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DIEGO SÁNCHEZ Universidad
Complutense: el candidato Nogales, una peana poco consistente Sin ningún ánimo de faltar al respeto, la arenga virtual que firma el candidato a rector de la Complutense, don Ángel Nogales, propuesto desde la sede de la calle Génova por doña Ana Pastor, con el propósito de captar votos en la segunda vuelta de las elecciones a tal cargo y que se han de celebrar el próximo miércoles día 9, recuerda aquellas propuestas de los predicadores del siglo pasado, que desde los púlpitos iban dirigidas a pobres y desamparados. No parece sino un texto entresacado de las Bienaventuranzas: “(...) para todos aquellos que han sufrido la incomprensión de sus esfuerzos, la desilusión ante la falta de diálogo, de eficacia y de cumplimiento de las promesas tan ligeramente otorgadas... Para todos aquellos que saben que hay que rectificar, que esta empresa colectiva, de todos, no puede seguir así”. Queda bien lejos de nuestro ánimo el análisis de texto, pero sí que son inevitables preguntas que, quizá por tan escaso margen de tiempo, o tanta fanfarria política y folklórica, y a pesar de no actuar la orquesta del botellón, pueden haberse extraviado por el espacio cibernético. Pero de ese texto se inquiere al menos una pregunta, y si su respuesta fuese satisfactoria ello debería ser motivo de preocupación para el señor Berzosa, el otro candidato que goza de la confianza mayoritaria de la población universitaria complutense, a tenor de los votos obtenidos en la primera vuelta, casi el doble de los que obtuvo el señor Nogales. La pregunta sería: ¿Qué se les promete a todos y cada uno de esos incomprendidos y desilusionados? El “esto no puede seguir así” además de indeterminado es redundantemente colectivo. Ahora bien, si el candidato propuesto en la sede de Génova lo que está diciendo desde su soflama virtual es que “yo puedo prometer y prometo” y que, por consiguiente, “introduzca su problema en la maquinita y obtenga su solución”, en tal caso el rector Berzosa lo tiene complicado.
Sin embargo, mucho nos tememos que desde esa burda imitación textual se
esté insinuando algo cuya falsa peana queda al descubierto: prometamos lo
inalcanzable, prediquemos la perfección como meta. Si sonase la flauta ya
diremos que somos humanos y por lo tanto imperfectos, pero que el camino
es éste. Si la flauta no suena, que es lo predecible, se ha dejado
constancia de que una vez más hemos sido unos incomprendidos. Bueno, ya se
sabe, el que no se consuela es por que no quiere.
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