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ALFONSO DIEZ
 


Argentina sigue pidiendo justicia treinta años después del golpe
 

Han pasado treinta años desde el último golpe de estado de Argentina y todavía la Justicia no ha depurado todas las responsabilidades adquiridas por una pandilla de militares sanguinarios, apoyados por una trama civil y policial igual de asesina.

Es cierto que –gracias, entre otras cosas, a acciones de la Justicia española–, algunos de los responsables están entre rejas, pero son los menos. Los desaparecidos, asesinados, torturados… están exigiendo desde hace tiempo el procesamiento rápido y la condena eficaz de sus verdugos. No se les puede oír, pero sus familiares y las gentes de bien elevan la voz en su nombre.

El día 24 de marzo de 1976 yo estaba en Buenos Aires, me había enviado RNE (la radio pública española) a cubrir los acontecimientos que se preveían con casi total seguridad. Por tanto lo vi todo muy de cerca.

Y se cumplió el programa previsto. La historia de un golpe anunciado. Lo habían estado preparando los militares corruptos desde el mismo día de la muerte de Perón, cuando su vicepresidenta y esposa, Maria Estela Martínez, había asumido la jefatura del Estado.

Tenían el precedente del golpe chileno y conocían la calaña de los sicarios de Pinochet y su fama mundial, por eso en los primeros momentos trataron por todos los medios de aparentar que lo suyo era civilizado y necesario. Incluso en su primer manifiesto, el que siguió a la proclama del golpe, Videla, Masera y Agosti, aseguraban que “observarían en su acción de gobierno los principios éticos y morales, la justicia, la realización integral del hombre y el respeto a sus derechos y dignidad” y convocaban a esa tarea a “los hombres y mujeres argentinos sin exclusiones”. Pero no tuvieron ni gota de paciencia, su instinto animal, su formación nazi, les pedía sangre inocente y a por ella salieron a las calles en una operación de limpieza brutal, arrasando seres humanos, sólo mejorada por sus maestros hitlerianos, algunos allí refugiados.

La historia no ha terminado. Centenares de niños robados –hoy adultos- siguen viviendo con los asesinos de sus madres y de sus padres; miles de personas siguen “desaparecidas” mientras sus familiares se cruzan diariamente por las calles con canallas que saben y ocultan la suerte que corrieron; algunos condenados a penas testimoniales gozan de una situación patrimonial muy desahogada y ejercen trabajos muy bien retribuidos, garantizados por el poder.

En la Proclama del Golpe, la junta militar decía: “…llega a su término una situación que agravia a la Nación y compromete su futuro”. Pareciera que hablaban de ellos mismos. Su propia existencia fue un agravio a la Nación Argentina y casi le liquidan el futuro; lo comprometieron tanto que aún no han pagado y deberán hacerlo.
25 marzo 2006   

 


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