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MOHAMED ABDELKEFI


Traduttore traditore
 

La sabiduría o la moraleja de este aforismo o refrán italiano, nadie la entiende en su verdadero y profundo sentido mejor que aquellos, como un servidor, que viven diariamente con la traducción, la interpretación, el traslado y paseos de un idioma a otro, tratando, en la medida de lo posible, de transmitir el contenido y sentido de unos textos desde una lengua a otra, muchas veces lejana de la primera, sin ninguna relación con ella ni en la raíz, ni en el origen, ni tampoco en sus caracteres o fonética y más lejana todavía, si se trata de metáforas, metonimias, sinécdoques o hipérboles o cualquiera de las muchas formas expresivas que contiene un idioma y más, quizás, el habla normal y corriente de la gente en sus relaciones diarias.

Por todo esto, es decir por la difícil transmisión correcta y honrada del pensamiento de alguien expresado en un idioma a otro nuevo, los traductores, los intérpretes y también los que dependen del resultado del trabajo de estos, deben tener, no solamente cuidado a la hora de utilizarlo, sino sospechar, si se puede decir, de la veracidad de la traducción antes de utilizarla o tomarla en consideración.

Digo esto pensando en los jueces que, como es el caso estos días, tienen delante de ellos acusados que no hablan ni entienden su idioma, y no tienen más remedio que juzgarlos y castigarlos si hace falta, basando sus juicios en la traducción.

Pero antes de referirme al problema de los jueces, me gustaría citar algunos ejemplos que ayudarían, si fuera necesario, a explicar y hacer entender mis ideas y a dónde quiero llegar.

No pocas veces tropecé, como todos, con expresiones que necesitaban conocimiento y atención, porque, traducidas literalmente causarían un contra sentido o un daño al sentido del texto general. Bastaría recordar una palabra como mona, como nombre o como adjetivo, este último usado casi siempre contrariamente a su verdadero sentido que es generalmente peyorativo. En la famosa novela del gran escritor y amigo José Luis Sanpedro, La sonrisa etrusca, me encontré, al traducirla a mi idioma, delante de no pocas expresiones, refranes y similares que, traducidos literalmente hubieran llevado el pobre lector hacia un mundo por lo menos diferente, si no contrario, a donde llevaba el texto original de la expresión y sin dejar de hacerle reír si llegara a percibir el contra sentido. Una de aquellas expresiones era: meapilas; hablando de un cura que orina en las pilas sería más que absurdo y despista totalmente. Otra era: una mujer de ley; ¿qué podría ser? Abogada, juez, notaria, asesora jurídica o algo por el estilo. Pero no! Quería decir que era una mujer de verdad, como debe ser, como Dios manda. No creo que haga falta explicar la diferencia. Y termino con: cólera de labrador, para recordar que aquel que no conoce las razas de perros y no toma la precaución de averiguar, convertiría el perro en un campesino labrador enfadado, en cólera delante de los surcos que traza o abre con su arado. Se puede seguir hasta el infinito y recordar, por ejemplo, palabras sin ninguna relación con lo que se dice, sino empleadas por mucha gente como apoyo o, como las llamo yo, ¨ el relleno ¨, si se puede decir así. Sólo como ejemplo cito la palabra venga (ejemplo: venga ya – venga, dejémoslo así – venga hasta luego etc.) Otra palabra es la negación no, utilizada como interrogativo que mucha gente la pronuncia al final de cada frase. Y ¿Qué se dice de la palabra chorizo? Cuando se dice por ejemplo: aquel es un chorizo o ¿a caso somos chorizos?. Tantas otras se pueden citar que con el mínimo descuido, no digo ignorancia, pudieran causar mucho daño. 

No creo que haga falta decir cual es mi origen. Mi nombre por si solo lo dice y como tal, cumpliendo con mis obligaciones profesionales, tuve que asistir muchas veces a las partes orales de algunos juicios donde se necesitaba la traducción y, que créame el lector de estas líneas, sentí mucha compasión por los intérpretes. Cuántas veces noté que se les pedía una acrobacia mental difícil de ejecutar sin anteriores entrenamientos, quiero decir práctica para con el idioma, más bien el dialecto, o mejor todavía, el argot de que se trataba.

Voy a permitirme más explicación con algunos ejemplos. En nuestro mundo árabe de hoy, desde los años cincuenta aproximadamente, la palabra señor ha dejado de ser utilizada entre amigos y se convirtió en hermano. Así tenemos: querida hermana, he visto a nuestro hermano fulano, dile a mi querido hermano tal, etc. Ninguno de los anteriormente citados como hermanos lo era de verdad. Habría que averiguar si era amigo, conocido, compañero o cualquier cosa menos que hermano. En algunos países se refiere a la mujer o a la familia con la palabra dar que quiere decir casa; allí tenemos: ¿Cómo está eddar, (la casa), dónde está eddar (la casa)? Y cosas por el estilo. ¿Qué se dice de cósbora, o sea cilantro? Pues nada si se entiende por mujer, hermana y similares. Pero ¿conocen los traductores siempre estas peculiaridades del idioma, o del argot que les piden tratar? Muchas veces, no. Y ¿quién paga la factura? El juez, el acusado, la justicia y el pleito mismo.

De jóvenes, nos reíamos jugando con traducciones de este género; encima del mercado, traducción de la expresión familiar francesa par-dessus le marché, que quiere decir: por colmo; o en sentido contrario, del árabe dialectal la expresión: el ruido subió encima de ella = ¨qam aliha el hiss¨, que se emplea cuando la mujer embarazada rompe aguas y empiezan los dolores del parto.

Pero en los juzgados no se trata de juegos; hay vidas, derechos, libertad y justicia en juego y se trata ante todo de garantizar todos ellos a quien se juzga; sea él quien sea y fuera cual fuera su crimen. Pretendemos vivir en democracia que garantiza a todos sus derechos y que la justicia está por encima de cualquier consideración. Sólo ella tiene que prevalecer. Porque si no, tendremos que estar calladitos cuando vemos u oímos lo que se guisa ¨ en otros países que tratamos peyorativamente por tercer mundistas. 

No sé si estas líneas llegarán a ver la luz fuera de mi ordenador; no sé, si saldrán en alguna parte, caerán en manos, quiero decir ante los ojos de los responsables de la justicia y de manera particular, los jueces cuya gran y respetada y difícil tarea es de arraigar, radicar, extender y aplicar la justicia para que el individuo, el ciudadano, el ser humano en general, sepa que pertenece a una sociedad sana, sabia, responsable y justa para que se dé cuenta, cuando comete un error, que el único culpable es él y es su responsabilidad, hacia esta sociedad que, a pesar de su error le ha tratado con justicia, y hacia sí mismo también, para reconsiderar su actitud y sus actos a fin de encontrar un buen sitio, su sitio en dicha sociedad. 

Sin justicia no hay democracia; la justicia tiene su camino sembrado de espinas, como se suele decir; muchas de aquellas espinas están en la traducción, la interpretación y la comprensión. Esta última tiene que estar basada en una correcta transmisión de la esencia del sentido de las palabras. Hay que alejarse cuanto sea posible de: traduttore traditore.
25 mayo 2007   

 


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