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BEATRIZ RASO


¿Primarias o no primarias?
 

Barack Obama. Ese es el nombre del candidato demócrata en la carrera a la Casa Blanca. ¿El oponente? El republicano John McCain. Quién será el elegido se decidirá el 4 de noviembre, día en que tendrán lugar las elecciones que determinarán quien es el sustituto de George W. Bush. La limitación de solo dos mandatos que se establece en Estados Unidos provoca que el “cerebro” de la Guerra de Irak se quede fuera.

Otras opciones eran Hillary Clinton, esposa del anterior presidente, Bill Clinton, del lado de los demócratas, y Mike Huckabee, por parte de los republicanos.

Destaca la candidatura de los demócratas por, ante todo, buscar el cambio. De haber ganado en las primarias y posteriormente en las elecciones de noviembre, Hillary Clinton se hubiese convertido en la primera mujer presidenta de los EEUU. Podía haber seguido la estela de Michelle Bachelet o de Angela Merkel, pero el pueblo, siempre soberano, decidió lo contrario.

De todas formas, se hizo historia, al convertirse Obama en el primer candidato negro de uno de los dos principales partidos y aspirante a la presidencia. No se puede negar la impresionante evolución de un país en el que las ideas racistas estaban hasta hace poco bien arraigadas. Hasta tal punto es así, que algunos han optado por denominar a Obama como “la gran esperanza blanca”, por encarnar el sueño de reconciliación en un país con profundas divisiones raciales. No queda tan lejano el recuerdo del Ku Klus Klan que a tanta gente atormentó. Por ello, es un síntoma de progreso que, por fin, podamos ver algo de pluralidad en unas elecciones presidenciales.

De cualquier forma, el proceso de elección no será fácil y si por algo se caracteriza el sistema estadounidense, a diferencia del español, es por las primarias. Efectivo les habría parecido a muchos que en el sistema electoral español sucediese algo similar. Quizás así se hubiese evitado todo el debate sobre si Mariano Rajoy debía seguir siendo el candidato popular o, por el contrario, debía ceder paso a algún otro de los rostros conocidos del PP.

En el caso de haber primarias es indudable que el pueblo militante del PP hubiese tenido la última palabra. Pero en un país donde la nominación de los candidatos presidenciales es, por lo general, responsabilidad de las direcciones de los partidos políticos, se ha decidido que finalmente Mariano Rajoy lo intente de nuevo. Un viejo refrán dice que a la tercera va la vencida. Quizá por ello desde el PP siguen apostando por un líder que para algunos nunca fue.

El caso es que, por el momento, es el único. No hay ningún otro candidato a la presidencia. Ni Aguirre, ni Costa, ni ningún otro, pese a todo lo rumoreado, se han atrevido a dar un paso hacia delante. Los llamados “críticos” quedaron simplemente en eso, críticos, pero no parece que disidentes.

En definitiva, sin primarias, una vez más el ciudadano votante de a pie no podrá elegir previamente dentro de su opción. El sistema electoral estadounidense da que pensar. Probablemente fuese una opción interesante poder escoger el candidato del partido que quieres votar y evitar así estas crisis de liderazgo que han desembocado en la archiconocida crisis del PP.

Cierto es que también los hay que opinan que las primarias no tienen cabida en un sistema en el que, pese a que existen dos partidos mayoritarios, como en Estados Unidos, también hay otros que, aunque sin posibilidades, intentan sumar votos. Hay, por tanto, un bipartidismo bastante más pronunciado al otro lado del Atlántico. Aquí siguen teniendo peso los partidos nacionalistas y algunos más.

También añaden como inconveniente de las primarias que generan divisiones internas en los partidos. Además hay que reconocer que cualquier tipo de división o conflicto en el seno de un partido es un asunto de gran interés por lo que rápidamente todos los medios de comunicación se hacen eco y tratan, exacerbando si cabe, la posible crisis.

Afirman, además, los no partidarios, que los militantes no garantizan escoger al mejor candidato. Pero hay que recalcar que mejor o peor, ante todo sería el que por democracia directa se ha elegido. Temen que el pueblo se deje llevar por simpatías o intuiciones, sin entrar a valorar cual es realmente el mejor preparado y el que va a desempeñar su labor de mejor forma.

Otro de sus argumentos es que un líder establecido a través de unas primarias puede no ser del agrado de gran parte de los miembros del partido, lo cual no beneficiará en absoluto el buen desarrollo de la legislatura.

Los detractores de las primarias alegan también que al prestar más atención a las personas que a los programas, debilitan las estructuras partidarias.

Está claro que las opiniones son diversas, como siempre, para todos los gustos. Pero uno de los motivos clave de que en España no tenga cabida este sistema quizás sea el hecho de que supondrían unos procesos muy costosos, material y económicamente hablando, que no serían rentables.

Por tanto, por el momento, nos quedaremos sin primarias, mirando de reojo, eso si, que sucede en noviembre muchos kilómetros al oeste. La batalla Obama- McCain ya está en marcha.15 agosto 2008
 

 


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