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JOSÉ CEPEDA, DIPUTADO DEL PSOE EN LA ASAMBLEA DE MADRID: “CADA DÍA TIENE MÁS VIGENCIA HABLAR DE SOCIALISMO Y SER SOCIALISTA”

“La indefinición ideológica del PSOE nos está llevando a perder nuestra propia identidad”

José Cepeda

“Esto ocasiona que la gente que tradicionalmente nos ha venido apoyando empiece a dejar de hacerlo y a perder la confianza en un partido como el nuestro”
 

“Los militantes socialistas de Madrid sienten que forman parte del paisaje”
 

“El PSOE de Madrid lo primero que tiene que hacer es motivar a su militancia, creer en ella, recuperarla”
 

“No abogo por un partido radical de izquierdas, sí por un partido que defienda sus siglas, su historia y sobre todo a la gente que siempre ha defendido: a los que no tienen nada”
 

“Nadie sobra en el PSM-PSOE”


Por ALFONSO DIEZ

Madrid es uno de los pocos lugares donde no han ganado todos los partidos. Aquí claramente el PSOE se ha declarado perdedor. Las cosas no se han hecho bien. Ha habido de todo: personalismos, autoritarismo a destiempo, imposiciones en plazos casi imposibles, desmovilización continua del voto socialista, desaciertos continuados aderezados por una rotunda incapacidad de escuchar... Es decir, un cúmulo de despropósitos que han hundido a un candidato que hace cuatro años se habría convertido en presidente de la Comunidad si no le hubieran traicionado dos de sus propios diputados. Su renuncia a la secretaría general del partido, con la consiguiente disolución de la ejecutiva, abre al Partido Socialista de Madrid un horizonte de posibilidades que no deberá desaprovechar si quiere que la ciudadanía que se reconoce votante socialista vuelva a confiar en sus siglas y acuda de nuevo a las urnas, en lugar de quedarse en casa en una demoledora actitud de protesta silenciosa.   

En la vida de los partidos el punto de arranque de cualquier proyecto se llama Congreso. De él salen los proyectos, las directrices y sobre todo las personas responsables de llevarlos a cabo. Esta nueva oportunidad la tendrá el PSOE de Madrid a finales de julio. 

Sin lugar a dudas, uno de los “cardenales electores” de ese cónclave tan especial en estos tiempos y circunstancias será José Cepeda, diputado de la Asamblea de Madrid, miembro de las últimas ejecutivas del PSM y destacado puntal de lo que se conoce como sector guerrista, el único grupo que ha sobrevivido sin problemas internos a las convulsiones y reajustes en el poder que se han ido sucediendo desde hace ya muchos años. 

Es un personaje que impone. Si me permiten la referencia metafórica a los hombres del tiempo, éstos aseguran que a veces la sensación térmica está por encima o debajo de lo que marcan los termómetros. Aplicado el principio al señor Cepeda, yo habría asegurado siempre que pasaba largamente de los dos metros de altura; sin embargo, él reconoce “sólo” un metro noventa y uno. O sea, que la sensación espacial ofrece resultados más elevados. No parece dar importancia al hecho de tener convicciones profundas, y anda con pies de plomo durante toda la entrevista para defenderlos sin molestar. A mí, sin embargo, en estos tiempos de pragmatismo rotundo y barullo ideológico, me ha sorprendido que alguien dedicado a la política como él haga gala de una ideología muy consolidada y esté convencido de que ese debe ser el motor de su actuación pública y no lo contrario. Situándolo por ramas del saber, diríamos que es de Ciencias: informático y, de propina, alumno de tercero de Sociología. “Realmente me gusta compatibilizar lo de las Ciencias y las Letras, siempre me ha llamado mucho la atención y me ha nutrido intelectualmente”. Ha trabajado en Estados Unidos y en Alemania, sin que eso le parezca el súmmum del logro curricular. En el Partido Socialista ha hecho de todo; empezó desde abajo, subiendo escalones paso a paso hasta llegar donde ahora está.

“Tomé posesión por primera vez del acta de diputado el día 10 de junio de 2003. Nunca se me olvidará. por que me acompañó el famoso escándalo de Tamayo y Sáez. Fue un estreno traumático. Me fastidiaron bien la puesta de largo en las instituciones, en representación de mi partido”

Esos dos diputados traidores provocaron un gran terremoto político que cambió la voluntad del pueblo de la Comunidad de Madrid, que había votado giro a la izquierda y estos desaprensivos arrollaron la decisión dejándola malparada en la cuneta. Todavía hoy de esos polvos se recogen estos lodos. 

