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ANGELINO ALEJANDRE
Alfombra roja para la visita a España de un dictador corrupto Del mismo modo que merece los mejores elogios la sensibilidad humana y la eficaz gestión del ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, cuando tomó personalmente las riendas de las negociaciones diplomáticas y mantuvo informada a la familia durante las cortas pero intensas horas que duró el secuestro del fotoperiodista español Emilio Fernández Morenatti, ocurrido en Gaza el 24 de octubre, en cambio la visita de Estado que realiza estos días a España el presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema, resulta de todo punto disparatada. Seguramente trufada de buenas intenciones políticas –como tratar de ejercer en primera persona una cierta influencia para la deseable evolución democrática de la ex colonia española–, pero también de fomento de dudosos intereses económicos –el intento de control por “nuestras” multinacionales sobre las materias primas de un país rico en recursos pero de población paupérrima–, la dichosa visita ha sido diseñada por nuestros servicios diplomáticos de la manera más desastrosa y, como no podía ser menos, ha empezado con una más que mediana bronca. Además de que Teodoro Obiang Nguema deberá ser recibido por el Rey y por el presidente del Gobierno, el primer acto oficial previsto consistía en una recepción por el presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín, y posterior firma del prócer ecuatoguineano en el libro de visitantes ilustres de la institución legislativa. Las protestas de diversos grupos parlamentarios han frenado en seco estos planes y la anunciada recepción ha sido anulada para escarnio, sobre todo, de la insensibilidad democrática (menos aún progresista) demostrada por los responsables –socialistas, se supone– de la confección y el visado de la agenda protocolaria. También Amnistía Internacional tuvo que salir al paso de unas alegres declaraciones previas a la visita, efectuadas por del ministro español de Exteriores. En efecto, Miguel Ángel Moratinos asumió que la situación de los derechos humanos en Guinea Ecuatorial había mejorado significativamente, al no tener constancia de listas de presos políticos en el país tras la amnistía decretada el pasado mes de junio por el presidente Obiang. Demasiado entusiasmo, o poco diplomático, para unas medidas de gracia concedidas con motivo del feliz cumpleaños del dictador. Ante tal exceso de alfombra roja al triunfal paso de Obiang Nguema, Amnistía Internacional ha escrito una carta al presidente del Gobierno y otra al ministro de Asuntos Exteriores de España, en las que trasmitía a Rodríguez Zapatero y Moratinos “sus preocupaciones sobre la situación de los derechos humanos en Guinea Ecuatorial, en concreto sobre: la existencia de presos de conciencia; la práctica de detención arbitraria sin cargos y sin juicios; las muertes bajo custodia, el uso de la tortura y los malos tratos; la aplicación de la pena de muerte; y los desalojos forzosos” de cientos de personas en la capital Malabo. Amnistía Internacional pedía en sus misivas que estas preocupaciones “sean abordadas en profundidad con el presidente Obiang por parte del Ejecutivo español”, y señalaba la necesidad de “que se llegue a un compromiso público y de hechos concretos por parte del mandatario ecuatoguineano para mejorar la situación de los derechos humanos en el país, incluyendo la liberación de opositores políticos presos de conciencia que todavía hay” en Guinea Ecuatorial. Demasiados
varapalos para la acción y la imagen exterior española, ganados además a
pulso, para ser pasados por alto. |
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