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ANDRÉS GARRIDO La pianista japonesa Hiromi puso el contrapunto a los espirituales del Golden Gate Quartet, en una lúdica noche del Festival de Jazz de San Javier
La fiebre del sábado noche en el Festival de Jazz de San Javier estuvo producida por dos actuaciones bien diferenciadas, aunque ambas con igual carga de sensibilidad y fuerza: la pianista nipona Hiromi, y el Golden Gate Quartet, que invitó a su “fiesta” de espirituales a la organista Lavelle. En la primera parte de esta tercera jornada del XI Jazz San Javier se reiteró la buenísima acogida que la pianista japonesa Hiromi Uehara tuvo dos ediciones atrás en este cónclave jazzístico de la población murciana. Hiromi ha crecido musicalmente desde aquella primera cita. No sólo en cuanto a conceptos musicales, sino también en lo que a técnicas se refiere y estrenando grupo para su nuevo proyecto, Hiromi’s Sonicbloom, basado en su más reciente trabajo discográfico “Beyond Standard”. Temas de largo desarrollo y recorrido ofrece esa búsqueda incesante de Hiromi, para la que ha encontrado al trío perfecto: el guitarrista alemán David Fiuczynski, Tony Grey al bajo, y el batería Jordan Perlson, que sustituyó al anunciado Martin Valihora. Con esa fuerza interpretativa que se hace presente de inmediato sobre el escenario, Hiromi y sus músicos arrollaron al auditorio del Parque Almansa casi al instante. Y para no demorarse mucho más, Hiromi hizo participar a los aficionados en su cuarta interpretación, una invitación a la que –cómo no – éstos respondieron al unísono y sin fisura alguna. Hiromi se siente muy a gusto tocando en este festival y ese ha sido, además de otros, uno de los motivos por lo que no dudó en decir sí a la demanda del Jazz San Javier en su presente edición. Su fuerza se mezcla con su delicadeza para las piezas más sosegadas, en una transformación que a primera vista parece imposible a tenor de lo que su físico pueda representar. Además de su solvente y cimentada formación clásica, es posible advertir varias influencias musicales en las creaciones de Hiromi, como puede ser la de Joe Zawinul, entre otros. La pieza que interpretó en solitario hizo que el público se levantara de sus asientos a su término, para rendir su más profunda admiración, que Hiromi agradeció llevándose su mano derecha a la altura de su corazón. Y después, una versión novedosa del viejo “Caravan”, que mezcló con ritmos caribeños para ofrecer un resultado novedoso de un estándar del jazz que provocó el éxtasis del auditorio. En suma, un retorno de Hiromi al Jazz San Javier que, como la primera visita, ha resultado todo un acontecimiento de categoría especial. El segundo concierto de esta tercera noche de jazz en San Javier tuvo dos partes. La primera tuvo a la organista y pianista Lavelle como protagonista de los “espirituales” iniciales, que nos colocaron en situación como si estuviésemos presentes en alguno de los varios actos religiosos de la población negra norteamericana. Lavelle preparó el auditorio para que, con posterioridad y en la segunda parte de este concierto del Golden Gate Quarter, los aficionados ya estuvieran absolutamente ambientados. Y con ese “climax” aparecieron sobre el escenario Paul Brembly, barítono; Frank Davis, tenor; Clyde Wright, tenor; y Anthony Gordon, bajo. Varias piezas a “capella”, otras con el acompañamiento de piano, a cargo de Daniel Pines, y pieza a pieza se incorporaban el bajista Joël Rocher y Pascal Rioux a la batería. Con esta formación, los Golden Gate Quartet desplegaron la fuerza de sus voces a través de canciones del repertorio “gospel” más clásico. Canciones como “River side”, “Nobody knows the trouble I’seen” o “Jericho” reverdecieron en la memoria colectiva de los aficionados. Pero al tiempo, esas viejas canciones sonaron con aires frescos y nuevos. Hasta atacaron a la manera “rap”, como si de unos jóvenes de Harlem se tratara. Han pasado los años, pero el Golden Gate Quartet sobrevive a los tiempos y se renueva. Ha sido una “gozada” de primera magnitud, que pocas veces los aficionados tienen ocasión de poder disfrutar. En
definitiva, la tercera jornada del Festival de Jazz de San Javier no
defraudó pese a que, sobre el papel, podría haber despertado en un mínimo
sector de los aficionados algunas dudas que sus protagonistas despejaron,
a través de dos conciertos totalmente opuestos pero intensos y de muy alta
gradación, como los buenos caldos. Para el próximo jueves, día 10, el Jazz
San Javier tiene previsto llevar a cabo el homenaje al recientemente
desaparecido saxofonista Michael Brecker, con un concierto que
protagonizará la banda Metro Special Edition, que ha conformado el propio
festival para esta ocasión, con su hermano Randy al frente de un sexteto
de auténtico lujo, para un músico que en vida también lo fue. Lo esperamos
con ansiedad, como toda la programación del Festival de Jazz de San
Javier. Y por supuesto, se lo contaremos.
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