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BEATRIZ GARCÍA BLAS Violencia en las aulas:
asignatura pendiente Cada vez es más frecuente que los medios de comunicación informen sobre casos de violencia en las aulas. Y no solo entre los estudiantes, sino entre estos y sus profesores. Por desgracia, ya se han dado bastantes casos de profesores que han sido agredidos por sus alumnos e, incluso, por los padres de estos. FALTA DE DISCIPLINA Son muchos los que piensan que el profesor ha perdido la capacidad de decidir porque no tiene medios para imponerse ante sus alumnos. Una normativa muy tolerante con las situaciones de indisciplina está propiciando en los alumnos una mayor agresividad hacia sus compañeros y sus profesores. En repetidas ocasiones, el sindicato independiente ANPE ha alertado de que se está disparando el número de denuncias relacionadas con la agresividad y la violencia en los centros educativos. Hace unos días, un informativo de televisión trataba precisamente el tema de la violencia en las aulas. En las imágenes que ofrecía, un niño de no más de 12 años decía que los profesores se quejaban por nada, que les dabas una patada en la espinilla y parecía que les habías roto la pierna. Hay que ver, ¡es que se quejan por nada! Total, por una simple patada en la espinilla… Y, por si esto fuera poco, el mismo energúmeno añadía que los profesores tienen mucho “morro”, porque cuando están de baja siguen cobrando. Sin comentarios. Para evitar este tipo de comportamientos, es necesario que el profesorado se vea respaldado en el ejercicio de su profesión y que pueda aplicar una mínima autoridad moral sobre sus alumnos. Si no, se verán expuestos a situaciones de verdadero maltrato, no solo físico, sino también emocional. Falta de respeto, intimidación, burla… son el pan nuestro de cada día para muchos profesores españoles. La mayoría de los docentes asegura que se encuentran indefensos porque tienen muy pocos recursos con los que castigar a los alumnos. No se refieren a castigos físicos, sino a fórmulas que les persuadan de comportarse de cualquier manera. Y es que, si tras una falta de respeto, los alumnos perciben que el responsable no recibe ningún castigo, es un triunfo para él. IMPLICACIÓN DE LAS FAMILIAS El pasado 23 de febrero, el diario gratuito Qué! llevaba en portada que el padre de una niña almeriense había roto la mandíbula a su maestro de un puñetazo. La agresión se produjo porque el profesor había regañado a la niña después de que esta se peleara con sus compañeros. Varios familiares acudieron al colegio y uno de ellos entró en el despacho del director, donde se encontraba el profesor. Sin mediar palabra, le propinó un puñetazo. Como consecuencia de esta agresión, el docente tuvo que ser ingresado en el hospital e intervenido quirúrgicamente. Unos días antes, en un instituto de Málaga, otro profesor fue agredido por el padre de otra alumna. Al parecer, le dio un cabezazo porque había pedido a la niña que recogiera un papel que había en el suelo. Y es que la educación comienza en casa, en el entorno familiar. Los padres deben implicarse en el proceso educativo de sus hijos. Si los niños no tienen referentes en los que fijarse, difícil será que se comporten de una manera adecuada en el colegio. ASIGNATURA PENDIENTE El pasado 9 de noviembre, ANPE puso en marcha una campaña para acabar con este terrible problema de la violencia en las aulas, bajo el nombre de “Asignatura pendiente…”: Con esta iniciativa, el sindicato pretende sensibilizar al Gobierno y a la sociedad de la necesidad de educar a los alumnos en valores como el respeto, la tolerancia y la disciplina. Sostienen que sólo desde la adquisición de estos valores será posible acabar con los problemas de convivencia en los centros educativos. El problema es tan serio que el ANPE ha puesto a disposición de los profesores un teléfono de apoyo para los profesionales que necesiten ayuda psicológica. En su primer mes de funcionamiento, ha recibido más de 200 llamadas. Y es que, según las encuestas, los profesores conforman el sector con más bajas laborales por depresión. Un reportaje publicado por el diario El País el pasado 12 de diciembre así lo aseguraba: según un estudio realizado por ANPE-Madrid y la Fundación Jiménez Díaz, el 73% de los profesores de la Comunidad de Madrid (tanto de enseñanza preescolar como de Primaria y Secundaria) está en riesgo de desarrollar ansiedad o depresión. Todos estos datos dan idea del terrible problema al que nos enfrentamos. La sociedad debe reaccionar ante esta triste realidad y ponerle freno cuanto antes. Los profesores se sienten indefensos y los padres, a veces, no ponen mucho de su parte; eso cuando no son directamente los responsables. Tenemos que conseguir, entre todos, que esa asignatura pendiente sea pronto aprobada y los valores del respeto y la disciplina vuelvan a las aulas. |
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