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JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO
Discurso de
investidura
Señor Presidente, señoras y señores Diputados,
Hoy nos sentamos en esta Cámara porque mañana hará un mes que los
españoles nos dieron su apoyo para representarles durante los próximos
cuatro años. Al depositar su voto nos encomendaron misiones distintas: a
quien les habla y al Partido Socialista nos otorgaron una posición
mayoritaria para responsabilizarnos del Gobierno de España; a otras
fuerzas políticas les encargaron ejercer la función de oposición y
control del Gobierno.
Por esa razón comparezco hoy ante esta Cámara para solicitar su
confianza cumpliendo lo dispuesto en nuestra Constitución y conforme a
la propuesta realizada por S.M. el Rey.
Acudo a solicitar su confianza no sólo para formar un Gobierno y
presidirlo, sino para impulsar una clara idea de España: un país
próspero y a la vez decente; un país eficiente; un país unido y diverso;
un país comprometido con la causa de la paz y en la lucha contra el
cambio climático y la pobreza.
Pido su confianza para proseguir durante los cuatro próximos años el
crecimiento y la prosperidad de España, y para superar de la mano de
empresarios y trabajadores la fase de desaceleración económica que
atraviesa nuestra economía en el contexto mundial.
Pido su confianza para traducir ese crecimiento económico en crecimiento
social, para generar más y mejor empleo, y para alcanzar la definitiva
igualdad entre hombres y mujeres, también en los salarios.
Pido su confianza para lograr entre todos una Administración eficiente,
enteramente puesta al servicio de los ciudadanos para resolver sus
problemas con agilidad.
Pido su confianza para forjar las instituciones que garanticen la unidad
y encaucen la diversidad de un país unido y diverso como es España.
Pido su confianza para alcanzar, mediante la unidad, la victoria de la
democracia frente al terrorismo y para disfrutar de una España más
segura en sus calles, en las carreteras y en los centros de trabajo; que
plante cara al delito, a la imprudencia en la conducción y a los
accidentes laborales.
Pido su confianza para alcanzar las cotas de educación y cultura que
merece una gran potencia como es España.
Pido su confianza para ahondar en nuestro empeño europeísta, para
defender la legalidad internacional y para combatir en primera línea
contra el cambio climático, la pobreza y a favor de la paz.
Pido su confianza para llevar adelante esta idea de España y para
hacerlo sumando el mayor número posible de voluntades, gobernando para
todos, en diálogo con todos y con respeto a todos.
Señor Presidente, Señorías,
En el discurso de investidura de 2004 comprometí una acción de gobierno
orientada a la modernización y el impulso de nuestra economía.
En los últimos cuatro años hemos crecido más y hemos creado más empleo
que cualquier país de nuestro entorno. Hemos sabido ser fieles al
compromiso de estabilidad presupuestaria, hemos sido capaces de ahorrar
y de disminuir la deuda pública, y, por todo ello, en 2008 España tiene
una economía más fuerte que en 2004.
Es cierto que desde hace algún tiempo muchos españoles se interrogan por
el futuro de nuestra economía y sienten incertidumbre. Son conscientes
de que en un mundo globalizado el cambio en la situación económica
internacional deja sentir sus efectos en todos los rincones del mundo,
también entre nosotros. Viven la dificultad del crédito y las subidas de
algunos precios e, incluso, algunos han visto en riesgo sus empleos,
especialmente en un sector, el de la construcción, sujeto hoy a un
acusado ajuste.
Sus Señorías saben que la información disponible apunta a que el signo
de la economía mundial y también de la economía española será, durante
la primera fase de esta Legislatura, distinto del que hemos conocido en
los últimos cuatro años.
Las fortalezas de nuestra economía son un buen amortiguador, pero no son
un muro que nos aísle de las turbulencias de la economía mundial.
Vinculados como estamos con el resto de la economía global, la crisis
que soporta Estados Unidos, las dificultades de los mercados financieros
internacionales y la llamada crisis de liquidez, y la escalada de los
precios del crudo, que se han multiplicado por cuatro en los últimos
cuatro años, y de muchas materias primas y alimentos en los mercados
internacionales dejan sentir sus efectos entre nosotros. Esos factores
se conjugan en España con las dificultades del sector de la construcción
de vivienda y con la acumulación a lo largo de los últimos lustros de
algunos desequilibrios, fundamentalmente el déficit por cuenta corriente
y el diferencial de inflación.
