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JOSÉ MANUEL PÉREZ La cumbre del
G-8, otra oportunidad perdida Buenas palabras pero pocas medidas concretas. Así se puede resumir lo que ha dado de sí la última cumbre del G-8, celebrada desde el lunes en Hokkaido (Japón). A pesar de la voluntad de los principales líderes mundiales de destinar diez mil millones de dólares para el Programa Mundial de Alimentos, nada se ha hablado de la puesta en marcha de medidas contra las causas de la crisis que supongan un cambio real: nada sobre deuda externa, nada sobre medidas comerciales, nada sobre coherencia de políticas internacionales… Nada. Y nada se ha hablado del cumplimiento de la cumbre de Gleneagles donde las potencias se comprometieron a duplicar sus ayudas a partir de 2010. Ni siquiera se ha llegado a acuerdo firme en lo referente al uso de biocombustibles, cuestionados como una de las causas del aumento del precio de los alimentos. Mención aparte merece la negociación sobre el cambio climático. Los ocho países más poderosos del mundo, responsables del 40 por ciento de las emisiones de CO2 –a pesar de sólo albergar al 13 por ciento de la población mundial–, parecen contentarse con reducir a la mitad las emisiones de cara al año 2050, una medida a todas luces insuficiente, casi ridícula, dados los índices de polución actual. De hecho, a pesar de que en esta ocasión se haya sumado EEUU, supone un paso atrás respecto al Tratado de Kyoto que abogaba por reducir del 25 al 40 por ciento las emisiones para 2020. La medida ya se ha encontrado con el varapalo de China e India que han anunciado su no respaldo a este acuerdo, poniéndolo así en entredicho. El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha mostrado públicamente su decepción tras la cumbre y ha apuntado al 25 de septiembre, fecha de la próxima revisión de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, como oportunidad para retomar un impulso en favor de la lucha contra la pobreza. No habrá que esperar tanto para pulsar la verdadera voluntad de los gobiernos ya que el 21 de este mes se reúne en Ginebra la Organización Mundial de Comercio para tratar de concluir la Ronda de Doha. Habrá que ver si la cita sirve para acordar políticas más justas con los países en desarrollo y, particularmente, con aquellos que están padeciendo ya las consecuencias del aumento de precios. La cumbre de
Hokkaido ha servido para mostrar la preocupación de la ciudadanía
global por la crisis alimentaria. No en vano, el Llamamiento Mundial
contra la Pobreza, del que forma parte la Coordinadora de ONGD de
Castilla-La Mancha y la Alianza Castellano-Manchega contra la Pobreza a
través de la campaña Pobreza Cero, ha reunido más de un millón de firmas,
entregadas al primer ministro japonés, solicitando medidas urgentes de
apoyo a los países del Sur, como la inversión en producción agrícola o el
freno a la especulación alimentaria internacional.
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