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EDITORIAL PSM-PSOE:
Congreso para dejar claro quién manda aquí Quien crea que en el congreso extraordinario del PSM-PSOE –que comenzará mañana– sólo se dirime quién será el próximo Secretario General de los socialistas madrileños y quién estará en su Ejecutiva, se equivoca. Lo que se quiere poner encima de la mesa es otra cosa: dejar claro quién manda aquí. Así de simple y así de complicado. Los análisis que ha hecho el PSOE después del batacazo electoral en algunas circunscripciones –como Madrid, Valencia, Murcia…– se han detenido en el punto exacto para que no llegaran a incordiar a la dirigencia. Con tener claro que unos cientos de miles de ciudadanos que votaban socialista se quedaron en casa sin ir a las urnas, porque no se les había ilusionado esta vez lo suficiente, bastaba. Parece que no interesa conocer cuántos de esos ciudadanos son además militantes socialistas que se sienten ninguneados diariamente en el seno de su propio partido. Unos militantes socialistas que no salen de su asombro cuando escuchan a buena parte de sus dirigentes asegurar que lo importante son “los simpatizantes”, más que ellos mismos que se han comprometido formalmente dándose a conocer como tales, trabajando en el proyecto socialista cuando les dejan, pagando una cuota por estar… Para bastantes lideres del PSOE los simpatizantes, de cuyas filas brotan los famosos independientes –o dicho con palabras de Saramago, los que saben guardar las apariencias– que son colocados en puestos de responsabilidad política determinantes, son gentes de más confianza y fiabilidad que los propios afiliados, quienes desde la cuneta a la que son arrumbados observan cómo estos independientes a menudo trasvasan sus simpatías de una a otra parte sin rubor, porque ellos no están comprometidos ni con proyectos ni con ideologías (gran representante de esta curiosa fauna es Juan Menor, el director de TVE del PP, renombrado por el PSOE, cuando aseguraba que él sólo era un mercenario de la comunicación), y cultivan solamente amistades que les puedan funcionar. Y todo lo que esta sucediendo en estos últimos tiempos en la geografía del Partido Socialista y en su zona de influencia, Gobierno y gobiernos incluidos, está interrelacionado. Lo de Madrid es una pieza más del rompecabezas que se quiere cuadrar dentro de la estrategia, secretamente encerrada dentro de un par de cabezas que se sienten señaladas, y prevista hasta las elecciones generales. Hasta lograr que Rodríguez Zapatero permanezca en La Moncloa. El problema grave es que esas cabezas no se han parado ni un segundo a pensar que a lo mejor no es necesario desconfiar de cualquiera que no sea el personaje exacto que han catapultado para controlar la parcela que le hayan asignado. Todos los candidatos y todos los negociadores y responsables del PSOE que se han encontrado en la tesitura de tomar decisiones tienen claro que la jugada final es apoyar a Zapatero, aunque éste y su equipo desconfíen y quieran establecer un control directo a través de una ramificación de su voluntad suprema. ¿Cómo pueden creer, si es que lo creen, que José Cepeda ayudaría menos a Zapatero que Tomás Gómez? Simancas, el candidato fracasado, abandonó deprisa y corriendo la secretaría general y la portavocía del Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea de Madrid. Para sustituirle se montó una Gestora que desde el primer momento (dime de qué presumes y te diré de qué careces) tiene que andar defendiendo su independencia y neutralidad, lo que acaba convirtiéndose en misión imposible al saltar a la palestra el alcalde de Parla, uno de los más votados de España, como candidato a la secretaría general. De inmediato se percibe claramente que es el “candidato oficial”, el pata negra de Ferraz, y de forma bastante poco sutil comienza a ser apoyado fuertemente por el aparato. Aunque cumpliendo con la liturgia estatutaria, la Gestora y Ferraz niegan contumazmente cualquier apoyo. Cuando José Cepeda se da a conocer como candidato saltan todas las alarmas, porque éste sí puede tener posibilidades. Más, creen, que Manuel García-Hierro, el tercer precandidato. Y se aprieta el acelerador: hay que hacerle el trabajo a Tomás Gómez y poner chinas en el camino de los demás, especialmente de Cepeda. De este modo, se ven obligados a negociar el envío de una carta a todos los militantes. En las reuniones con éstos en las agrupaciones siempre le salen a Cepeda los críticos correspondientes, casualmente entusiastas apoyadores de la candidatura de Gómez. A los medios de comunicación se les traslada el mensaje de que Cepeda no tiene nada que hacer y que no pierdan el tiempo con él. En algunas notas de prensa que emite la Gestora se da más importancia a la presencia de Gómez en un acto que al acto en sí (por ejemplo: la constitución del Ayuntamiento de Coslada). En los medios públicos Cepeda prácticamente no existe, excepto para llamarle “guerrista”, como sí eso fuera un pecado capital. A Gómez se le menciona reiteradamente, con cualquier excusa. Nadie ha contado que Cepeda y García-Hierro remitieron la carta a los afiliados; Tomás Gómez ni se tomó la molestia… Pero la Gestora sigue negando la mayor, pese a las dificultades que pusieron a los candidatos para facilitarles el contacto con los delegados elegidos. Esta negativa en si misma podría suponer un revulsivo para los delegados, sobre todo para aquellos que no tienen cargo oficial, para aquellos que se sienten parte del paisaje de las agrupaciones y que no están especialmente contentos con que se les considere gentes sin criterio, a las que hay que dárselo todo decidido. Estos delegados ya habrán visto, por ejemplo, que en la lista de Buenavista, cuyo cabeza visible ha hecho explícito su apoyo a Tomás Gómez, va el Secretario de Organización de la Gestora, Antonio Hernando. Esa lista la encabeza el que fue hombre de confianza de José Luís Balbás, el jefe de filas de Tamayo, quien junto a Sáez liquidó la posibilidad de contar con un Gobierno Socialista en la Comunidad de Madrid en 2003. Será legal, pero no es estético. Esos delegados íntimamente descontentos pueden dar una sorpresa mayúscula al aparato del Partido. El voto es individual y secreto (papeleta y urna sellada), y los menospreciados militantes (aquí no hay lugar para simpatizantes ni independientes) pueden demostrar que son capaces de pensar y tener criterio propio, cosa que ya demostraron en el Congreso Federal eligiendo a Zapatero, quien entonces no era el candidato mejor situado. Cepeda les ha explicado, cuentan que de forma convincente, que el día a día de su actuación en la secretaría general será marcado por lo que le indiquen los militantes y que son ellos quienes deben dirigir el Partido Socialista de Madrid. Y eso Cepeda se lo cree porque viene de una cultura organizativa que no ningunea a las bases. Tomás Gómez habla mucho de abrirse a la sociedad y poco de militantes socialistas, que son los que el día 27 decidirán. Cepeda ha explicado que si resulta elegido contará con todos, por supuesto con los otros candidatos, y negociará con todos, porque “en el PSM no sobra nadie”. Tomás Gómez ha dejado claro que él no negociará con nadie. Tampoco sabemos qué es lo que piensa hacer. En el fondo, parece que se está debatiendo
entre el mantenimiento de un Partido Socialista clásico, con ideología,
aunque con los ajustes necesarios para su implantación en la sociedad del
siglo XXI (Cepeda), y un Partido Socialista liberal ajustado a las
tendencias que se perciban en el seno de la sociedad (Gómez).
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Esta publicación es fruto del empeño personal de Valentín Álvarez Portada Información General y Opinión Cultura,
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