PREGUNTA.– ¿En tiempos de reajustes y acomodos, con el único objetivo de ganar, se busca que los socialistas abandonen los principios o no tengan ideología

RESPUESTA.– Yo creo que hay algunos que han pensado que la indefinición ideológica del Partido Socialista puede servir para atraer a algunos sectores sociales. Y eso a lo que está llevando es a perder nuestra propia identidad y, por lo tanto, a que la gente que tradicionalmente nos ha venido apoyando empiece a dejar de hacerlo y a perder la confianza en un partido como el nuestro. Yo creo que un síntoma característico se ha dado posiblemente en las ultimas elecciones municipales y autonómicas en Madrid. Ha sido muy llamativo cómo el partido ha dado muestras de una cierta ligereza a la hora de tomar algún tipo de decisión y de vertebrar un discurso que no ha convencido a mucha gente. Y al final, la gente no ha ido a votar ni siquiera a IU o al PP; lo único que han hecho muchísimos electores ha sido quedarse en su casa. El Partido Popular, por ejemplo, en la ciudad de Madrid, tan sólo ha sacado mil votos más que en 2003. O sea, que prácticamente no ha subido. Y eso, en términos de representación, cuando más de ciento cincuenta mil ciudadanos dejan de ir a las urnas a votar al PSM, se dispara y da la sensación de que han sacado muchos más, que han barrido; y lo realmente cierto es que el votante socialista no ha ido a votar. Y esto es producto de muchos factores y muchas variables, pero creo que buena parte de ellas tienen que ver con la indefinición de un proyecto político, sobre todo en materia de política nacional, que ha afectado directamente a una ciudadanía madrileña que vota tradicionalmente muy en clave nacional.

P.– ¿Y no será que probablemente también han observado esas personas a las que usted se refiere que cada vez pesan más los arribistas, carentes de ideología pero sobrados de ambición, gentes que uno nunca habría identificado como socialistas?

R.– Eso tiene mucho que ver con la profesionalización de los partidos políticos. En los últimos años estamos asistiendo al espectáculo que ofrece mucha gente que intenta ser profesional de la política. Quieren hacerse una profesión dentro de las estructuras de los partidos políticos y yo creo que ese es un mal endémico que hay que combatir. Y la única forma que hay de combatirlo es que la gente que ya estamos dentro, y visualizamos eso con una cierta preocupación, debemos elevar la voz, denunciarlo si es menester… Pero aquí soy tajante: yo pediría ayuda a la ciudadanía –en otros países de Europa ya lo han hecho los dirigentes de partidos de izquierda, y nosotros también deberíamos hacerlo–, para que en vez de haber dieciocho o veinte mil afiliados en Madrid, apareciera ese medio millón de votantes que no les gusta cómo están las cosas, que se han quedado en sus casas el día de las elecciones por que no les convencía el Partido Socialista, por que no querían votar a nadie porque realmente son socialistas, pero no están convencidos de que el PSOE esté en estos momentos en la mejor forma posible para representarles. Si aparecieran y, como acto rebeldía, se plantaran en las Casas del Pueblo para afiliarse al PSOE con la intención de transformarlo, yo creo que el partido cambiaría. Y, posiblemente, quienes se amparan en la profesionalización, y a base de titulitis y otros condimentos intentan someter a políticos vocacionales, no tendrían nada que hacer. La política no es una profesión: es una vocación. No es un problema de estudios, de tener un master en Harvard o no; sino de tener valores sólidos e ideología y saber convencer a la población de que nuestro proyecto es el mejor.  

Si toda esa masa que se ha quedado en su casa hiciera un esfuerzo por cambiar al PSOE, si además de dejar de votarlo se afiliaran, yo creo que cambiarían muchísimo las cosas. Estoy convencido de que la democracia no consiste en ir a votar una vez cada cuatro años. También consiste en intentar incidir directamente en los instrumentos que ella tiene como tales; y el instrumento básico que tiene, en una estructura como la nuestra, son los propios partidos. 

