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BEATRIZ RASO
Iglesia Anglicana: ¿Un paso hacia la igualdad?
Obispas. Ese es el motivo de tanta controversia. La Iglesia anglicana
está muy presente últimamente en los medios. ¿Debido a qué? A la
decisión tomada el pasado 7 de julio por el Sínodo General, tras un
debate intenso de seis horas, de autorizar, finalmente, la ordenación de
obispas.
Ya hace algunos años, en concreto en 1994, la Iglesia anglicana ordenó
por primera vez mujeres en el sacerdocio. Y hace dos años, se
comprometió a aceptar la ordenación de mujeres obispos, como ya hacen
los anglicanos de Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelanda.
Esta medida ha desatado opiniones para todos los gustos. Se establece la
eterna división entre liberales y conservadores. Por una parte, los
sectores más tradicionalistas se muestran en contra, e incluso 1300
sacerdotes habían amenazado previamente con dejar la Iglesia anglicana
si no se les garantizaba el derecho a no reconocer a las mujeres
obispos.
Otra propuesta con el objetivo de evitar el cisma, aunque finalmente se
votó en contra, fue la creación de varios superobispos masculinos y
nuevas diócesis para las parroquias opuestas a aceptar mujeres obispos.
La tendencia liberal considera insultante que las mujeres no logren
alcanzar posiciones de poder. Por contra, los conservadores argumentan
que no hay precedente de mujeres obispo porque los apóstoles de Jesús
eran hombres. Continúan aferrándose a la tradición sin darse cuenta de
que los tiempos corren. Parecen o quieren mantenerse ajenos al despegue
de la mujer.
La reforma tampoco ha gustado demasiado a la Iglesia Católica. El
Vaticano la ha calificado de obstáculo para la reconciliación entre
Iglesia Católica y anglicana. Cambio demasiado drástico para una iglesia
en la que los sacerdotes y los obispos son exclusivamente del sexo
masculino y las mujeres no pueden oficiar la misa.
Parece ser que, para la Iglesia Católica, la mujer, pese a encontrarnos
en el siglo XXI, tampoco en el ámbito religioso, en el que supuestamente
tenían que predominar ideas de libertad, igualdad y justicia, ha podido
equiparar la posición ejercida por el hombre.
Mi pregunta, y supongo que la de muchos, es: ¿acaso la mujer no está
capacitada para desempeñar el mismo papel que el hombre? Sin duda,
demuestran, una vez más, que la Iglesia es uno de los pilares que
sustentan la sociedad machista que nos rodea. Menos mal que medidas de
este tipo provocan el ansiado cambio. Las pequeñas voces, antes
ignoradas, comienzan a ser escuchadas. Eso si, tendremos que esperar
hasta 2014 para conocer a las primeras mujeres obispas.
Generando todavía más polémica en torno a la situación de la iglesia
anglicana, aparece también estos días en los medios el caso del primer
obispo homosexual de la iglesia anglicana, Gene Robinson. Éste fue
ordenado obispo por la Iglesia Episcopaliana de Estados Unidos en 2003.
En los últimos días ha tenido que hacer frente a los insultos de varios
de sus fieles. En uno de sus sermones, uno de ellos dedicó al prelado
algunas “perlas” como “hereje” o “arrepiéntete, arrepiéntete”. Una
muestra más de la homofobia que aún reside en muchos. Ingenuos aquellos
que creyeron que la fe y los preceptos cristianos implicaban tolerancia,
comprensión o respeto por las decisiones personales de cada uno.
Lamentable es, pero cualquiera puede reconocer que, todavía hoy, se
considera la homosexualidad distante de la normalidad.
A todo ello hay que sumar el hecho de que Robinson haya sido excluido de
la importante conferencia episcopal de Lambeth, en Canterbury, que se
celebra cada diez años con la asistencia de todos los obispos
anglicanos, la cual tuvo lugar el día 16.
El arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, decidió mantenerle al margen
de la conferencia en un esfuerzo por preservar la unidad de su Iglesia,
dividida por los partidarios y los detractores de la ordenación de
mujeres y homosexuales.
Seguramente, el objetivo inmediato de la decisión de Williams fue
acallar voces, poner freno a la inmensa polémica que se ha
desencadenado. Sin embargo, se puede decir, que no lo consiguió. Es más,
solo ha contribuido a fomentar la indignación de aquellos que defienden
la libertad a la hora de escoger la tendencia sexual.
Todo ello a pesar de que la Iglesia anglicana pidió a sus fieles, unos
80 millones en todo el mundo, tratar a los homosexuales, bisexuales y
transexuales "con compasión" y a considerarlos "iguales" como
cristianos. Parece ser que esta petición cayó en el olvido.
La iglesia, en general, debería ser consciente de que optar por los
extremos no es una buena idea. Aunque cada vez sean menos, existen
sectores más radicales que han decidido decir si a la “pureza” en vez de
modernizarse y acoger la diversidad. El precio puede ser muy caro. Una
sociedad cada vez más laicista o simplemente agnóstica puede tener la
última palabra. Muchos piensan que la Iglesia es el principal motivo
para dejar de creer en la religión.
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