI.  

Mientras los trabajadores y sus representantes legales mantienen “un exceso de celo” por preservar sus empleos, la directora general intenta “atacar” por la banda izquierda del terreno de juego, para llegar hasta el área de la portería e intentar una goleada que recuerda otros “encuentros” ya librados en empresas de titularidad públicas, hoy privatizadas, y que “deberían” constituir servicios públicos para toda la ciudadanía. 

El tiempo nos posibilitará, a todos, el resultado final. Si no se impone la sensatez –como rezan las estrofas de “Venecia sin ti”–, España se quedará sin RTVE. Ya veremos.19 diciembre 2005   

 


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