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JAIME GARCÍA GARCÍA


Esclavitud, ayer y hoy
 

El pasado mes de marzo, Gran Bretaña celebraba la abolición del comercio de esclavos 200 años atrás. El 25 de marzo de 1807, el parlamento británico aprobaba una ley que ponía fin al comercio de esclavos. Una práctica que provocó que entre 10 y 27 millones de africanos fueran transportados en condiciones infrahumanas. 

La ocupación del continente americano por los europeos ofreció a sus conquistadores innumerables riquezas y unas amplias perspectivas de desarrollo. Para llevar a cabo todas sus ambiciones era necesaria una mano de obra, y después del exterminio de la población nativa recurrieron a África. Así, se iniciaba en el siglo XVI la importación de esclavos para su comercio. 

Los esclavos capturados eran transportados en barco en unas condiciones de hacinamiento, hambre y tortura. Se calcula que cerca de dos millones murieron durante la travesía, que duraba al menos dos meses. Cuando el viaje tocaba a su fin, quienes llegaban enfermos o heridos corrían el riesgo de que, de no venderse, fueran lanzados al mar. La ONU ha definido la trata atlántica de esclavos como “el sistema de violencia institucionalizada de mayor magnitud de la historia de la humanidad”. 

Hay cálculos que dicen que entre los siglos XV y XIX en el continente africano murieron más de cien millones de hombres y mujeres jóvenes, contando la trata occidental y oriental, y teniendo en cuenta que por cada negro vendido otros cuatro o cinco, aproximadamente, morían en África durante las batallas, en el camino o en el mar. Esta cifra supone más del doble de la población española actual. Las consecuencias demográficas de la trata de esclavos siguen vigentes todavía. Hay regiones que no se han recuperado de la exportación masiva de sus habitantes, que provocó la disminución del crecimiento vegetativo de la población africana. 

La lucha por la abolición de la esclavitud se realizó en dos etapas. Se empezó con la abolición de la trata, para después eliminar la esclavitud y sus secuelas. En el caso británico, la eliminación del comercio de esclavos se realizó en 1807. Hubo que esperar 26 años para que, en 1833, se decretara la abolición de la esclavitud. Thomas Clarkson fue uno de los principales impulsores de esta medida. Está considerado como uno de los pioneros en la lucha por los derechos humanos. Tuvo una importancia capital para generar conciencia entre la población sobre el problema de la esclavitud. Para ello empezó por hacer ver a la gente lo que se estaba haciendo. Consiguió hacerse con grilletes y otros instrumentos de tortura y recogió testimonios de médicos y capitanes de barcos. Todo este material lo utilizó en las conferencias que dio a lo largo del país y también en Francia. Thomas Clarkson está considerado el padre del boicot moderno. Fue el primero en utilizarlo como arma política. Promovió la negativa a consumir azúcar proveniente de haciendas que utilizaban esclavos. Todas estas iniciativas apoyaron decisivamente la campaña de 20 años librada por William Wilberforce en el Parlamento con objeto de abolir la trata. 

La prohibición de la esclavitud en Inglaterra en 1833 fue el punto de partida de la de otros estados europeos. Francia y Dinamarca lo harían en 1848, los Países Bajos en 1863 y Portugal en 1878. En Latinoamérica se adelantaron Haití (1805), Argentina (1813), Colombia (1821), Bolivia (1826), Perú y Guatemala (1827) y Méjico (1828). Estados Unidos lo hace en 1865 como consecuencia de la guerra de Secesión. Brasil, en 1888, sería el último país latinoamericano en abolir la esclavitud. 

La esclavitud como forma de trabajo legal ha sido abolida en todos los países del mundo, pero eso no implica su desaparición. La esclavitud es una realidad que aún subsiste. Hoy, toma distintas formas. Entre ellas, el trabajo forzoso, la servidumbre o la trata de personas. 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que 12,3 millones de personas son víctimas de trabajo forzoso. Quienes están sometidos a este tipo de esclavitud son obligados a trabajar contra su voluntad, bajo la amenaza de violencia u otra forma de castigo. Su libertad queda restringida y se ejerce sobre ellos cierto grado de propiedad. Un 77 por ciento del total, unas 9.490.000 individuos, se encuentra en Asia. El número de personas asiáticas en condiciones de trabajo forzoso es similar a la suma de la población de Andalucía y Aragón. 

Unicef, con motivo del Día Mundial de la Esclavitud Infantil, ha denunciado la existencia de 5,7 millones de niños explotados. Cada año, 1,2 millones de menores son víctimas de la trata de personas y alrededor de 1,8 millones lo son de la prostitución, la pornografía o el turismo sexual. Otros 300.000 son reclutados como niños soldados. 

El método más utilizado para esclavizar personas es la servidumbre. Naciones Unidas define esta práctica como “el estado o condición que resulta del hecho de que un deudor se haya comprometido a prestar sus servicios personales, o los de alguien sobre quien ejerce autoridad, como garantía de una deuda, si los servicios prestados, equitativamente valorados, no se aplican al pago de la deuda o si no se limita su duración ni se define la naturaleza de dichos servicios”. Las condiciones de trabajo o empleo no quedan especificadas. Y si quedan especificadas no se cumplen, de manera que la víctima queda sometida a la voluntad del empleador o acreedor. El Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre las Formas Contemporáneas de Esclavitud estima que 20 millones de personas son víctimas de la servidumbre. 

La trata de personas tampoco ha desaparecido. 2,45 millones de trabajadores forzosos son fruto de la trata. 

La explotación con fines económicos representa el 64 por ciento, 7.810.000 personas, del total de trabajadores forzosos. 

Otra forma de esclavitud es la que se lleva a cabo en trabajos denominados legales, pero donde se explota al empleado bajo diferentes formas: salarios míseros, extensas horas de trabajo, grandes esfuerzos físicos, tratos inhumanos o simple prohibición del abandono del empleo. 

El capitalismo, como sistema económico dominante, supone que el beneficio de unos se consigue a costa del beneficio de los demás. Las empresas multinacionales, como máximas beneficiarias de este sistema, persiguen la maximización de sus beneficios. Y esto está muy relacionado con los sistemas de producción. Cuanto más rentable sea producir, mayores son los beneficios. En el sistema productivo participan tres factores: la tierra, el trabajo y el capital. En el factor trabajo entra en juego la mano de obra. A menores salarios, mayores beneficios. 

Algunas de las grandes empresas multinacionales han sido acusadas de explotación. Coca-Cola, cuyo valor de marca se calcula en 68.000 millones de dólares, tiene a trabajadores en plantaciones de Brasil cobrando menos de 12 euros diarios, un tercio por debajo del mínimo vital local que sería necesario para alimentar a una familia. El 8 de agosto de 2001, Coca-Cola era condenada a pagar 192,5 millones de dólares en Estados Unidos por discriminación racial de trabajadores afroamericanos. 

La mayor parte de la ropa de la empresa Levi Strauss se produce fuera, en más de sesenta países, en las más de seiscientas fábricas proveedoras. Apenas cuenta con fábricas propias. En el año 2000 se conoció que los calendarios de trabajo incluyen hasta 75 horas semanales. A finales de 2002 se produjo una manifestación contra la empresa Bed and Bath Prestige Company, que produce para las multinacionales Nike, Levi Strauss, Adidas o Reebok. Denunciaban el impago de sueldos, la realización forzada de horas extras y la imposición de trabajar aún en casos de enfermedad o embarazo.5 mayo 2007   

 


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