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LORENZO RODRÍGUEZ GARRIDO
Expiación...
mediante la literatura
Llevo varios
días queriendo hablarte sobre “Los crímenes de Oxford”, la última película
de Alex de la Iglesia, para evitar que cometieras el crimen de pagar siete
euros por semejante mamarrachada. Una vez más he fracasado en mi
propósito; la pereza me ha impedido advertirte antes (es soporífero
escribir sobre películas que no cuentan nada) y tú ya has acudido a verla.
Perdóname. Voy a intentar que pases por alto este desliz mío
recomendándote una que acaban de estrenar: “Expiación”.
La palabra es el arma más peligrosa que existe, bien lo sabes. A cada
instante disparamos palabras, ya sean habladas o escritas, éstas se posan
sobre nuestro objetivo y esperamos impacientes a ver qué efecto producen.
Este acto cotidiano, en el mejor de los casos, sólo encierra una pequeña
dosis de soberbia: la necesidad de ser preferidos a otros, de demostrar
que también somos capaces de captar la atención de alguien ya sea
utilizando frases solemnes, retórica vacua o lisonjas pseudopoéticas. Si
conseguimos nuestro propósito, y no es muy difícil, lo máximo que
llegaremos a sentir es un leve cosquilleo en nuestra vanidad. Ínfimo
logro. Puro humo. Otras veces, sin embargo, con nuestras palabras
pretendemos ir mucho más allá, cruzar la intangible frontera y adentrarnos
en territorios resbaladizos y bastante peliagudos. De forma subrepticia o
no, el caso es que destapamos la caja de Pandora sin llegar a imaginar el
alcance de las consecuencias y sin darnos cuenta de que a lo mejor ya no
hay marcha atrás.
Precisamente sobre esto último trata “Expiación”, el excelente drama de
Joe Wright (“Orgullo y Prejuicio”) basada en la novela homónima de Ian
McEwan. Dirigida con buen pulso narrativo, aunque el ritmo decae en la
segunda parte para volver a atraparnos con su poderoso final, y
visualmente admirable, toda la historia gira en torno a unas palabras que
nunca debieron escribirse y decirse, en torno a una niña que aprovecha un
malentendido para arruinarle la vida a dos personas que comienzan a amarse
(recordemos “La calumnia”, de Willian Wyler). Años después esta niña, ya
adulta y arrepentida, iniciará su tortuosa expiación mediante la
literatura, ese vehículo que nos sirve para modificar los errores y para
vivir lo que pudo ser y no fue. Muy recomendable.
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