La mejor revolución que podemos pedir para transformar el PSOE, para hacerlo más democrático, más abierto y que realmente se parezca mucho más a la sociedad, consiste en solicitar que cada vez haya muchos más ciudadanos participando en la toma de decisiones dentro del partido. En ese contexto, muchas cosas cambiarían. Yo no tengo miedo a la democracia, no tengo miedo a que cada vez haya más ciudadanos dentro del partido. Todo lo contrario. Eso sí: tienen que venir sabiendo que llegan a un partido muy viejo, que tiene una historia y que deben ser personas comprometidas claramente desde la izquierda. El quid de la cuestión es que haya cada vez más ciudadanos, comprometidos desde la izquierda, que tomen la decisión de participar en política afiliándose al Partido Socialista; sólo así recuperaremos la confianza de la gente en los próximos años.

P.– O sea, que el quid de la cuestión es el compromiso claro desde la izquierda. ¿Es ésa una seña de identidad de los guerristas?

R.– Sin duda. Aunque antes de seguir me gustaría aclarar que eso del  “guerrismo” es sólo y exclusivamente una etiqueta mediática, una forma que tienen los medios de comunicación de diferenciarnos; no una realidad interna. Por encima de todo, somos socialistas todos, me gusta no caer en la tentación de autoetiquetarnos. Esto, como acabo de decir, es más producto de los medios de comunicación que de nosotros mismos. Sinceramente, creo que lo que sucede dentro de nuestro partido es lo mismo que sucede en cualquier organización social, donde hay personas que observan una forma de actuar, una forma de entender las cosas, en este caso el socialismo: se agrupan, ponen en común una estrategia, sus puntos vista, proyectos a desarrollar… Esto sucede en cualquier ámbito, hasta en una comunidad de vecinos. Siempre en los grupos hay personas con más afinidades que otras y a partir de ahí intentan desarrollar conjuntamente distintos puntos de vista. Tradicionalmente, desde algunos medios, eso lo denominan como “guerrismo”. Bueno, yo simplemente creo que somos personas que tenemos un concepto, dentro de lo que es el partido, bastante izquierdista. Y que históricamente hemos defendido una vieja y vigente cultura, tanto como sus viejos –aunque no obsoletos– valores. Viejo y tradicional no subrayan conceptos anticuados, sino todo lo contrario: el socialismo de siempre está más vigente que nunca, porque también en la sociedad se están dando nuevas formas de desigualdad y diría yo que más ácidas que en tiempos anteriores, cuando ya deberían ser pasado. Cada día tiene más vigencia hablar de socialismo y ser socialista.

P.– Contrasta esto con la actitud de muchos conocidos miembros del PSOE, que no parecen socialistas...

R. El PSOE es un partido muy amplio, muy grande, y cada vez se parece más a la sociedad. Dentro hay personas que tienen un concepto de la economía un tanto liberal. Lo que pasa es que también, a su vez, eso lo coaligan con un sentimiento de solidaridad y piensan que también eso es el socialismo. Son distintas formas de entender la solidaridad y la redistribución de la riqueza. Lo más importante es que esos diferentes puntos de vista al final tienen cabida dentro del partido, porque es extraordinariamente amplio. Aunque eso nos lleve también en ciertos momentos, dependiendo de quiénes estén en las instituciones o quiénes toman decisiones, a unas determinadas contradicciones. Que haya distintos puntos de vista dentro de una organización política democrática no es ningún problema, ni tiene ningún inconveniente. A mí me preocupan más otras organizaciones donde no existe ningún tipo de debate interno. Se elige digitalmente, manu militari, y evidentemente así no hay ningún tipo de contradicción pública porque no son partidos con un arraigo y con una cultura ni de debate, ni con tradición democrática. Vienen de otros conceptos, de otra forma de entender la participación y la toma de decisiones.

P.– ¿Qué diría Pablo Iglesias si levantara la cabeza?

R.– La verdad es que yo creo que se quedaría un tanto sorprendido. Porque bajo nuestras siglas, las suyas, es verdad que se han tomado algunas decisiones que efectivamente son bastante más liberales que socialistas. Pero tampoco hay que escandalizarse; lo importante es que haya contrapesos a ese tipo de decisiones. 

A las gentes que mandan en este país, a los poderosos de verdad en términos económicos, les encantaría que hubiera un solo partido moderado de derechas y otro partido moderado de izquierdas que se alternaran en el poder. Y al final, dentro del sistema democrático, a ellos les diera igual quién gobernara puesto que se trataba de partidos igualmente moderados. Porque, en realidad, serían permanentemente ellos los que mandasen. Yo siempre he combatido esa idea, porque parto de que el socialismo tiene que intentar transformar la sociedad y, por supuesto, combatir las desigualdades, no ayudar a consolidarlas. Y esto puede sentar mal a estos señores. No abogo por un partido radical de izquierdas, sí por un partido que defienda sus siglas, su historia y sobre todo a la gente que siempre ha defendido: a los que no tienen nada.