Ello dibuja un panorama para la primera fase de esta nueva Legislatura
con tasas de crecimiento inferiores a las del pasado cuatrienio y un
comportamiento del empleo menos favorable que el de los últimos años.
Ése es el panorama más inmediato para nuestra economía, pero no es un
horizonte prolongado, sino transitorio. Por eso, los españoles deben
tener la seguridad de que, superado ese paréntesis, se restablecerán las
constantes de la pasada Legislatura y, conforme anuncian todos los
organismos internacionales, retornaremos a elevadas tasas de crecimiento
y reanudaremos con vigor la generación de empleo.
La repercusión de la crisis mundial sobre nuestra economía está
amortiguada porque nuestro país afronta esta coyuntura en buena
situación, con unos fundamentos económicos robustos. Tenemos, además, la
oportunidad de utilizar este reto para reforzar nuestra capacidad de
crecimiento y mejora del bienestar de los ciudadanos. Lo lograremos si
somos capaces de articular las políticas y respuestas adecuadas.
Para ello, todos, Gobierno, oposición, Comunidades Autónomas, entes
locales, sindicatos, organizaciones empresariales, agentes económicos en
general, tendremos que estar a la altura. Deberemos apoyarnos en la
fortaleza de nuestra economía y desarrollar una política económica que
contribuya al crecimiento. Deberemos ser aún más exigentes en un nuevo
entorno en el que la demanda interna jugará un menor papel y donde los
factores de crecimiento dependerán del incremento de la productividad y
de nuestra competitividad.
Señorías,
Esto va a ser tarea de todos y estamos en condiciones de conseguirlo.
Para ello, la política económica del Gobierno irá dirigida a reforzar
las capacidades de crecimiento de nuestra economía y lo haremos
guiándonos por tres principios esenciales: primero, una política fiscal
y presupuestaria cauta y prudente; segundo, una política económica que
refuerce la competitividad de nuestro aparato productivo y reduzca de
forma paulatina nuestro diferencial de inflación, y, tercero, un diálogo
permanente con los agentes económicos que involucre a todos quienes
tenemos responsabilidades en el devenir económico de nuestro país.
En el ámbito de la política presupuestaria, los superávits acumulados en
los últimos años permitirán absorber el impacto que una menor actividad
en la economía pudiera tener sobre los ingresos públicos y el aumento de
algunos gastos ligados a la protección social sin necesidad, ni de subir
impuestos, ni de imponer recortes sociales.
También será imprescindible seguir capitalizando nuestra economía en sus
tres vertientes: capital físico, capital humano y capital tecnológico.
Es una apuesta a largo plazo, fundamental para acelerar el aumento de la
productividad y, por lo tanto, de nuestra capacidad de crecimiento
futuro.
Y seguiremos comprometidos con la estabilidad macroeconómica y fiscal,
conscientes de la importancia y del valor que han aportado al desarrollo
de la economía española en los últimos años.
Éste es el marco en que se inscribirá la acción económica del Gobierno a
lo largo del conjunto de la Legislatura pero, de una forma inmediata, el
Gobierno adoptará, en la misma semana de su constitución, medidas para
hacer frente a la desaceleración económica.
Ante todo, pondremos en marcha la deducción de 400 euros en el IRPF para
los pensionistas, asalariados y autónomos. Supondrá una ayuda importante
para las familias españolas y un impulso, a nivel agregado, para nuestra
economía.
En segundo lugar, se favorecerá a las empresas con un adelanto en las
devoluciones del IVA, que les permitirá recuperar el impuesto soportado
con mayor celeridad.
