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CECILIO URGOITI La búsqueda de la pluriculturalidad
¿Qué deducimos por globalización? ¿Cual es la necesidad de encontrar soluciones a los diferentes problemas que la globalización comporta? ¿A qué decisión pluriticultural consensuada se puede llegar para lograr acuerdos políticos efectivos y a políticas sociales que sean mundialmente aceptadas? Fuera del ámbito neoliberal preguntas como estas son planteadas y son muchos los que buscan respuestas a una convivencia social universal. Para abordar la globalización, deseo señalar la definición del término globalización, este será uno de los muchos que diariamente encuentro, buscando un sentido a lo que no hace muchos años llamamos capitalismo o imperialismo anteriormente, podemos definirla como “una serie de procesos, por los cuales los estados soberanos se entremezclan e imbrican mediante actores transnacionales y sus respectivas probabilidades de poder, orientaciones, identidades y entramados”. Si lo vemos desde un punto de vista ostensible, el hombre siempre ha buscado rutas comerciales y lazos de comunicación para poder solucionar sus inconvenientes y satisfacer sus necesidades personales y en conjunto como sociedad, sociedad que empieza por ser un núcleo con tradiciones y creencias que la distingue de otras, conformando un grupo cultural diferente. Estos “grupos culturales” buscan su óptimo bienestar, escudriñando, por consiguiente nuevas rutas, y partiendo de la base que las necesidades son renovables. Por lo tanto, cuando hablamos de globalización estamos hablando de algo que tuvo sus comienzos en otra época y que ahora está en un punto fustigador, en el cual convergen todas las culturas y el nivel de comunicación es excelso, con un costo, que implica solo algunos segundos para poder comunicarte con alguien al otro lado del mundo. Además, junto a este avance tecnológico y de comunicación hay que sumar el avance económico que este implica y la mano de obra que se necesita, y así es como vemos migración y por consecuente un multiculturalismo progresivo. El inconveniente que surge al imbricar varias culturas, es que se manipulan aspectos morales y éticos acerca de lo “correcto” y no es los mismos para todos los ethos, es más, suele costar mucho encontrar coincidencias entre costumbres y tradiciones, y aquí es cuando nos topamos con la necesidad de una ética universalmente aceptada para solapar conflictos. A la hora de buscar una ética universal se agrupan demasiadas posiciones parciales, muchas veces opuestas y muchas otras que no podrán ser representadas en su totalidad, debido a que cada ente que forma parte de un ethos tiene su propia concepción ética y sus valores particulares, lo que dificultará aun más la búsqueda de este consenso mundial. Ahora, en estos casos se mezclan dos agentes que según mi opinión son trascendentales, uno sería la moralidad y el otro la eficacia de cada ente, para ilustrarlo y expresarlo de mejor forma retomaré un ejemplo con respecto de lo ya propuesto al comienzo. En el momento en el que un ethos en particular busca rutas, lazos de comunicación y nuevos territorios, la razón es una, el bienestar, y esto puede llevarse a cabo manteniendo una relación “cercano-distante” con otro ethos. ¿A qué me refiero con una relación cercano-distante? A la actitud con que una cultura resistirá a otra, sosteniendo un punto de unión donde por conveniencia los dos se verán beneficiados y distantes culturalmente para evitar problemas éticos referentes a lo “correcto” sobre tradiciones, costumbres y creencias, creando un objetivo con el fin de salvaguardar una especie de relación fría, circunscribiéndose solo al asunto de conveniencia en cuestión. Esto es lo que yo entiendo por multiculturalismo, la unión de las diferentes culturas, donde cada una mantiene intacta todo su acervo cultural y coalicionado. De tal manera podemos ver la idea del Estado-Nación que surge en Europa en 1789, existiendo la soberanía como objetivo de ese país, pero tratando, también hoy, que la cultura a prevalecer es la del estado de acogida. La Globalización ha ido cambiando la concepción idearía que manteníamos del Estado y los ha vuelto mas permeables al ir estos cediendo soberanía a las Organizaciones Internacionales fruto de los tratados suscritos y ratificados posteriormente. Como podemos deducir, aquella relación de frialdad se ha visto trastocada y colapsada actualmente, debido a las relaciones de libre comercio entre otras y, una globalización que estimula cada vez más la migración, siendo aquí, donde se da un caso de tropiezo de fuerzas, por un lado el ente emigrante o inmigrante es capaz de dejar su moralidad en un segundo plano, con el fin de poder adaptarse a otros movimientos culturales, con el objetivo de favorecer su conveniencia personal. En la mayoría de las ocasiones esa aceptación de otra cultura, es engañosa, poco fiable e imposible de llevar a cabo, ya que el país de acogida lo que ha hecho es imponerles su cultura, de tal forma que quien no acepte dicho embate se ve obligado a renunciar a todo aquello que le acercaba al bienestar. Además, por tratar de hacer un análisis positivista, ante un movimiento globalizado no solo se ve beneficiado aquel ente mígrate al que hacíamos mención, sino