P.– ¿Tienen miedo a los guerristas, ya sé que según la terminología de los medios de comunicación, dentro del partido?

R.– No lo sé, espero que no. Ciertamente, a los que abogan por someterse a esa gente que quiere esos partidos moderados, no debemos gustarles. No los presuntos guerristas, sino los que opinamos lo que le estoy explicando. Evidentemente, yo quiero que eso no prospere. Mis ideas están en las antípodas de esa gente que tiene tanto poder en términos económicos. Ni los socialistas, ni nuestro partido, somos radicales. Pero también es verdad que, en muchas ocasiones, tanta moderación como exhibimos ha llegado a desdibujar profundamente, en términos ideológicos, a nuestro partido. Y hemos recogido algunas reacciones por parte de la sociedad española, que deja de confiar en nuestra organización y ese es un gran riesgo. Este análisis lo reivindico internamente. Si mi actitud le preocupa a alguien, me parece bien; a mí me preocupa justamente la indefinición ideológica en la que el PSOE puede caer. 

Qué tipo de partido somos lo indican nuestras propias siglas. Somos socialistas. Somos un partido de obreros. Unos obreros que hoy en día, en pleno siglo XXI, no son solamente los que están con pico y pala: también teletrabajadores, directivos de empresas que trabajan doce horas muy mal retribuidos...

P.– Periodistas…

R.– Cierto, también periodistas efectivamente. Tantos y tantos profesionales de distintos sectores que al final son realmente obreros, en el moderno concepto de estar sometidos a una férrea disciplina laboral para intentar llegar a fin de mes, que justifican claramente la “O” de nuestras siglas. Y todo eso, unido a lo de la “E” de español, indica claramente lo que al final es nuestro partido. Quien intente desvirtuar eso, está intentando desvirtuar al Partido Socialista Obrero Español. Y hay personas que intentamos evitarlo, ni más ni menos.

P.– Hemos detectado un alto grado de desolación en muchas personas, comprometidas con el proyecto socialista, que observan perplejas que cuando éste llega al poder no cuenta con ellas, pese a tener los mismos o más méritos que los que había colocado el PP y que, finalmente, son los que siguen...

R.– A algunos nos acusan de ser algo sectarios, porque cuando llegamos a las instituciones y al poder, al gobierno, tenemos claro que nos gustaría primar a la gente comprometida con nuestro proyecto. Y entonces nos dicen algunos que esa forma de entender la política, la gestión pública, es un tanto sectaria… Pues yo creo que no, que al final en eso es bastante más beligerante el Partido Popular. Y lo que no podemos hacer es que cuando llega el Partido Socialista mantengamos equipos, personas y estructuras del otro partido. Esto está muy entroncado con lo que hablábamos antes de la profesionalización de los políticos, o de algunas políticas dentro de los partidos, y también con algo que me ha sorprendido siempre, que es primar a “los independientes” frente a la gente comprometida. Esto es algo que no entiendo. Y que ha calado en algunos dirigentes de mi partido. Me deja atónito comprobar que, de repente, ser independiente, es decir aséptico, que no se sabe por dónde vas, si subes o si bajas, es un plus. Yo siempre abogaré por personas comprometidas. Cuantas más personas comprometidas con nuestro proyecto, mejor nos irá.

P.– ¿Será siempre que después el proyecto no lo desarrollen los independientes –supongo, por lo que me está diciendo–?

R.– Para mí el plus lo tienen las personas afiliadas, comprometidas. Porque eso requiere un esfuerzo, una entrega, una dedicación en la medida de sus posibilidades. Eso es un valor muy importante frente al que se siente independiente, que significa que no se moja con nadie y le da lo mismo todo. Sinceramente, a mí esa gente no me vale para desarrollar un proyecto político. Que es de lo que estamos hablando.

P.– ¿Es más leal con su gente la derecha que la izquierda?