Asimismo, adoptaremos un conjunto de medidas concretas en el sector de
la construcción, que serán objeto de una inmediata Conferencia Sectorial
de Vivienda:
-
Se reducirá la carga fiscal de la rehabilitación de vivienda,
-
Se acelerará la licitación de obra pública,
-
Se promocionará la rehabilitación de edificios y el aumento de su
eficiencia energética,
-
Se ampliará el aval público para los bonos de titulización que tengan
como subyacente créditos para la adquisición de Vivienda de Protección
Oficial,
-
Se pondrá en marcha un plan especial de recolocación de parados del
sector de la construcción y un refuerzo de la cobertura de desempleo
para los trabajadores en situación de mayor necesidad, y
-
Se facilitará la ampliación del plazo de la hipoteca, sin coste
adicional, para las familias en situación de especial dificultad.
Sin embargo, Señorías, este conjunto de medidas a corto plazo no deben
distraernos de los retos a medio plazo, principalmente el reto de
incrementar la productividad y reforzar el potencial productivo español.
No son desafíos nuevos. Los diagnosticamos en 2004, aunque ya entonces
advertimos que requerían una acción de gobierno que, además de enérgica,
fuera persistente y por eso debía extenderse durante un periodo
prolongado.
El sector de la Investigación, del Desarrollo y de la Innovación
recibirá un nuevo impulso, pues consolidaremos lo ya logrado con el
Programa Ingenio 2010, evaluando de forma exigente sus resultados, y
reforzaremos de nuevo la inversión pública, al tiempo que procuramos
movilizar también la máxima inversión privada en Investigación y
Desarrollo.
Continuaremos elevando la inversión en infraestructuras, en línea con lo
previsto en el Plan Estatal de Infraestructuras del Transporte, velando
a la vez por el impacto medioambiental del transporte y por su
aportación a la cohesión territorial y a la competitividad de nuestras
empresas.
Promoveremos el aumento de la competencia en el sector servicios, a
través de una transposición exigente y eficaz de la Directiva Europea de
Servicios, a la que se sumarán otras medidas de flexibilización de la
actividad profesional, con actuaciones selectivas en el ámbito de los
transportes y de las telecomunicaciones. Este aumento de la competencia
debe impulsar el dinamismo y la eficiencia en estos sectores lo que,
además de atenuar las presiones inflacionistas, puede hacer que absorban
parte de los recursos productivos que libere la construcción.
Junto a ello, comprometemos una reducción de un 30 por 100 de las cargas
administrativas para las empresas, con el fin de dar todas las
facilidades en su relación con la Administración, tanto en el momento de
su creación, como a lo largo de toda su actividad ulterior.
En materia de capital humano, intensificaremos el esfuerzo
presupuestario en educación con atención primordial al sistema de becas,
que continuaremos incrementando en número y cuantía, y dotando los
recursos necesarios para satisfacer al completo la demanda de plazas de
los menores de cero a tres años.
El marco fiscal conocerá una nueva puesta al día que comportará la
desaparición del Impuesto de Patrimonio y la actualización del Impuesto
de Sucesiones y Donaciones que soportan, sobre todo, las clases medias
en nuestro país. Un segundo Plan de Lucha contra el Fraude deberá
mejorar los buenos resultados obtenidos en la Legislatura anterior.
Impulsaremos, en el marco del diálogo con los agentes sociales, nuevas
reformas en el ámbito laboral y en el ámbito de la Seguridad Social.
Promoveremos también medidas para favorecer las actividades generadoras
de empleo, persistiremos en la promoción del empleo femenino y juvenil,
y articularemos políticas para reducir la temporalidad de nuestro
mercado laboral hasta el 25 por 100, que es nuestro objetivo en esta
Legislatura.
Es decir, Señorías, se mantendrán los planes de inversión productiva y
de cohesión social, y lo haremos, además, sin aumentar impuestos. Antes
bien, se reducirán dentro de los márgenes que permita la estabilidad
presupuestaria a lo largo del ciclo. Es una opción que pocos países se
pueden permitir.
Señorías,
En los últimos cuatro años hemos sentado las bases para un cambio de
modelo de crecimiento de nuestra economía que nos acercara a los países
más avanzados del mundo. Los acontecimientos de los últimos meses no
sólo hacen este cambio de modelo más necesario, lo hacen más acuciante.
