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MOHAMED ABDELKEFI
El Corán no justifica el terrorismo ni las guerras agresivas Mucho se habla y se escribe a cerca de la lucha, el combate, las guerras y por supuesto del terrorismo, todo sin duda bajo el efecto de lo que vivimos como guerras injustas e injustificadas, terrorismo de estado y tantas salvajadas coronadas por el terrorismo –sin más– que golpea aquí y allá con toda crueldad y salvajismo. En todo esto, el sacrificado, la victima, la cabeza de turco es el Qur-àn (Corán) y por supuesto el Islam. Que haya razón o no la haya, no es el caso ni el lugar de someterlo a discusión; pero una cosa es cierta, que gente cualificada o no, utiliza versículos o partes de versículos del Qur-àn para argumentar o ilustrar sus palabras o escritos y al hacerlo no solamente dañan al texto sagrado –quizás sin querer– sino que inducen al oyente o al lector a caer en un grave error, contrariamente al objetivo buscado. Todo esto es debido a varias razones, de las que enumero y analizo a continuación las más importantes: 1º- El idioma original, oficial, únicamente considerado como referencia es el árabe. Lengua, como es sabido, amplia, compleja, profunda, de muchos matices y sin olvidar que en ella la misma palabra, el mismo término, cambia de sentido, a veces radicalmente, según el contexto, la posición de la palabra dentro de la frase etc. 2º- Todos los que citan el Qur-àn aquí, en España, lo hacen por medio de traducciones no siempre acertadas y aunque lo sean, suelen no escapar a la deficiencia natural de la traducción, sobre todo cuando se trata del árabe. Ya se sabe que traduttore, tradittore. No es por nada que el eminente traductor Juan Vernet no deja de mencionar en las páginas de su traducción del Qur-àn que éste no se puede traducir como se quiere, o que Fulano ha traducido así y Mengano asá y yo preferí este término, o que las palabras en cursiva dentro del texto indican que han sido sobreentendidas por el traductor siguiendo a algún comentarista árabe, y más explicaciones o aclaraciones que demuestran las dificultades de la tarea y también la honestidad y honradez del profesor. 3º- Muchas veces se citan partes de un versículo, y aún cuando se cite entero, en la mayoría de los casos está fuera de contexto, porque su sentido está encadenado con el o los versículos anteriores y posteriores. Por ello, citarlo aislado o citar una parte del mismo conduce a errores y falsas interpretaciones. 4º- Casi siempre se contenta el interesado con utilizar la traducción de las palabras en sus sentidos generales, superficiales, comunes en el habla vulgar, cuando cada término, cada palabra tiene un profundo sentido que escapa a los profanos y al vulgo, de modo que los árabes mismos, incluso de un cierto nivel de educación y cultos –si se puede decir así– no entienden del Qur-àn más que su sentido superficial, general y global. 5º- No es por nada que el Qur-àn se considera el único milagro de Muhammad (Mahoma) y ha necesitado y necesita eruditos especializados en la lengua y la literatura árabes, exegetas que se dedicaron y se dedican a ”traducir “, explicar, aclarar lo que escape al lector común. Bastaría aquí recordar la mala interpretación o traducción de la palabra yihad, erróneamente o intencionalmente traducida como “guerra santa” cuando no puede una guerra serlo, y cuando el yihad es el esfuerzo para conseguir un objetivo. No es por nada que el Profeta calificó por mayor yihad la lucha diaria del individuo para el bien de los suyos y su sociedad y a la guerra por menor yihad. Todo lo anteriormente dicho me lo ha inspirado la lectura de algunos artículos en los medios de comunicación, los últimos fueron Yihad en Madrid y citas coránicas de Antonio Elorza y un comentario de Bernabé López, todos publicados en el madrileño diario El País. Si me atrevo ahora a introducir mi grano de arena -como se dice- es para intentar aclarar algo, porque aclarar del todo necesitaría volúmenes y más volúmenes, como los que llenan las bibliotecas árabe-musulmanas encerrando exégesis del contenido del Qur-àn. Los trabajos citados