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SILVIA EGEA BAS Fumar, sí
gracias. Y a escaquearse Año nuevo, vida nueva o al menos eso es para muchos lo que significa comenzar un nuevo año. Y así, las televisiones nos bombardean con encuestas a ciudadanos donde explican sus buenos propósitos para el año que comienza. Y ya estamos hartos de oír siempre frases como “quiero adelgazar”o “prometo aprobar las asignaturas que me quedan”, pero la que se lleva, sin duda, la palma este año es “Voy a dejar de fumar”. Pues, sinceramente, no me lo creo. El 2006 comenzó con la ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco. O lo que es lo mismo, con la “Ley Antitabaco”. En aquellos momentos de incertidumbre los fumadores se preguntaban dónde iban a poder encenderse un cigarro, si ni en bares, ni en oficinas, ni en espacios cerrados se iba a permitir. Ahora la respuesta está clara, porque pasados 30 días de la entrada en vigor de la nueva ley, el 90 por ciento de los bares tienen colgado en su puerta un cartel que dice “En este establecimiento se permite fumar”. Es decir, se implanta una Ley con el objetivo de contribuir a la salud ciudadana y lo único que hacemos los españoles es seguir contribuyendo a la destrucción humana. Sin embargo, y para consuelo de muchos, hay algunos bares que han habilitado dos zonas: una de fumadores y otra de no fumadores. Pero he de reconocer que todavía no he podido comprender la utilidad de esta división, porque la distancia entre una y otra sala suele ser de dos pasos. Es decir, yo puedo estar dentro de la zona de no fumadores, pero con mi mano extendida y mi cigarro en la de fumadores. Los que peor lo tienen son los fumadores compulsivos, que cada hora tienen que levantarse de su puesto de trabajo para salir a la calle y fumarse un cigarro, buena manera por otra parte de escaquearse durante diez minutos de las responsabilidades laborales. Ahora que lo pienso, a lo mejor empiezo a fumar, porque con la excusa del cigarro estoy segura que el rendimiento en el trabajo descenderá en el 2006. Pero, por otra parte, mejor que salgan fuera. Porque no me veo denunciando a mi compañero de al lado si decide, en un ataque de desesperación, fumarse un pitillo.
Una Ley que de momento es poco efectiva, pero que en un futuro, según
dicen “los expertos”, dará resultados. Mientras tanto, los ciudadanos
españoles seguirán con su hábito, allá donde la ley no se lo impida. |
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