Ésa es una tarea que no corresponde sólo al Gobierno, sino a todos los
agentes económicos, y sólo puede tener éxito en un entorno de
entendimiento, diálogo y colaboración. Por todo ello, nos proponemos
establecer un gran Acuerdo Económico y Social que abarque, desde luego,
al mercado de trabajo, pero que incluya también a los asuntos que
influyen en la competitividad de nuestro tejido productivo; un acuerdo
al cual convocaremos de manera inmediata a las organizaciones
empresariales y a las centrales sindicales representantes de los
trabajadores.
Ésa es, Señorías, mi idea de España: un país próspero, que genera la
riqueza duradera que es la que brota de la inteligencia y no de la
explotación de la naturaleza, ni de la mano de obra barata y
descualificada; un país próspero y, además, un país decente, porque
distribuye con equilibrio la riqueza que genera. Decente porque sus
ciudadanos son solidarios con quienes más necesidades tienen; decente
porque en él todos los ciudadanos y ciudadanas, de cualquier condición,
cuentan con los mismos derechos, no sólo sobre el papel, sino en el día
a día, y decente porque regula con rigor y trata con respeto a quienes
vienen legalmente para labrar entre nosotros y junto a nosotros un
futuro mejor para sí mismos y para sus hijos.
Señorías,
Mi idea de España es la de un país ejemplar por sus políticas sociales,
una nación admirada por sus políticas de igualdad entre hombres y
mujeres; una sociedad que destierra cualquier discriminación.
Debemos afrontar con realismo un período de desaceleración económica que
se extenderá a lo largo de la primera parte de la Legislatura, pero el
Gobierno que aspiro a presidir no sacrificará sus políticas sociales ni
abdicará de su afán de progreso social.
No tengan ninguna duda, Señorías: si alguien merecerá atención especial
durante el período en que nuestra economía crezca menos, serán quienes
carezcan de empleo; serán quienes viven de una pensión; serán los
discapacitados; serán los trabajadores con salarios bajos y serán las
víctimas de la violencia de género. Ésos serán los colectivos que
merecerán una atención especial del Gobierno.
Es sabido que ante coyunturas económicas adversas existen dos caminos:
uno busca la salida en los recortes sociales; otros, en la solidaridad.
Creo resueltamente en el segundo camino, el de la solidaridad.
Mi idea de España es la de un país que supera unido las dificultades,
una sociedad que no abandona a nadie en el infortunio. No, Señorías, no
habrá recortes en derechos sociales; al contrario, seguiremos ampliando
derechos y políticas sociales en nuestro país.
Elevaremos el Salario Mínimo a ochocientos euros, desde los seiscientos
euros que alcanzamos en la pasada Legislatura, y lo haremos en diálogo
con los empresarios y los sindicatos.
Mi idea de España es la idea de un país en el que sus mayores viven con
dignidad. Un país decente respeta y dignifica a sus mayores. Es también
mi compromiso para la Legislatura aumentar las pensiones mínimas de
jubilación con cónyuge a cargo hasta los 850 euros al mes y hasta los
700 euros las pensiones de viudedad para mayores de 65 años.
En la pasada Legislatura pusimos los cimientos legales del cuarto pilar
del Estado de Bienestar: la atención a la dependencia. Esta Legislatura
será la de su pleno desarrollo. Atenderemos a 650.000 personas
dependientes y a sus familias, y seguiremos aportando solidariamente
recursos para hacerlo posible. Ya están dotados 871 millones en 2008 y
en 2009 serán 1.200 millones de euros. Un país decente, Señorías, asiste
a quienes no pueden valerse por sí solos y ampara a sus familias.
Mi idea de España es la de un país que no frustra las expectativas de
quien necesita acceder a bienes básicos, como una vivienda. Es una
exigencia, que asumo con decisión, aunar los intereses de los promotores
y constructores en reactivar el sector inmobiliario con los intereses de
cientos de miles de ciudadanos que quieren, sencillamente, disfrutar de
un hogar, bien sea en propiedad o en alquiler.
