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LETICIA A. CISNEROS
Zapatero, en el debate sobre el estado de la Nación, deja al margen el
proceso de paz para centrarse en la seguridad, la inmigración y el modelo
territorial Eran las 12.00 de la mañana cuando el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, comenzaba un discurso que daba inicio a una de las citas políticas más importantes del año, el Debate sobre el estado de la Nación. A lo largo de cerca de una hora y cuarto, el presidente hizo repaso de la situación de España durante su segundo año de legislatura y escuchó las críticas, tanto positivas como negativas, que al respecto tenían el resto de grupos parlamentarios. Como es habitual en esta cita, que celebró su decimoctava edición, el enfrentamiento entre el presidente y el líder de líder de la oposición, Mariano Rajoy, se convirtió en centro de todas las miradas. Rodríguez Zapatero realizó un discurso cargado de cifras y estadísticas para reflejar el “excelente” estado de la economía española que en algunos momentos resultó excesivamente concreto. Como es propio de todos los presidentes de Gobierno que han pasado por este trámite, Zapatero hizo hincapié en los logros, pasó de puntillas por los temas polémicos y obvió los errores. Pero parece que con esta intervención el presidente sólo estaba calentando motores y esperó a sus intervenciones de la tarde para entrar en materia y elevar el tono del debate. RAJOY ACUSA A ZAPATERO DE “DESFIGURAR” LA NACIÓN Y ÉSTE LE OBJETA NO TENER “NI IDEA” DE LO QUE ES ESPAÑA Ya por la mañana, Zapatero quiso dejar claro que venía al Congreso para “hablar de la España real, de lo que es España ahora” y a partir de ese momento procedió a desgranar minuciosamente datos sobre pensiones, empleo, educación...en un discurso del que prácticamente un tercio estuvo dedicado a la economía. Entre sus anuncios, destacan medidas de apoyo a los jóvenes en la lucha contra la temporalidad laboral, para becas de postgrado e, incluso, subvenciones de 1.000 euros para estudiar inglés. Pero fue en los turnos de réplica cuando Zapatero sacó toda su artillería a relucir y rebatió con precisión y aplomo todas las acusaciones y críticas de Mariano Rajoy. Respecto a la inmigración, el líder de la oposición aseguró que “el resultado de la regularización de inmigrantes (llevada a cabo por el Gobierno el año pasado) ha sido una gran convocatoria, una entrada de inmigrantes ilegales anárquica, incontrolada e insostenible” y consideró que dicho “fracaso” es “el mejor ejemplo de cómo actúa este Gobierno”. Zapatero le preguntó entonces “¿qué se hace con 700.000 personas trabajando irregularmente en este país? y le recordó las regularizaciones que llevó a cabo el Partido Popular durante sus gobiernos y como en 2003, cuando Rajoy era ministro del Interior, hubo récord de llegadas a Canarias y Andalucía, cifra que bajó en un 50% en 2004 y 2005. Semejante fue la línea empleada por Zapatero al abordar el tema de la inseguridad ciudadana al recordar que las cifras de delincuencia son “ligeramente mejores” ahora que durante los gobiernos populares. Especialmente indignado se mostró el presidente cuando Rajoy aseguró que “nos enfrentamos a un tipo de delincuencia que no conocíamos, exportada, organizada y salvaje, de secuestros exprés, bandas callejeras y asaltos a domicilio” y le exigió rectificar dicha afirmación ya que, dijo, “de 2000 a 2004 hubo una lamentable profusión de delitos organizados por bandas en Madrid y Valencia que provocaron una gravísima situación de inquietud”. A la hora de abordar la política exterior, el presidente no desaprovechó la ocasión de traer a la memoria la famosa imagen de las Azores como la mejor defensa para los ataques de su contrincante. Así, cuando Rajoy afirmó que “España ha desaparecido del mapa” e ironizó con que si no fuese por “el talante del señor Moratinos (ministro de Asuntos Exteriores) no sé que haríamos”, Zapatero pidió que “ahora que el señor Bush y el señor Blair han reconocido ciertos errores sobre lo que representó la intervención de Irak los españoles estamos esperando que el PP reconozca los suyos en esta Cámara y ante la ciudadanía”. Pero uno de los principales motivos de enfrentamiento vino en torno al modelo de Estado que, si bien Rodríguez Zapatero no abordó en profundidad durante su discurso de la mañana, sí defendió con vehemencia cuando fue llamado a ello por el líder de la oposición. Para Rajoy, la desmembración que en su opinión suponen para España las reformas estatutarias, con el texto catalán como principal exponente, es su gran caballo de batalla y no podía dejar pasar la ocasión de enfrentarse una vez más con Zapatero en este asunto. Pero Rajoy no salió tan bien parado como pensaba y se encontró ante sí con un presidente seguro de su proyecto y dispuesto a defenderlo contra viento y marea. “España no es una nación de naciones, ni de realidades nacionales, ni de cultura ni de territorios. España es una nación de ciudadanos, es decir, de voluntades individuales”, clamó Rajoy y acusó al presidente de “sembrar la discordia” y crear “españoles de dos tipos: buenos y malos, los indispensables y los prescindibles”. Ante lo escuchado, Zapatero achacó a Rajoy no tener “ni idea de lo que realmente es España”. “España es un país pacífico y plural –añadió– y con un porvenir garantizado. Para nosotros, la diversidad es una enorme riqueza, para ustedes es un problema o un lío” y, a continuación, recordó que “cuando se aprobó el Estatuto de Cataluña y el título octavo de la Constitución, Alianza Popular, a la que usted pertenecía, no los respaldó”. El proceso de paz para el fin de ETA y el inminente inicio de conversaciones con la banda pasaron de puntillas por el debate gracias a un acuerdo previo de ambas formaciones