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CECILIO
URGOITI
“Bienvenida”, señora Caffarel
No hace dos
años que con demasiada alegría se le daba la bienvenida a Doña Carmen
Caffarel, al hacerlo, por ende, se le daba, esa bienvenida a un Gobierno de
“izquierda”. Hoy sobre mi pesa la duda de haberme equivocado, de ser lo
suficientemente ingenuo como para creerme aquello, y me pregunto si no me di
cuenta que Zapatero pedía el voto a la izquierda, y daba el Gobierno a los
“neoliberales” disfrazados de “progresistas”.
¿Un gobierno de izquierdas, con minúsculas, es aquel que busca el “Estado
Mínimo”? ¿Es aquel que desmantela las empresas públicas, Es aquel que
promete una comisión de “sabios” y la crea, para luego hacer caso omiso al
informe de estos y, a continuación repartir entre “cuatro” y “seis” todo lo
que es público? ¿Es aquel que utiliza el endeudamiento que el mismo provocó,
para luego decir que sanea? ¿Es aquel que en definitiva no va al “Estado
Máximo”? Eso tiene un nombre que es manipular a la ciudadanía. No se puede
ser de izquierda y destruir el empleo, público o privado, y menos con un
antifaz de progresista.
Que RTVE necesita un cambio es verdad, que este cambio nadie lo ha querido
hacer, también es verdad, que a esta empresa se le obliga a endeudarse por
imperativo del Gobierno, gobierno de cualquier signo, también es verdad. Que
ahora se utiliza esa deuda para decir que sobran trabajadores, es verdad y
mentira, es verdad pues son 7.500 millones de € y es mentira ya que esta
empresa es publica y ha sido el Gobierno quien la ha gestionado a su antojo,
la ha utilizado para salvar la contabilidad del Estado y, por ejemplo,
converger con la UE.
Hace ya tiempo que se firmó un protocolo con la SEPI. En él, se daba una
solución a los problemas que ahora se plantean, y se llego a un acuerdo con
la representación de los trabajadores, para no solo dinamizar las Categorías
Profesionales que marcan el Convenio Colectivo, sino para hacerlas
totalmente polivalentes, y por tanto, viables, adaptadas a las nuevas
tecnologías y a las actuales circunstancias del mercado. Pues bien, todo se
mando al traste y a empezar de nuevo.
Hay veces que tenemos que recordar lo obvio y, sin caer en la tentación de
mirarnos al ombligo, podemos afirmar: que tanto la Televisión como la Radio
pública estatal en Canarias, tienen una historia de más de 40 años y que
destaca su papel aglutinador, en la realidad social canaria, toda vez que ha
acercado a cada hogar todo atisbo de cultura de cada una de las Islas, de
tal forma que su programación sirvió y sirve para enlazar lo que hoy es una
Comunidad con una total cohesión.
Cuando se ve caer un Medio de Comunicación se debe pensar que una parte de
la libertad de los ciudadanos se pone en peligro, el peligro de silenciar
una voz, que por ser pública debe representar a todos, debiendo ser el
Gobierno el garante de esa libertad y quien ponga los medios para que no se
convierta en algo residual.
Convertir el Centro de Producción de Programas de TVE en Canarias en un
Centro Territorial con un Informativo y a Radio Nacional dejarla con otro
pequeño Informativo, es volver al centralismo casposo de la Dictadura, es
decirle a los canarios lo que la “metrópolis” quiere que oigamos y veamos.
El Centro de Producción de TVE en Canarias ha jugado un papel incuestionable
en estos últimos 40 años, tanto en la consolidación de esta Comunidad
Autónoma como en la cohesión de las Islas; así como en el sentimiento
regional, identitario y definitorio del pueblo canario, no en vano, su
programación ha estado volcada al completo en la pervivencia y conservación
de la cultura canaria. Es, por ello, que nuestro Centro debe seguir
manteniendo su aportación sustancial al desarrollo y prosperidad de estas
Islas, así como estar dispuesto a producir para la cadena nacional, para
ello solo es necesaria la voluntad de los rectores de esa nueva Corporación.
De siempre se ha utilizado este Centro para el circuito regional y cuando
algo destaca se coge la idea y se lleva a los Servicios Centrales. Este
proceso supondrá un salto, que exige un modelo nuevo de programación, de
contenidos, de producción de programas y de organización de recursos, tanto
técnicos como humanos. Este modelo debe propiciar la eficacia que garantice
que dicho salto se lleve a cabo de manera satisfactoria, donde la propia
sociedad se vea integrada e identificada como prueba de ese buen hacer. En
Canarias se puede producir para el resto del territorio nacional y ayudar a
nutrir los canales internacionales. Pidásenos y lo haremos.
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