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LORENA VÁZQUEZ
El nacionalismo gallego: Después de los denominados “séculos escuros”, que van desde la época de los Reyes Católicos hasta el siglo XIX y durante los que se prohibió el uso de la lengua gallega, tiene lugar a mediados del siglo pasado un movimiento, en principio literario y, en paralelo con otros movimientos similares acontecidos en otras regiones, denominado “Rexurdimento”, que pretendía una situación de igualdad entre el uso del gallego y el castellano. “Rexurdir”, florecer, reaparecer. Término unido inexorablemente al éxito y al progreso. Sin embargo, aparecen muchas dudas sobre los logros reales conseguidos por éste. Son innegables los avances conseguidos en materia lingüística, como bien lo demuestra el reconocimiento del gallego como una lengua y no un dialecto y la creación de la Real Academia Gallega. Se puede situar el nacimiento del nacionalismo gallego propiamente dicho en la asamblea que las “Irmandades da fala” celebraron en Lugo en el año 1918. En 1931 nació el Partido Galeguista, unión de varios grupos nacionalistas tanto de izquierdas como de derechas, que hizo suyo el programa de las Irmandades liderado por Castelao y con un éxito notable. En las elecciones de 1936 se celebró un referéndum sobre el Estatuto de Autonomía aprobado por un 99,05 por ciento de los votantes. Sin embargo, la sublevación militar del 18 de julio paralizó todo el proceso y durante la dictadura franquista todo el movimiento relacionado con el nacionalismo y la lengua gallega fue duramente reprimido. En 1963 nació el Partido Socialista Galego, que se limitaba a la actividad cultural. La autonomía llegó en abril de 1981 con la aprobación del Estatuto de autonomía. El único partido actual con presencia en el Parlamento de Galicia es el Bloque Nacionalista Galego, posicionado en una izquierda moderada y con Anxo Quintana a la cabeza. En los últimos años el BNG ha querido mostrar una postura mucho más moderada, pero si de verdad quiere situarse más cara el centro izquierda debe estudiar la posibilidad de sustituir los fundadores con otras personas más jóvenes y, sobre todo, con perfiles más “catch-all”. Para conseguir esto es necesario tener una nueva generación de militantes jóvenes que puedan asumir cargos políticos. Pero esto es algo de lo que los nacionalistas gallegos carecen en este momento. De hecho, el BNG presentó los candidatos con la edad más alta de los tres principales partidos en los comicios recientes. Además, los logros conseguidos por esta fuerza política se quedan muchas veces más en palabrería y promesas patrióticas que en hechos reales y palpables. En palabras del teniente de alcalde de Vigo por el BNG, Santiago Domínguez, “los nacionalismo somos opciones políticas que no tienen que ver con la ruptura de nada, sino que fundamentalmente viven y trabajan para fortalecer, para elevar la calidad de vida, para defendernos de nuestro entorno. El nacionalismo gallego lo único que pretende es que nos dejen trabajar aquí, que podamos redistribuir nuestras riquezas en Galicia, y que todo aquello que nuestra tierra merece por lo que tiene contribuido al Estado español se nos tenga en cuenta”. Sin embargo, estas intenciones no pasan de ser meras pretensiones y Galicia sigue siendo una de las comunidades más olvidadas en muchos aspectos por el gobierno central, sin apenas iniciativas y medidas para la mejora de la infraestructuras. Es evidente la necesitad del BNG, y del nacionalismo gallego en general, de crecer, de hacerse notar, conseguir una madurez que le haga “rexurdir”con más fuerza para hacer de Galicia algo más que un lugar valorado por su ruta gastronómica y jacobea, y demostrar la verdadera riqueza de la tierra del Apóstol.
En su favor está que el BNG es, relativamente, una fuerza política joven
y le queda aún mucho tiempo para descubrir la receta electoral que pueda
llevarlo a elegir el camino correcto.
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