políticas. Zapatero aprovechó apenas el último minuto de su intervención para recordar las víctimas y reafirmar su “determinación de trabajar para el fin de la violencia”. Asimismo, expresó su “confianza” en que sea “una tarea de todos” y en que “todos actuemos con generosidad porque a todos nos lo demandan los españoles”. Si bien Rajoy no utilizó esta vez el asunto como punto de fricción con el Gobierno, sí quiso iniciar su discurso con una referencia a los límites que el PP impone para el alto el fuego de ETA. “El PP –aclaró– no prestará su apoyo a ninguna negociación que tenga como objeto pagar un precio político a ETA, a sus cómplices o a sus sostenedores”. Pero el enfrentamiento más duro vino en el turno de réplica y, en contra de lo que podría esperarse, no se produjo entre presidente y líder de la oposición, sino entre Rajoy y el presidente del Congreso, Manuel Marín. Rajoy abandonaba la tribuna notablemente enfadado con Marín y asegurando que “nunca se había expulsado al líder de la oposición”, mientras era jaleado por la bancada de su partido que aprovechaba para abuchear al presidente de la Cámara. La realidad es que hacía más de seis minutos que había concluido su turno de réplica de diez minutos acordado con anterioridad por todos los grupos en la Junta de Portavoces y, con las luces rojas y el sonido de las campañas que alertan de que el tiempo había finalizado, Marín se limitó a pedir a Rajoy que fuese concluyendo. Así, en el tono conciliador que caracteriza al presidente del Congreso, éste recordó que estaba aplicando el mismo reglamento que se aplicaba cuando Rajoy era ministro y vicepresidente y que, incluso, la situación era mucho más beneficiosa ahora que entonces para el líder de la oposición”. En definitiva, una situación impropia del líder de un partido que, presumiblemente, puede achacarse a los nervios por el devenir de un debate que parecía escapársele de las manos. CiU CONDICIONA SU APOYO A OBTENER CONTRAPARTIDAS El debate entre el presidente del Gobierno y el portavoz de Convergencia i Unió en el Congreso, Josep Antoni Duran Lleida, fue duro al tiempo que elegante. Duran quiso dejar claro que el pacto entre CiU y el Gobierno central para apoyar el Estatuto de ERC “no es un cheque en blanco” y precisó que “no se trata de la sustitución de unos aliados por otros”, en referencia al hueco que ha dejado ERC como socio preferente del Gobierno tras ser expulsado del tripartito catalán por su apoyo del no en el referéndum del estatuto del próximo 18 de junio. “No olvide que en nuestro caso es la política catalana la que va a condicionar nuestra posición en esta Cámara y no nuestra política en Madrid la que condicione la política en Cataluña” y avisó, “nuestro apoyo siempre ha tenido contrapartidas, ése es el juego democrático”. Así, Duran optó por tender la mano al presidente pero dejando claro que puede retirarla en cualquier momento y pidió explicaciones acerca de inmigración, delincuencia, reformas fiscales e inversiones en infraestructuras en Cataluña, a lo que Zapatero respondió que “ese compromiso de inversiones tiene el valor de la palabra dada, tal y como ya hice con la devolución de los papeles a Salamanca”. Siguiendo la tónica general que imperó en esta primera jornada del Debate sobre el estado de la Nación, el portavoz de CiU pasó de puntillas por el tema de ETA para reiterar el apoyo de su grupo al Gobierno para acabar con el terrorismo pero puntualizó que dicho apoyo no lo brinda “desinteresadamente” y pidió al presidente que “contribuya a la unidad democrática de todos los partidos democráticos, al diálogo con todos y cada uno de ellos, primando al principal partido de la oposición y a su líder, pero no excluyendo a ningún otro grupo parlamentario”. ERC CRITICA LOS RECORTES DEL ESTATUTO Y SUSPENDE AL GOBIERNO EN EL DESARROLLO DEL ESTADO FEDERAL
Para el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Joan
Puigcercós, la valoración de estos dos años de Gobierno socialista está
clara, suspenso en el “desarrollo del Estado federal” y “aprobado con nota
alta en materia social”, eso sí, tras precisar que estos logros han sido
gracias al apoyo e iniciativas de su formación, para lo cual citó ejemplos
como el de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, los matrimonios entre
homosexuales, los papeles de Salamanca, las pensiones para los niños de la
guerra, la derogación del Plan Hidrológico y la Ley Orgánica de Educación.
Por este motivo, a pesar del enfrentamiento existente tras la expulsión de
ERC del Gobierno catalán, Puigcercós aseguró que “la vida continúa, quedan
muchas propuestas de política social por aprobar: mejora de las pensiones,
mejorar la reforma fiscal, política medioambiental... Creemos que vale la
pena avanzar por la izquierda”. Pero como era esperado, las menciones al texto de reforma estatutaria para Cataluña acapararon la mayor parte del tiempo de ambas intervenciones. El portavoz independentista criticó con dureza que el estatuto haya sido “cepillado” por el Congreso en muchos aspectos y que ahora no garantice más recursos para su comunidad, que no permita negociar de manera bilateral con el Estado, que no cree una agencia tributaria propia y que mantenga “el déficit histórico de inversiones”. Para Puigcercós el motivo era claro: “usted no soportó la presión ejercida por el PP, por destacados miembros del poder judicial, de estamento militar y de sectores del PSOE. Usted y Artur Mas firmaron el acta de defunción del Estatuto de Cataluña y del primer gobierno catalanista y de izquierdas desde 1936”. Pero
Zapatero no quiso entrar en mayor polémico y rehusó el choque directo, por
lo que se limitó a vaticinar que aunque “ERC da hoy un no al referéndum
del Estatuto, dará un sí a su desarrollo”.
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