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JAIME GARCÍA GARCÍA


Unamuno sentía hambre de inmortalidad

Miguel de Unamuno
 

“Unamuno siente hambre de inmortalidad. No acepta la muerte de lo material y la supervivencia de lo inmaterial. Quiere una inmortalidad de todo su ser: alma y cuerpo. Siente el hambre de inmortalidad como algo físico. Exige, necesita la inmortalidad de todo su ser. «Si yo voy a morir del todo, nada en esta vida tiene sentido»”.

Así se manifestaba el profesor Andrés Amorós para hablar de Miguel de Unamuno, en la segunda conferencia dentro de un ciclo de cuatro sobre Literatura española y realidad ofrecido por la Fundación Universitaria Española.

Ante un público que abarrotó el Salón de Actos y que ocupó las salas adyacentes donde siguió la conferencia a través de una pantalla, el profesor Amorós repasó durante una hora la literatura de Unamuno y su obra San Manuel Bueno, mártir.

Según Amorós, el escritor perteneciente a la Generación del 98 se aparta de la corriente de la novela realista ya que no le interesa ese realismo descriptivo sino la realidad interior. “Unamuno plantea problemas de la realidad del ser humano. Para Unamuno la realidad del ser humano es la muerte. El escritor es muy radical en esa cuestión, si se va a morir para siempre él se desespera. La novela de Unamuno no es una novela realista, es una novela de realidad. Y para él la realidad es la angustia vital ante la duda de la muerte”.

Ante ese “hambre de inmortalidad” que siente Unamuno, el escritor es profundamente religioso. Defiende como posición válida permanecer en la duda apasionada y angustiada. Unamuno pensaba que ante la duda de saber si seremos inmortales, necesitamos un consuelo. Y ese consuelo es la religión.

Según Andrés Amorós, los personajes del escritor bilbaíno son personajes ambiguos, misteriosos, “como somos las personas en la vida. Porque el ser humano tiene una complejidad que no se reduce a una forma”. Amorós afirmó que de los personajes de Unamuno “sabemos algo y mucho no lo sabemos con lo cual se despierta nuestra curiosidad”. Por eso la técnica que utiliza en San Manuel bueno, mártir es verlo desde fuera, desde una perspectiva. “Si es una novela del mundo interior, lo lógico es hacerlo en primera persona. Por eso utiliza la otra técnica. Así mantiene la complejidad del personaje, el interés. El resultado es que al terminar la obra no conocemos a Don Manuel”.

Don Manuel es un personaje complejo. Es un sacerdote ejemplar que no cree en Dios, problema en el que tiene un interés apasionado que no logra resolver en su interior. Pero al morir, quizás lo resuelve: «Y ahora, al escribir esta memoria, esta confesión íntima de mi experiencia de la santidad ajena, creo que Don Manuel Bueno, que mi San Manuel y que mi hermano Lázaro se murieron creyendo no creer lo que más nos interesa, pero sin creer creerlo, creyéndolo en una desolación activa y resignada. Y es que creía y creo que Dios Nuestro Señor, por no sé qué sagrados y escrudriñaderos designios, les hizo creerse incrédulos. Y que acaso en el acabamiento de su tránsito se les cayó la venda. ¿Y yo, creo?»

El personaje de Don Manuel encarna el “hambre de inmortalidad” que siente Unamuno. Nos muestra una novela de realidad. De la realidad de Unamuno y la nuestra. Sentimos la angustia vital de un ser humano.
1 diciembre 2007

 


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