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MOHAMED
ABDELKEFI
Llamar a las cosas por su nombre
Por una razón
o razones que el vulgo ignora, los políticos, y los que vuelan a su
alrededor, suelen llamar las cosas, los actos, las actitudes con
denominaciones muy lejanas de sus nombres verdaderos; por ejemplo
democratización por ocupación, globalización por colonialismo, pacificación
por intervención armada, aliados por vasallos y suma y sigue.
¿Por qué hacen esto y por qué razón? Prefiero no contestar a estas preguntas
para quedarme dentro del marco de la educación y lejos de la insolencia.
Hasta unas décadas atrás el mundo estaba dominado por dos fuerzas rivales;
cada una pretendía poseer la verdad que está aplicando para mejorar la vida
de los pueblos y ofrecerles el paraíso perdido. Cada una tenía sus dogmas,
ideales y principios para unificar el mundo dentro de la igualdad, para una,
y para unificarlo dentro de la prosperidad para la otra. Una de las dos
fuerzas se derrumbó desgastada y minada por dentro y por fuera; la segunda
se quedó sola, omnipotente, las manos libres para proponer, mejor decir
imponer, una globalización-colonialismo, después de haber abonado el terreno
ocupando puntos estratégicos en todas partes, consiguiendo aquí y allá,
gobernantes dóciles, llamados aliados o amigos, cuyo primer papel es
“aislar” a sus pueblos y domesticarlos para que ellos se consagren a
ejecutar las órdenes, amasar fortunas y allanar el camino para que los
“suyos” se enriquezcan.
Alguien se preguntaría ¿Y los pueblos dónde están? ¿Qué hacen? Los pueblos
están drogados, les han echado juguetes con que llenar sus tiempos; allí
está el balón pié o sea el pan de todos los días llamado football o fútbol,
y también el ruido moderno que llaman música que se interpreta con un solo
ritmo para romper los oídos y que sirve para mover los hombros y las
caderas; les han dado también el arte del consumo aunque con créditos e
hipotecas que domestiquen las voluntades y limiten las libertades. Les
quitaron todas las creencias, las doctrinas, la fe en todo menos en el dios
dinero venga por donde venga y cuanto más ilícito mejor; en casa les
regalaron un aparato llamado TV para adoctrinarlos más, orientar sus
pensamientos y animar sus deseos de consumo; todo esto sin olvidar matar en
ellos, prohibirles todo patriotismo, interés nacional y cualquier manera de
defender sus derechos y si lo hacen les consideran traidores, enemigos del
sistema establecido y perturbadores de la seguridad nacional.
Todo esto lo llaman democracia en vez de decir dictadura de partidos, lo
llaman pluralidad y no secuestro por el bipartidismo; y con esto la
ocupación es liberación, la defensa propia es terrorismo, la intervención
armada pacificación, el despotismo autoridad, el separatismo pluralismo, la
mentira diplomacia, la derrota una caída pasajera y, para colmo, el insulto
y la ofensa son libertad de expresión.
¿No es hora ya de llamar a los políticos con otro nombre también?
Pero, ¿cuál les iría mejor?
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