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PEDRO FERNÁNDEZ VICENTE ¡Y, por fin,
Españaaaaaaa gana la Eurocopa! Nunca está todo dicho, pero este equipo, esta selección de fútbol, esos jugadores que despertaban los aficionados un doble sentimiento de esperanza y desconfianza, son los que todos hubiésemos definido como el equipo de nuestros sueños. Ganar la Eurocopa y encima sin perder, vapuleando a un campeón del mundo, metiendo siete goles en los dos partidos a una Rusia que mandó a Holanda a su casa con facilidad, y finalmente destrozando el mito ese que circula por Europa de que “Alemania siempre gana”, ha sido un buen premio. No se puede pedir más. Alguien dijo una vez de Luis, o quizá más de una vez, que era el sabio de Hortaleza. Ahora lo ha demostrado. Ha hecho un equipo sin Raúl. Sigo pensando que Raúl y Guti hubiese sido bueno que estuvieran en esta selección, para jugar en momentos concretos, como el día de Italia, por ejemplo, pero siempre he respetado su opción. Un entrenador conoce los motivos por los que toma una decisión, es el que mejor conoce a los jugadores. Y, al parecer, Luis lo sabía, los conocía. Pero estos son los momentos de felicidad que todos sentimos y hay que vivirlos con intensidad. Las alegrías en el fútbol son fugaces, duran apenas un día, apenas unas horas. Y España, los españoles, los aficionados se merecen estos momentos de gloria. De todas formas, esta Eurocopa ha creado nuevos aficionados al fútbol. Se han incorporado muchos de esos que habitualmente critican el fútbol. Esposas, hartas de la afición de sus maridos, en esta ocasión, en vez de criticar tantos partidos en la “tele”, se han incorporado a chillar, a cantar el “podemos” de Cuatro que, por cierto, ha sido una baza a tener en cuenta, ha sido una llamada a la afición, que ha tenido mucho que ver con que tantos millones de aficionados y observadores se hayan sentido atraídos hacía un mismo proyecto: ganar la Eurocopa. Y se ha ganado. No podía ser de otra forma.
De la final se
pueden decir muchas cosas, se pueden explicar matices técnicos, pero es la
hora de disfrutar, de ser felices recordando el gol de Torres, el juego de
Xavi, auténtico motor del equipo, de Casillas, ese capitán infranqueable.
Los detalles técnicos, como decía, los dejamos en el cajón, porque lo
importante ha sido superar la desconfianza con matrícula de honor y saber
para la próxima vez, para el mundial, que Podemos.
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