R.– Hombre, no lo sé. En el aspecto de echar a los que estaban cuando llegan al poder, y poner a los suyos, no me cabe la menor duda. Son bastante más radicales. Pero tampoco lo veo mal. Han ganado las elecciones y no es que echen a la gente, quiero suponer que no es que hagan listas negras, porque eso sería intolerable; simplemente, como tienen el apoyo democrático de los electores, colocan en puestos clave a personas comprometidas, como deberíamos hacer nosotros. 

P.– Y adicionalmente, ¿no se está dando una cierta obsesión en los responsables de PSOE por apartar a los socialistas históricos y, además, poner en los puestos intermedios de poder a inexpertos controlables y versátiles?

R.– Ésa es al final la política de los mediocres. Cualquier mediocre que se hace con una parcela de poder tiene miedo a quienes le puedan decir cosas sobre la realidad que uno desarrolla o ejecuta. Eso siempre pasa factura. No sé si sucede o no dentro del Partido Socialista, pero quiero pensar que no es así porque eso sería creer que, en algún caso, estamos dirigidos por mediocres. Tenemos unos dirigentes que han sido elegidos democráticamente y espero de ellos que sean inteligentes en toda su extensión. La crítica política siempre es positiva. Quien no la entienda como un elemento constructivo, y sí como una agresión personal, se está equivocando. Prefiero rodearme de personas que sean capaces de decirme en qué me equivoco, o dónde lo hago peor, que ponerme en manos de un grupo de pelotas y trepas. Si uno está gobernando en un momento determinado, y se rodea de gente así, al final puede caer en pensar que el mundo es de una manera determinada y acabar gobernando un mundo absolutamente irreal. 

P.– ¿Por qué razón en zonas deprimidas, desfavorecidas, donde la gente precisa solidaridad, no ganan los socialistas? 

R.– Porque no han ido a votar nuestros votantes. 

P.– ¿Pero cómo puede ganar allí la derecha? 

R.– Porque hacen una política muy de cara a la galería. Tienen una buena política de comunicación y propagandística. Y toman una batería de decisiones en su gestión que tampoco hay que despreciar. Por ejemplo: haber llevado el metro a Villaverde, sinceramente, me parece una infraestructura en materia de transportes fundamental para la zona. El PP también se ha dado cuenta de que, gestionando de esa manera, puede conseguir votos en determinados distritos que antes no habría imaginado. Aunque también hay que tener en cuenta que sociológicamente los distritos son dinámicos. Madrid es una de las regiones más dinámicas de España. La sociedad avanza, las condiciones de las personas que habitan los barrios cambian. Por eso las ofertas de los partidos políticos no pueden quedarse anquilosadas, se tienen que adaptar también a la transformación de la sociedad. Una cosa es no perder los valores y la ideología, y otra cosa es no darse cuenta de que esos valores y esa ideología hay que irlos transformando, adaptándolos a la sociedad para la que uno trabaja. 

P.– ¿Así que el metro puede hacer olvidar la privatización de la sanidad pública, de la enseñanza…? 

R.– Yo creo que la gente ve cosas hechas por el partido que está en el gobierno. Y hay un partido, que es el de la oposición, que intenta explicarse con una voz muy difuminada, porque la labor de oposición es muy ingrata. Puedes tener trescientos proyectos, pero si careces de altavoz no llega. Por eso decía que la derrota en Madrid tiene muchas variables, no es un problema de nombres propios, ni de programa… Haría falta pararse tranquilamente y analizarlo todo. El proyecto socialista en Madrid ha quedado bastante desdibujado, me refiero respecto a su entronque en las necesidades más cercanas de la gente. En eso nuestros alcaldes han sido más eficaces, porque están gobernando ya y se lo saben. Pero cuando el debate político se establece a nivel nacional, y no a nivel regional o local, se hace muy complicado. Sobre todo para nosotros, que andábamos hablando de hospitales, de colegios… De todas esas necesidades mientras en Madrid se estaba hablando, fundamentalmente, de De Juana Chaos y del Estatuto de Cataluña. 

P.– ¿Y era tan difícil darse cuenta de eso? 

R.– Rafael Simancas lo tenía bastante claro, se dio cuenta inmediatamente. 

P.– ¿Y no actuó en consecuencia? 

R.– Pensó que su estrategia era trabajar por los madrileños y construir un discurso de Madrid y para Madrid, mientras otros estaban hablando de España. Recuerdo que en los últimos mítines Esperanza Aguirre alentaba a los madrileños a votar contra Zapatero. 

P.– ¿Nadie le advirtió? 

