Portada Opin@r
Información General y Opinión  

Portada Opin@r

Cultura, Ciencia y Sociedad
Reportajes y Entrevistas
Deportes
Denuncia

 


MOHAMED ABDELKEFI


Los muros de la vergüenza
 

Hay un refrán oriental que dice: si nuestro hijo pega al vuestro, así son los niños; pero si el vuestro pega al nuestro es un mal augurio, una desgracia que conduce a la catástrofe. Dicho de otra manera, la idea sería: lo que haces o hace un tercero es inadmisible; pero lo que yo hago es admisible, legitimo, legal, conveniente, indiscutible y aplicable a todos. Y quien se atreva a no aceptarlo o a discutirlo es un rebelde, un fanático, un extremista o mejor –lo que está de moda– un terrorista. 

Esta es la manera de pensar y de actuar en consecuencia de los políticos, en particular los occidentales y especialmente los estadounidenses. Muchos son los ejemplos que pueden ilustrar aquellas actitudes y comportamientos. Si, por ejemplo, muere un soldado blanco occidental pagarán por su muerte decenas –si es americano, centenares– de sacrificados que no tienen derecho ni siquiera de ser considerados como víctimas. El señor Chirac, para no ir más lejos, exige de Turquía pedir perdón y compensar al pueblo de Armenia. ¿Qué espera el presidente francés para dar ejemplo y cumplir, con el pueblo argelino y los otros pueblos africanos colonizados y maltratados por Francia, lo que pide a Turquía? El primer ministro israelí critica a las Naciones Unidas y dice que esta organización no cumple con sus obligaciones castigando a Irán. ¿Qué ha hecho ese señor, sus antecesores y parecidos con todas las resoluciones del Consejo de Seguridad relativas a hechos y acciones cometidos por su ejército? Los tiraron a la papelera y ahora viene reclamando que se apliquen las resoluciones de la misma organización, pero contra otros. Estados Unidos exige, a veces con el uso de la fuerza, el respeto de los acuerdos y tratados internacionales, pero ellos se niegan a aplicarlos cuando quieren: allí está olvidada, o tirada, o no considerada, la Convención de Ginebra –en Guantánamo por ejemplo–, así como los tratados de Kioto, la Ley del Tribunal Internacional y una larga lista donde se incluye la supuesta democracia, que llamaría democracias a medias o dictaduras según se mira, que se admiten o se combaten a la luz de sus propios intereses.

Se puede decir mucho en este aspecto, como por ejemplo la supuesta defensa de las minorías en un país y mirar para otro lado si se trata de otro. 

En lo referente al armamento nuclear, se considera legítimo y normal que Estados Unidos o Francia o Israel o incluso la “cliente” o aliada India posean este tipo de armamento de destrucción masiva, pero cuando un país que no esta domesticado busca entrar en el siglo, modernizarse y adoptar la energía nuclear para uso civil y pacífico, se le condena, se le combate y se le imponen sanciones “legalizadas” a través de la manipulada ONU y su Consejo de Seguridad –iba a decir inseguridad. 

El término español arma de doble filo encaja muy bien aquí y se puede aplicar fácilmente al asunto de los muros. 

Allá por los años sesenta, como todo el mundo sabe, se levantó el muro de Berlín separando físicamente la parte oriental de la ciudad alemana de su parte occidental. Pues bien, la que se armó en aquellos tiempos y a lo largo de la existencia del muro. El hecho se consideró entonces y toda su vida peor que el diluvio universal. Lo que se dijo, se criticó y se escribió sobre aquel muro llenaría volúmenes. Se lo calificó con todos los adjetivos y atributos posibles e imaginables durante todo el tiempo que permaneció levantado, y se quedó al final con el nombre más llamativo: el muro de la vergüenza. 

Todo esto se armó porque se trataba del otro. ¿Pero qué pasa cuando se trata de nosotros, es decir occidente y sus así llamados aliados? Lamentablemente no pasa y no pasará nunca nada. Prueba de ello, el muro discriminador y usurpador que levantó y sigue levantando Israel en los territorios ocupados de Palestina. O el muro de más de mil kilómetros que construye Estados Unidos por prejuicios, discriminación o quizá xenofobia hacia el vecino México. Y por si fuera poco, también China entra en el baile y va a edificar un muro, diferente de la famosa muralla china, entre ella y Corea del Norte. 

Se hace todo esto y aquí como si no pasara nada. No se critica, no se lamenta, no se levanta el grito al cielo, no se arma jaleo como se hizo en su tiempo con el muro de Berlín. Eppur si muove. O sea: aunque se guarde silencio o se mire para otro lado, por miedo o por hipocresía, estos muros no dejarán de ser muros de la vergüenza.

Volvamos aquí a lo que dijo el famoso poeta francés Lafontaine y acertó: “La razón del más fuerte es siempre la mejor”. 

Ante todo esto no nos queda, a nosotros los pueblos, la plebe como decían los romanos, mas que la esperanza de que un día nos toque a nosotros decidir, juzgar y actuar sin la intervención de los políticos. O que ellos se conviertan en verdaderos representantes de sus electores y no decidan ni actúen sino conforme a los intereses de los votantes e imparcialmente según éstos vean y deseen. 

En cuanto a las vallas de Ceuta y Melilla, aquello es otro cantar.29 noviembre 2006   

 


OPI

Portada  Información General y Opinión  Cultura, Ciencia y Sociedad
Reportajes y Entrevistas  Deportes  Denuncia


© OPIN@R.
© Cada uno de los autores de los artículos o fotografías.

Las personas interesadas en publicar sus colaboraciones en OPIN@R o ponerse en contacto con la Redacción,
tienen a su disposición la siguiente dirección de correo electrónico:
correo@opinar.net