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ANDRÉS
GARRIDO
Primer aviso a navegantes políticos
Los comicios
en Cataluña han sido un test muy interesante, de cara a la propia
nacionalidad catalana como al resto del país. Eso por un lado, porque por el
otro, todos –absolutamente todos– los partidos políticos deben tomar nota de
lo que los ciudadanos han manifestado: el índice de los que están hartos de
ellos crece cada vez más.
Ese 43 por ciento de abstención debe hacer reflexionar al mundo de la
política española. Ya lo avisé en un artículo anterior a propósito de la
manera en la que cargos de gobernadores, senadores o alcaldes de Estados
Unidos habían alcanzado su puesto con una “mayoría aplastante”: tan sólo
habían participado en las votaciones entre un tres y un cinco por ciento de
los que tenían derecho a ello.
La abstención a votar las ofertas electorales es una opción del votante que,
ya lo indiqué entonces, debería hacer reflexionar a todas las fuerzas
políticas españolas, máxime cuando, como en el caso reciente de Cataluña, se
comprueba que ésta ha llegado ya hasta el 43 por ciento en un índice que,
personalmente, pienso comienza a ser ya muy peligroso. Y lo es porque nos
puede gobernar el país aquél que obtenga una pequeña mayoría, a partir de
una abstención del 50 o más por ciento. El asunto no es para tomárselo a
broma.
Las lecturas que posteriormente se hacen son para todos los gustos y
estilos. Los gustos, cara al ciudadano, de los propios partidos políticos
que no acaban de reconocer que han sido rechazados por la sociedad; sea cual
sea el nivel de rechazo. De los estilos que articulistas y generadores de
opinión pública utilizan en los diferentes medios de comunicación,
“pontificando” sobre su teoría. Esto es, que si “se ha ratificado una
opción”; “éstos han sido pasto de su desastrosa gestión”, etc.
Lo real es que los ciudadanos, como gusta de decir, “han hablado” en las
urnas y fuera de ellas. Y los que han optado por no acudir al colegio
electoral nos están mostrando su rechazo más absoluto a las ofertas que se
les han presentado.
Yo, si fuera político y encabezara una opción, tomaría muy buena nota del
mensaje que –ahora sí se puede reconocer ya– una buena mayoría de votantes
me, nos, les, están enviando. Y adoptaría posturas urgentes y mucho más
atentas a las demandas ciudadanas. Esto es, que resuelvan, de manera cierta
y urgente, muchos de los problemas cotidianos que sufrimos a diario.
Incluyendo los que generan ellos mismos.
¿Les parece bien a sus Señorías?
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