también todas las naciones que convergen a favor a sus beneficios, probablemente mucha gente esté en desacuerdo con esto, bajo sus particulares puntos de vista, pero aun así, trato de hacer un análisis positivo acerca de este tema en cuestión. La cuestión es clara y todos estaremos de acuerdo, o al menos así lo pienso, en que es necesaria una ética acerca de lo “correcto” que nos aune a todos, pero la gran traba y consideración de todo este asunto, son las conveniencias y los beneficios que están en juego; y es este el caso en donde vemos que la inmensa mayoría de entes ponen en un originario plano sus conveniencias y en muy pocos casos están dispuestos a ceder. Hay un adagio que es bastante viejo, pero no menos cierto, que dice “tu libertad termina cuando empieza la mía” y creo que nos puede resultar de una perfecta aproximación, donde vemos enfrentadas dos posiciones, que resultan ser antagónicas como son la globalización y la ética en debate. La globalización es una especie de autómata que no se detiene y no tiene marcha atrás, embelesando a todo aquel que encuentre a su paso, para así establecer un gran dispositivo, que hasta el momento, no está pactando en ninguno de los ámbitos que aborda. ¿Se alcanzará un acuerdo “ético internacional” más enérgico que la necesidad de bienestar? Creo que no es posible en la actual estructura mundial, establecer una coexistencia entre la globalización y la ética, dado que son, convicciones opuestas e ideologías antagónicas. Además induzco de mi posición que, en estos momentos, estamos en un mundo que está siendo alterado constantemente por mercados de capital y con libre circulación de los mismos y que estos a su vez han superado todo tipo de barreras jamás imaginadas, generando constantemente conflictos que nos tocan de una u otra forma. La única viabilidad para afrontar, y en alguna medida resolver este inconveniente, sería necesario cierto grado de tolerancia ante las diferentes particularidades del ethos, puesto que la fuerza que nos empuja a la globalización es más fuerte que la fuerza que nos empuja hacia el encuentro de una ética universal, a esto lo llamo pluriculturalidad, de tal forma, que en vez de sumar culturas, la multiculturalidad, que nos llevaría a un aislamiento de las culturas en conflicto, bajo el dominio de aquellas potencias culturales que manejan en mayor porcentaje la posición mundialmente ofensiva contra culturas menos representadas a nivel global. Lo que habría que hacerse seria buscar la integración en una única cultura, tan plural, como objetivo de integración que nos permita la convivencia en igualdad de condiciones, formando un ethos principal de valides para todos y del que emane una pluralidad de conciencias firme en los principios y divergente en el cercano-distante que veíamos al principio. En efecto, la globalización no es más que una actividad a la cual la raza humana tiende por inercia y con mayor razón si las políticas de tendencia mundial son neoliberales, las cuales no solo son un punto de partida para la actividad en tema como ya hemos visto, sino, estimulan cada vez más su práctica con ideales que resultan bastante convenientes para la gran mayoría de posiciones a nivel mundial. Entiendo que es ineludible decir que un pacto tolerante, ante las posiciones del ethos principal no brotará nunca de la conveniencia, sino del grado tolerante, a nivel de conciencia. Y además, que tan conciente este esté, de su concepción ética, para así ayudar en ese consenso mundial de la tolerancia. Acerca de la búsqueda de factores éticos frecuentes entre las posiciones del ethos, convendría que los comunes denominadores estén influenciados directamente por las grandes potencias económicas, culturales… Un gran avance fue, por ejemplo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que sin duda es un denominador común, sin embargo, no es efectivo para aplacar diferencias del ethos puesto que este protege la integridad de cada ser humano, lo que no significa proteger a las diferentes culturas. En
conclusión, la actividad económica y cultural del ser humano tiende a la
globalización, siendo esta inevitable por motivaciones y conveniencias
ajenas a la protección del ethos. El mundo tiende a una configuración
basada en un sistema globalizado, donde la ética universal es una
necesidad, pero no existen muchas posibilidades para el consenso global en
esta materia, puesto que hay márgenes que significan impedimentos por
conflictivos entre la moralidad y las conveniencias mundiales. Pero si nos
paramos aquí, nunca avanzaremos hacia una integración, Sami Naïr se
preguntó por el camino para replantear los problemas que enemistan a las
sociedades de diferentes culturas, en el curso de una conferencia en la
Fundación Cesar Manrique, allá por el 2005 y detalló tres condiciones
indispensables: “tolerancia, educación para la tolerancia, y educación
para la diversidad a través del encuentro, asumiendo incluso el riesgo de
la confrontación con el otro”. La propuesta es un diálogo para llegar a un
núcleo de valores comunes dentro de una cultura de la modernidad. La
Alianza de Civilizaciones es una buena manera de buscar la orientación a
ese objetivo que hoy esbozo como pluriculturalidad.
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