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EDITORIAL


Urnas y lecciones en la segunda vuelta de la Universidad Complutense

   No hace falta ser un lince para concluir, después de una leve observación, que la pertinacia del decano de Medicina, Ángel Nogales, manteniendo su candidatura frente a la de Berzosa hasta el día 9, fecha de las elecciones en segunda vuelta, tiene poco de realista y mucho menos de caballerosa. El hecho de que Carlos Berzosa le doblara prácticamente en votos en la primera vuelta no ha parecido impresionarle, ni inyectarle sensatez y savoir faire; por el contrario, la derecha política que le rodea como una hidra no le ha permitido diseñar una retirada digna, como aconsejaba la situación desde el primer momento.

   Por si fuera poco, el señor Nogales ha remitido a los votantes de la UCM un correo electrónico patético, en el que parece llamarles camuesos por no darse cuenta de que “la patria está en peligro” y él viene, revestido de autoridad humana y divina, para salvarla.

   Muy preocupados tienen que estar sus mentores y sus asesores cuando le empujan al abismo. Todos los datos indican que su estrategia de perdedor puede dejar malparada su breve carrera futura, porque la rabieta no parece la mejor tarjeta de visita para una persona seria. Y mucho menos en los templos de la sabiduría. 

   A pesar de los pesares, estas elecciones a rector han sido muy importantes. De una parte, el electorado ha valorado la gestión sobria y eficaz del profesor Berzosa. De otra, la respuesta sensata de los estudiantes ante los iluminados agentes de la propuesta del botellón y el desmadre es conveniente subrayarla y resaltarla. 

   Ambas cuestiones requieren un análisis sereno, pues si bien la universidad es una institución dedicada a la enseñanza y la investigación, y nunca ha dejado de serlo, no por ello ha cumplido siempre su labor en la intensidad y medida óptimas. Hacer una amplia lista de las bondades o maldades, tanto de las causas como de las acciones de sus dirigentes, conduce tan sólo a una exposición documental e historicista, sin duda alguna importantes por cuanto son ramas del saber científico, pero que necesitan del pasado. 

   El presente es que éstas son las segundas elecciones que se hacen para elegir rector por sufragio universal. Una modalidad que no tiene parangón, porque aún cuando se parte de una supuesta ideología de los candidatos, hasta ahora no ha existido un aparato político claro que les apoye y no existen tampoco listas electorales. Las elecciones a rector son a cuerpo limpio, el aval es su quehacer diario y su talante personal. De hecho, ha quedado patente que algunos de los candidatos, que mostraban una larga trayectoria de gestión política y universitaria, han obtenido resultados muy por debajo de las valoraciones previas. 

   Sin duda alguna, una de las mayores equivocaciones que se pueden cometer y la historia aporta datos sin necesidad de remontarse a los tiempos del cardenal Cisneros, consiste en gobernar la universidad con criterios partidistas. 

   Generalmente, los coros de la desilusión que no del inconformismo, las corrupciones sindicales, las endogamias, el favoritismo a indeseables demostrados y otras actitudes similares, poco o nada tienen que ver con quienes vocacionalmente se han dedicado a la enseñanza y a la investigación y no han utilizado, o intentado utilizar, a enseñanza e investigación como plataforma para otros fines. Legítimos en cuanto aspiraciones personales, pero siempre que se deslinden los campos de acción, cuestión ésta que desde que llegó Berzosa se busca arreglar. 

   El rector Berzosa ha propuesto, en cuanto se desarrolle la LOU, que aquellos que sirven a la universidad vivan de la universidad y no tengan que acudir o someterse a otras circunstancias externas para adquirir la dignidad que les corresponde por méritos propios. 

   Otra cuestión grave es la del ámbito económico. A paliar, en la medida de lo posible, esta desigualdad con los homólogos de los demás países europeos, también se ha comprometido el rector Berzosa, ahora que la universidad que gobierna tiene credibilidad de gestión al estar todas y cada una de sus cuentas auditadas. 

   Esto es lo que, sin duda alguna, han valorado los que creen en la universidad y no buscan la ambición o el poder personal a costa de lo que sea. A los músicos de oído, sería conveniente que alguien les explicase lo de la rivalidad entre escuelas científicas y que ello nada tiene que ver con la dialéctica y prácticas barriobajeras que algunos, desde hace algún tiempo, vienen ejerciendo en islas que son auténtico refugio de filibusteros.

   Lo de los estudiantes es para nota y nunca mejor dicho. No hace muchos días los medios de comunicación daban imágenes de altercados entre jóvenes y policías, teniendo como motivo la práctica del botellón en un barrio madrileño. La lectura inmediata es que los jóvenes son una panda de irresponsables, mal educados e incontrolados… Pero he aquí que los políticos se dan cuentan de lo que supone un voto y entonces rectifican: “¡Bueno, sólo algunos pocos son los descontrolados!”, que generalizar siempre es peligrosísimo. 

   Afortunadamente, los jóvenes universitarios de la Complutense que ejercieron su derecho al voto el día 25 de abril enviaron un mensaje a los ciudadanos alto y claro: ¡no somos irresponsables, ni una panda de incontrolados! Y frenaron en seco al candidato Patxi Aldecoa, quien cometió el mayor error de su vida al admitir como buena la propuesta de sus agentes de campaña para conseguir votos estudiantiles a través de una movida, montada a mayor gloria suya por la asociación estudiantil “Altavoz” con el gancho de repartir kalimocho, organizando un botellón gratuito. El asunto no puede pasar desapercibido, toda vez que no es la primera ocasión en que las autoridades públicas tachan de irresponsables, alborotadores y otros epítetos a quienes acuden a estas “fiestas”. ¿Cómo calificar entonces a quienes teniendo una responsabilidad universitaria, y siendo funcionarios públicos, promueven estas actividades no ya con ánimo festivo, que aún siendo inadmisible tendría otra lectura, sino con la desfachatez de conseguir votos para dirigir y gobernar una institución dedicada a la enseñanza y a la investigación? ¿Con qué autoridad moral el señor Aldecoa, funcionario público, puede seguir ostentando el cargo de decano después de haber cometido tan grave torpeza? 

   Y nada más ni nada menos que han sido los tantas veces acusados de lo contrario, quienes han puesto de manifiesto la cordura y la sensatez. Con su voto, los estudiantes no solamente han respaldado al candidato más fiable, a Berzosa, también han despreciado la propuesta de quienes entienden que la universidad es un coliseo de gladiadores de la conspiración y el mangoneo, o su particular cosa nostra. Con su voto, los estudiantes han puesto las cosas claras: su deseo de ser universitarios, no manipulados, no utilizados por nadie, ni siquiera por sus asociaciones ni por los “padrinos” de éstas; y que cuando hay que divertirse, ellos eligen los escenarios. 

   Que tome quien corresponda los apuntes adecuados para estudiar una lección magistral de quienes acuden a aprender. 7 mayo 2007    

 


OPI


Esta publicación es fruto del empeño personal de Valentín Álvarez


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