R.– Muchas personas… Bueno, tampoco tantas. Pero sí algunas personas que a lo largo de los últimos años, haciendo gala de eso que comentábamos, la crítica constructiva, hemos elevado la voz y hemos avisado de que algo no se estaba haciendo bien, que por ese camino podíamos ir mal. Bien, pues es curioso que una vez instalados en la debacle, los que nunca opinaban nada críticamente, los que siempre estaban diciendo que esto iba fantástico, maravilloso, sensacional, que la estrategia era perfecta…, resulta que ahora han sido los primeros en pedir la cabeza de Rafael Simancas, exigiendo corregir brutalmente el rumbo. Otros creíamos que había que actuar con prudencia y analizar tranquilamente y con rigor las causas de la derrota. Pero hay gente que está mucho más interesada en administrar los restos del naufragio, que en valorar cuál es el camino que puede llevar al éxito el proyecto socialista en Madrid.

P.– Así se escribe la historia... 

R.– Ya... También algunos medios realizan en estos días un resumen de la reciente historia democrática en España, despachando en dos líneas todos los años de gobierno socialista de Felipe González –que transformó este país de cabo a rabo–, como si casi no hubiera existido. A la derecha le gusta mucho reescribir la historia. Siempre a su favor, borrando de la memoria lo que no le interesa. Y los dirigentes de mi partido desde el 2000 deben tener también en consideración la historia reciente de este país, y a sus protagonistas.

P.– Volviendo a la militancia socialista, enlazando con la militancia histórica: ¿Es posible que la actual ya no sea lo que era porque sus dirigentes la ningunean y la utilizan?

R.– Yo creo que los militantes socialistas sienten que forman parte del paisaje. Hace unos días escuché a una concejala del Ayuntamiento de Madrid, en el Comité Federal, que decía que respecto a Madrid se podían adoptar varias actitudes: formar parte de la solución, formar parte del problema o formar parte del paisaje. Yo creo que en este momento la militancia madrileña forma parte del paisaje. Y no hay cosa peor que formar parte de una organización y no sentirte útil en ella. 

A quien me quiera oír le digo que, de cara al futuro, el PSOE de Madrid lo primero que tiene que hacer es motivar a su militancia, creer en ella, recuperarla… Hay que evitar que este partido se quede anquilosado en estructuras viejas e inservibles, además de profesionalizadas. Los militantes tienen mucho que decir de cara al próximo congreso.

P.– Es que parecía que formaban parte del paisaje incluso los miembros de las candidaturas…

R.– En alguna ocasión se ha podido dar esa imagen. También es cierto que los medios de comunicación tienden a situar al cabeza de lista como referencia de todo. Y eso genera que el cabeza de lista quiera ser sólo él mismo la imagen única y exclusiva de la campaña electoral. Y eso a lo mejor está bien como estrategia de comunicación. Si nos estamos refiriendo a Miguel Sebastián, eso era lógico porque había que proyectar la imagen de un perfecto desconocido, cuestión muy complicada que oscureció al resto de la candidatura.

P.– Y a todo esto, ¿no se ha dado en Madrid mucha prepotencia organizativa al entrar a saco en situaciones como las de Alcobendas, Móstoles, Valdemoro, Villanueva del Pardillo, Guadarrama…?

R.– Son decisiones que se han tomado desde la Secretaría de Organización, y ellos evaluaron en un momento determinado que eran las mejores opciones. Yo lo único que podía hacer era respetarlas (aunque internamente hubo quien mostró sus reservas a esa forma de actuar. Nosotros mismos dijimos que era importante evitar ese tipo de confrontación tan cerca de las elecciones). Pero es verdad que parece que los resultados electorales, tras esas decisiones que pudieron dar una imagen de fragmentación, de división interna y de lío, demostraron que habían desdibujado nuestras posibilidades.

P.– ¿Cómo se puede buscar y elegir un líder, dentro de un mes y medio, por su talento, capacidad, tirón personal, imagen…, dentro de una estructura organizativa que, según dicen, está taponada por algunos mediocres expertos en mangonear agrupaciones?

R.– Esa es una visión muy pesimista. Yo no creo...

P.– O quizás optimista informada...