Construcción de vivienda protegida, alquiler y rehabilitación serán las
tres líneas para conjugar ambos intereses. Reitero mi compromiso de
fomentar la construcción de un millón y medio de viviendas protegidas en
diez años. Seguiremos impulsando las políticas de alquiler y dando
continuidad a la renta de emancipación que ya este año podrá beneficiar
a 360.000 jóvenes en nuestro país. Y fomentaremos la rehabilitación de
casas, edificios y barrios, que genera empleo y es respetuosa con el
medio ambiente.
Señorías,
En mi idea de España quienes viven en nuestros pueblos no están
condenados a ser ciudadanos de segunda y sus derechos deben ser tan
reales y efectivos como los de los habitantes de las ciudades. Por ello,
y en desarrollo de la Ley de Desarrollo Rural, promoveremos el I Plan
Nacional de Desarrollo Rural Sostenible.
Señorías,
La igualdad es también una de las señas de identidad del país que con
ustedes quiero seguir construyendo. Además de una exigencia
constitucional, la igualdad debe ser una seña de identidad de la España
sólida y cohesionada.
Presentaré a la Cámara una ley integral de igualdad de trato, que
elimine la discriminación en todos los ámbitos y por cualquier motivo en
nuestra sociedad. Acabaremos, Señorías, con la discriminación por la
orientación sexual. Integraremos plenamente a las personas con
discapacidad para verlas por fin trabajando y viviendo con normalidad.
Erradiquemos cualquier discriminación por razones religiosas o de
ideología en nuestro país. Añadamos esta Ley de Igualdad de Trato a las
leyes ya aprobadas de igualdad entre hombres y mujeres y contra la
violencia de género, que han situado a España en la vanguardia
internacional en derechos.
Mi idea de España es también la de un país en el que izquierda y derecha
pueden impulsar juntas avances en derechos y libertades. Les espero para
tal objetivo.
Un país digno, Señorías, no tolera que el género decida la suerte de una
persona. Un país decente no consiente que las mujeres queden un peldaño
por debajo de los hombres en ningún ámbito de la vida: ni en el trabajo,
ni en la política, ni en el ocio, ni en la familia; en ninguno.
Por eso, la lucha contra la violencia de género, contra todo tipo de
violación de los derechos de las mujeres; el apoyo al empleo femenino;
las medidas de conciliación de la vida laboral y familiar; el apoyo a la
corresponsabilidad en las cargas familiares y la promoción de las
mujeres en todos los ámbitos de la vida social y política seguirán
siendo nuestros objetivos prioritarios en los próximos años.
El país que quiero no puede tolerar que cada semana muera una mujer por
la violencia machista. La política desarrollada en la Legislatura pasada
ha servido para mejorar la situación de las mujeres víctimas de
violencia y para salvar vidas, pero no ha sido suficiente. Ahora tenemos
que mejorar la coordinación de las Administraciones para detectar con
prontitud los casos, prevenir y proteger a las mujeres en cualquier
rincón de España. Quien se atreva a agredir a una mujer ha de saber que
caerá todo el peso de la Ley sobre él y que hacia él se dirigirá el
desprecio y la reprobación de toda la sociedad. Cualquier cobarde que
levante la mano a una mujer deberá saber que no tiene enfrente a un ser
desprotegido, sino a 44 millones de personas dispuestas a plantarle
cara.
Pondré también mi empeño y el del Gobierno para que las mujeres que
sufren sepan que estamos todos de su lado; que no han de tener miedo;
que la denuncia no traerá más desvelos, sino más tranquilidad, y que no
hay razones para resignarse, sino motivos para rebelarse en la defensa
de la dignidad propia y de la dignidad de todos.
El Gobierno no puede abordar este problema solo. Necesitamos a las
Comunidades Autónomas. Por eso una primera iniciativa será la
convocatoria de una Conferencia de Presidentes para abordar el problema
en toda su dimensión y con visión de Estado.
Para erradicar la violencia a largo plazo se exige trabajar intensamente
por una sociedad que trate por igual a hombres y mujeres. Nos vamos a
implicar, así, activamente en la puesta en marcha de los planes de
igualdad en las empresas, para lo que contaremos con empresarios y con
trabajadores.
