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MOHAMED ABDELKEFI
Oposición, no destrucción Todo en este mundo tiene dos caras: la cara y la cruz; el positivo y el negativo; el acierto y el fallo; la verdad y la mentira; los altos y los bajos..., y se puede seguir enumerando hasta el infinito. Dentro de este concepto caben también las obras humanas, que no son nunca perfectas y pueden ser correctas o erróneas; constructivas o destructivas; aceptadas o rechazadas; pero nunca buenas por completo o malas totalmente. Este juicio o esta manera de mirar nos llevan a la política, a sus protagonistas, sus ademanes y sus comportamientos, el reflejo de éstos y sus impactos sobre los protagonistas pasivos; es decir, los pueblos que reciben, asimilan y no reaccionan –o muy poco– por falta de todo: interés, medios, posibilidades, espacios y sobre todo por no encontrar a quien les haga caso. En dicha política, y por doquier en el mundo, hay también las dos caras, en este caso gobierno y oposición. Es obvio que las obras y las realizaciones de cualquier gobierno no escapan a las dos caras antes mencionadas: unas acertadas y otras menos; unas cuentan con el beneplácito de los ciudadanos y otras no. Allí o de allí nace la oposición, que es y debe de ser otra manera de ver, no necesariamente contraria pero diferente, de modo que sirva como alternativa. Esto quiere decir que el opositor debe no solamente criticar, sino también presentar la alternativa a lo que critica. Lamentablemente las cosas no van por este camino. La oposición –o mejor las oposiciones, porque no se trata únicamente de nuestro país– se limitan a criticar, denigrar, insultar y presentar todo como una catástrofe. Todo, para este tipo de oposición, es negro; el gris no existe en la gama de sus colores, si es que tienen una gama de colores. La oposición debe de ser un punto de vista diferente pero no partidista, orientador pero no imperativo, enriquecedor en vez de empobrecedor. Y lo que es más importante, que considere a las masas ciudadanas con respeto en lugar de tenerlas por estúpidas. Lamentablemente observamos hoy unas oposiciones que
consideran todo negativo y nada está acertado; y lo que es más, pretenden
poseer solas la verdad –que no revelan– y de ahí se convierten en
destructoras no constructivas. Se olvidan que los pueblos hoy están más
despiertos que nunca y que saben valorar por sí mismos lo que les rodea, de
forma
que una oposición destructiva no hace más que obligarles a rehusarla, por lo
que la oposición causa su propia ruina. |
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