R.– Tengo un amigo que mantiene que los pesimistas suelen tener razón. No, no creo. Y sí creo que el PSOE en Madrid tiene muy buena gente y muy buenos cuadros. El problema fundamental es que en los últimos tiempos no se ha contado con ellos. En las agrupaciones hay muchas personas muy cualificadas y muy preparadas. Y son las que tienen que regresar a la Agrupación y elevar la voz. El gran problema de los últimos tiempos es que, por desafección, por desilusión, por falta de credibilidad y confianza, se hayan sentido algo hastiadas. Pero ahora es el momento de volver a las agrupaciones locales y de recuperar la esencia del partido, y de que sean ellas las protagonistas. Si algo me ha sorprendido últimamente es alguna crítica respecto a que los militantes eran prácticamente los responsables de haber perdido las elecciones; pues no, mire usted, esto no es así, es al revés: la culpa de perder las elecciones es de quienes toman las decisiones sobre el partido, su vertebración y sus campañas, y esos son sus dirigentes. Y son éstos los que tienen que explicar su gestión a los militantes y no al revés. Por eso siempre es sano y positivo ir a un Congreso, sobre todo si es muy participativo.  

P.– Quizás existe una confusión en los ciudadanos, que pueden creer que de este Congreso saldrán los futuros candidatos a la presidencia de la Comunidad y a la alcaldía, y aquí realmente lo que se dilucida es sólo el próximo secretario general y su ejecutiva...

R.– Lo más importante en este momento es recuperar el partido, reestructurarlo. Tengo bastante claro que el PSM necesita una mayor musculatura y por eso reclamaba mayor participación ciudadana dentro. Y además de eso, necesita una nueva dirección que tenga esa amplitud de miras. Pero debemos tener claro a qué se nos convoca y es exactamente a lo que se plantea en la pregunta. El trabajo de un secretario general del partido no tiene nada que ver con el trabajo de un candidato. La suya es una gran tarea: dinamizarlo, hacerlo más poroso a la sociedad, motivar a los militantes..., tiene que ser el primer paso para lograr ganar las elecciones. Es importante que este secretario general y toda la ejecutiva estén dedicados muy mucho a las agrupaciones y a redimensionar, dinamizar y motivar las estructuras orgánicamente establecidas. Luego ya se hablará del candidato. Antes es imprescindible que estemos fuertes, cohesionados y con una estructura eficaz de cara a la ciudadanía, para dar respuesta a los problemas que la gente nos plantea. Y para eso yo soy partidario de crear más estructura. En Madrid hay agrupaciones que dan cobertura a más de doscientas mil personas. Creo que eso es una misión imposible para una Casa del Pueblo con pocos medios y recursos. Hay que ampliar su número y dar más medios.  

P.– ¿Si José Cepeda fuera candidato a la secretaría general, haría una candidatura contando con todas las tendencias, con todos? 

R.– Sin duda. Yo creo que nadie sobra en Madrid. Pienso que lo más importante para el futuro del socialismo madrileño es que abarque pluralmente todas las tendencias, sus formas de entender el partido, los legítimos intereses y ambiciones y a quienes defienden distintos puntos de vista en términos ideológicos, para al final construir un proyecto plural que sea referente de la sociedad con la que interactúa. Para que el Partido Socialista vuelva ser como la sociedad madrileña, y referente de ella misma, toda esa gente tiene que tener cabida. Porque de todo ello saldrá un gran proyecto y no creo que haya que excluir a nadie. 

El resultado final tiene que ser un partido fuerte y unido.  

P.– Se necesitan más de doscientos avales. ¿Los tendría? 

R.– Doscientos doce. Si nos pusiéramos ahora mismo a recoger firmas tendríamos bastantes más. Pero esa no es la cuestión. Insisto en que se trata de analizar qué ha sucedido. Y cuando una amplia mayoría tengamos ese diagnóstico, entonces debemos buscar y decidir qué persona debe ser la que lidere el proyecto. Hablar de la persona debe ser el final. Aunque es verdad que ya en fase de puesta en marcha del Congreso, y marcado el calendario, tenemos que empezar a hablar de personas. Pero me gustaría hablar, más que de nombres propios, de proyectos. Y en esta última semana estoy oyendo hablar mucho de nombres propios.  

P.– Vivimos un mundo de nombres propios... 

R.– Pues tendremos que hacer un esfuerzo intelectual colectivo por llegar más allá. Habrá que buscar personas, pero que tengan equipos y proyectos compactos y solventes detrás. Y yo creo que, además, eso es lo que nos están demandando los ciudadanos de Madrid. 18 junio 2007  

 


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