Vamos a combatir especialmente la más irritante de las discriminaciones
laborales: la salarial. Un país digno, Señorías, la España que
ambiciono, no permite que una mujer cobre un solo euro menos que un
hombre por hacer el mismo trabajo.
Vamos a seguir apoyando el empleo femenino, especialmente para las
mujeres en la madurez, entre los 45 y los 64 años. Ellas sufren
dificultades añadidas para encontrar empleo, en muchos casos después de
haber dejado pasar oportunidades por atender a sus hijos. Trataremos de
reducir en, al menos, un tercio la inactividad de estas mujeres. Para
ello me propongo que sepan qué oportunidades de trabajo tienen, que
puedan recibir buena formación para el empleo y que los empresarios que
les den trabajo tengan bonificaciones adecuadas.
Mi idea de España es la de un país que fomenta la corresponsabilidad en
la vida familiar, hombres y mujeres que compartimos tareas. Desde el
Gobierno intentaremos ponerlo más fácil: ampliaremos de dos a cuatro
semanas el permiso de paternidad; generaremos prestaciones de Seguridad
Social para los padres de menores hospitalizados; permitiremos que las
jornadas laborales sean más cortas para quienes cuidan de sus hijos, no
sólo hasta que tienen ocho años, como hasta ahora, sino hasta los doce;
y ayudaremos a las empresas a que creen escuelas infantiles para llegar
a las trescientas mil plazas que nos hemos propuesto como objetivo para
que las parejas más jóvenes puedan conciliar su vida laboral y su vida
familiar. En la España a la que aspiramos, Señorías, nadie ha de verse
obligado a elegir entre un empleo o un hijo.
Debemos también, Señorías, dar garantías plenas a las mujeres que
deciden, conforme a los derechos que les reconoce la ley actual,
recurrir a la interrupción voluntaria del embarazo. La Ley dice lo que
no pueden hacer ni ellas ni sus médicos; pero también dice lo que pueden
hacer, con pleno respeto a su intimidad y a su salud.
Señor Presidente, Señorías,
Hay quienes en la inmigración ven sólo un problema. En mi idea de España
la inmigración regulada y ordenada es una oportunidad. Por eso, desde
2004 definimos como elemento clave en la política migratoria la relación
laboral, el trabajo. Es el trabajo lo que posibilita la integración del
inmigrante, lo que le permite convertirse en un componente más de una
colectividad provisto de derechos y de obligaciones.
Por eso, desde hace cuatro años quienes vienen a vivir entre nosotros
han de hacerlo con empleo y de manera legal. Sostengo que ése es el caso
de la inmensa mayoría de los inmigrantes y mantengo, además, que con su
trabajo contribuyen a nuestra riqueza económica, social y cultural.
Los análisis de los expertos coinciden en que la inmigración se ha
convertido en España en un fenómeno estructural y no coyuntural, que
juega un papel fundamental en nuestro crecimiento económico y en la
sostenibilidad de nuestro modelo social, hasta el punto de contribuir a
hacer sostenible nuestro sistema de pensiones.
Buscaremos, también en esto, el acuerdo: el acuerdo para cifrar nuestra
capacidad de acogida, el acuerdo con los países de origen para que la
contratación se haga allí preferiblemente, el acuerdo para asegurar la
legalidad en la entrada y también el acuerdo para garantizar que quien
aquí vive disfruta de iguales derechos y está sujeto a iguales deberes
que cualquier otro ciudadano. Ésa es, precisamente, la política de
inmigración que hemos hecho durante los últimos cuatro años y es la que
haremos en los próximos cuatro, si cabe, con mayor rigor y convicción,
de acuerdo con las Comunidades Autónomas, especialmente con aquellas que
con más fuerza viven el impacto del fenómeno. La Comunidad Autónoma de
Canarias es el mejor exponente.
Seguiremos reclamando y obtendremos la solidaridad de la Unión Europea.
Quien llama a nuestra puerta está pidiendo también entrar en la Unión
Europea y, por eso, la protección de nuestras puertas concierne a toda
Europa. Seguiremos mejorando los controles de entrada y las expulsiones
y repatriaciones, desplegaremos más medios para controlar las fronteras
y combatiremos las redes de tráfico de personas.