versan sobre la traducción que, hace falta repetirlo, nunca transmite más que el aspecto y el sentido general de lo traducido y mucho menos cuando se trata del Qur-àn y de su sublime lenguaje. Todas las traducciones citadas por el Sr. Elorza son verídicas, verificadas, existentes y –muy curiosos como explicación– son bastante parecidas sino iguales. Pero, dejando el rendimiento de la traducción aparte, vuelvo a lo dicho anteriormente de que una cita –y sobre todo del Qur-àn– tiene que ser completa, dentro de su contexto, su tiempo y sus acontecimientos históricos, y junto a lo que la precede o sigue cuando haya enlace y relación de sentido o de narración. Para ilustrar todo esto me paro en una de las citas que el Sr. Elorza menciona pero sin completarla, sin ponerla en su contexto, sin nada; por supuesto su tarea y objetivo eran otros; contestaba a un ataque o agresión; pero aún así, el perjudicado es siempre el Qur-án y el inducido al error es el lector. Se trata de la versión del profesor Vernet que, honradamente, da un título explicativo a cada párrafo o conjunto de versículos; el que contiene la cita en cuestión lo titula: Incitación a la guerra contra los habitantes de la Meca. Esto basta para ponernos delante de un hecho determinado, histórico que puede o no puede ser generalizado. La cita es: “matadlos donde los encontráis, expulsadlos de donde os expulsaron! Si os combaten matadlos…”. Estas tres órdenes cambian de sentido y de efecto cuando se leen dentro de su contexto, citando el texto completo que dice: “Combatid en el camino de Dios a quienes os combaten, pero no seáis los agresores. Dios no ama a los agresores. Matadlos donde los encontráis, (se trata por supuesto de los que os combaten o sea los agresores ¿no es esta una defensa legítima?) expulsarlos de donde os expulsaron! La persecución de los creyentes es peor que el homicidio: no los combatáis junto a la Mezquita sagrada hasta que os hayan combatido en ella. Si os combaten, matadlos: ésa es la recompensa de los infieles. Si dejan de atacaros ciertamente Dios será indulgente, misericordioso. (que compensa a los unos y a los otros por inclinarse a la paz)”. Dentro de la misma línea de ideas otra cita es: “A quien os ataque, atacadle de la misma manera que os haya atacado. Temed a Dios y sabed que Dios está con los temerosos”. Creo que con esto he hecho una modesta aclaración, no de las citas mismas, sino de la manera y el cuidado con los cuales deben tratarse temas como estos, que no solamente puedan herir la sensibilidad de muchos, sino también crear perjuicios y prejuicios que no ayudan en nada a la convivencia, al entendimiento, a la armonía entre culturas ni por supuesto a la paz, aunque sea la del alma. Termino citando dos versículos que demuestran hasta que punto el Qur-án, o sea el Islam, está en contra de la violencia y por supuesto del homicidio, pero nadie se para en ellos y en muchos otros por razones que no quiero ni pensar. El primero dice: “No es propio de un creyente matar a otro creyente, si no es por error”. (4/91) El segundo es: “...Quien matare a una persona sin que fuere por otra o por extender el escándalo por la tierra, fuese juzgado como si hubiese matado a todo el género humano y que quien la resucitare, fuese recompensado como si hubiese resucitado a todo el género humano”. (51/35) Me gustaría ser médico o de los de la Cruz Roja que salvan vidas muy a menudo para aprovechar de esta ventaja. Pero mi destino es otro y por el momento me limita a aclarar, quizás no con la competencia que se necesite, pero sí con sinceridad y con gran deseo de ver que quienes hablan o escriben sobre temas como este, lo hagan con sinceridad, conocimientos y sobre todo sin malas intenciones. No sé si es oportuno añadir, para quien lea estas líneas, que cualquiera de los actos de violencia o terrorismo que se achacan o reivindican en nombre del Islam son hechos, en base solamente de los pocos versículos citados, contrarios al espíritu y los mandamientos del mismo. Y como se dice: No hay más ciego que el que no quiere ver.
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