Tendremos, en fin, que promover fórmulas nuevas que incentiven a los
inmigrantes que puedan perder su trabajo a volver a su país para
desarrollar allí definitivamente su vida. La capitalización de la
prestación de desempleo que hayan generado o la concesión de
microcréditos son vías a explorar por el Gobierno con carácter
inmediato.
También intensificaremos la cooperación con Comunidades Autónomas y
Ayuntamientos para que ni un solo ciudadano se vea privado de cualquier
derecho o ayuda social por la llegada de inmigrantes. Allá donde surjan
nuevas necesidades sociales deberán suplementarse los medios. Los
servicios educativos y sanitarios y de toda índole serán redoblados allá
donde se incremente la demanda.
Señor Presidente, Señorías,
La prosperidad sostenida de España y la consolidación de nuestro sistema
de bienestar tienen un requisito esencial: la eficacia de nuestras
Administraciones, el buen funcionamiento de nuestros servicios públicos.
Ésa es, desde luego, mi idea de España: un país con una Administración
pública atenta al servicio de los ciudadanos, eficiente y ágil.
Señorías,
Nuestro modelo constitucional de Estado de las Autonomías atribuye a las
instituciones centrales del Estado competencias y responsabilidades muy
relevantes. No debemos olvidar que la Administración General del Estado
y la Seguridad Social asumen, y seguirá haciéndolo, más de la mitad del
gasto público en España.
Precisamente para seguir ejerciendo sus responsabilidades, y del mejor
modo posible, mi Gobierno abordará una reforma de nuestra
Administración, una reforma que estimule su capacidad de respuesta más
ágil a los ciudadanos, de impulso del resto de Administraciones en
políticas y esfuerzos conjuntos, y de propuesta e intervención en los
marcos supranacionales que hoy son fundamentales.
Señorías,
Esa reforma es necesaria, en primer lugar, en el ámbito de la
Administración de Justicia.
La reforma de la Justicia se ha convertido en un objetivo crucial e
inaplazable. No puede haber razón alguna, ni interés alguno, ni
resistencia alguna, que prevalezcan sobre el clamor de los ciudadanos
que piden, con todo derecho, una justicia ágil, transparente,
responsable y plenamente conforme a los valores constitucionales. El
diagnóstico sobre sus deficiencias está claro. Ahora hay que poner en
juego la voluntad política para corregirlas y, además, con el mayor
consenso posible.
Para empezar, es preciso gobernar mejor el Poder Judicial y gobernar
mejor el Poder Judicial significa asegurar el trabajo eficiente,
independiente y responsable de los jueces y tribunales.
Es al Consejo General del Poder Judicial a quien corresponde
constitucionalmente velar porque así se haga. Le corresponde eso y no
convertirse en escenario de una confrontación partidista que tiene su
lugar, y muy legítimo, en otros foros, empezando por este Parlamento. No
nos vale de nada preguntarnos quién es el responsable de la imagen que
los ciudadanos tienen de la Justicia y de su órgano de gobierno, pero sí
seremos todos responsables si no atajamos juntos los problemas desde su
raíz.
Lo primero que hay que evitar, que todos debemos evitar, es que se
produzcan situaciones de bloqueo institucional como la que hemos vivido
en la pasada Legislatura. Por esta razón, como remedio excepcional,
aseguraremos el cese efectivo del Consejo cuando concluya su mandato, si
esta Cámara lo estima conveniente, y promoveremos, en todo caso, una
elección de sus vocales transparente, avalada por la garantía
democrática de su idoneidad y capacidad.
Desarrollaremos los Consejos de Justicia en las Comunidades Autónomas,
de conformidad con el principio constitucional de unidad del Poder
Judicial. Con ello será posible un conocimiento más próximo de los
problemas de la Administración de Justicia en cada territorio.
Es voluntad del Gobierno retomar, buscando el mayor apoyo parlamentario
posible, las reformas de la Ley Orgánica del Poder Judicial y de las
leyes procesales que no vieron la luz en la pasada Legislatura. Y
hacerlo con el objetivo fundamental de introducir en la Administración
de Justicia un modelo de gestión propio de nuestros tiempos, con los
medios técnicos, personales y materiales que resulten necesarios. La
reforma de la Oficina Judicial es un instrumento clave al respecto.
Una justicia más ágil, accesible y transparente requiere una
distribución racional de las cargas de trabajo. Por ello, promoveremos
también la modificación de la Ley de Planta y Demarcación, y lo haremos
de acuerdo con las Comunidades Autónomas.
Será preciso, igualmente, seguir invirtiendo en un ambicioso Plan de
Nuevas Tecnologías, que facilitará los trámites y notificaciones, la
interconexión integral de la información entre todos los responsables y
el acceso de la ciudadanía a los asuntos judiciales.
Será necesario el fortalecimiento de los Tribunales Superiores de
Justicia y, paralelamente, la modernización del recurso de casación para
que el Tribunal Supremo pueda ser el máximo órgano de unificación de
doctrina y, por tanto, garantía máxima de la igualdad de todos los
ciudadanos en la aplicación de la Ley.
Señorías,
Me propongo, pues, si obtengo la confianza de Sus Señorías, impulsar las
reformas orgánicas y procesales necesarias para poner el servicio
público de la Justicia, al menos, a la altura del nivel de bienestar que
ha alcanzado nuestro país y reitero, más allá de cualquier retórica
exhortación al uso, mi voluntad de contar en esta tarea, de innegable
envergadura y trascendencia, con todos los grupos de la Cámara,
empezando por el mayor de la oposición, así como con la colaboración de
un Consejo General del Poder Judicial plenamente consciente de su
designio constitucional, porque no tengo ninguna duda, Señorías, de que
nadie escatimará su colaboración leal para evitar la impotencia y el
dolor que hemos vivido en estos días ante trágicos fallos del sistema
que han permitido hechos que nunca debieron ocurrir y por los que todos
nos sentimos deudores con quienes los han padecido.
Tengo, desde luego, una idea clara y en esa idea no caben fallos
judiciales clamorosos, procedimientos que se eternizan ni un gobierno de
la Justicia que desatienda el derecho de los ciudadanos para ocuparse de
asuntos corporativos o de controversias partidistas.
Señorías,
También estoy decidido a introducir reformas en la Administración
General del Estado.
En la anterior Legislatura iniciamos ya este camino, con la aprobación
del nuevo Estatuto Básico del Empleado Público, de la Ley de Agencias o
de la Ley de acceso electrónico de los ciudadanos a las Administraciones
Públicas. Pero hay que ir más allá. Anuncio mi propósito de revisar la
Ley del Gobierno, la Ley de Organización y Funcionamiento de la
Administración General del Estado y la Ley que regula el régimen de la
Administración y el Procedimiento Administrativo Común. Si las dos
primeras nos permitirán adecuar sus estructuras a las nuevas realidades,
la última estará destinada a revisar los procedimientos para ofrecer a
los ciudadanos respuesta más rápida y fundada posible a sus peticiones y
reclamaciones.
Señorías,
La idea de España que defiendo es la de un país seguro; un país donde
los hombres y mujeres ejerzan su libertad protegidos por la seguridad
pública; un espacio en el que los derechos de ciudadanos, de peatones y
de conductores queden amparados frente a los irresponsables.
En la anterior Legislatura el Gobierno se comprometió a mejorar la
seguridad de la sociedad española. Hemos aumentado en ese período el
número de policías y guardias civiles, y vamos a seguir incrementándolo,
para llegar a los 140.000 efectivos estables en nuestro país. Como
resultado, las tasas de delincuencia de los delitos más graves han
descendido en España.
En esta línea de mejora de nuestra seguridad el Gobierno propondrá una
Estrategia Nacional de Seguridad, que remitiremos a esta Cámara, para
definir objetivos, señalar prioridades, cuantificar dotaciones, asegurar
colaboración y planificar los esfuerzos organizativos y presupuestarios.
Nuestro proyecto de seguridad se extiende también a la protección frente
a las catástrofes naturales y el cambio climático. Vamos a impulsar una
nueva Ley de Protección Civil que canalice la solidaridad entre las
distintas Administraciones y la acción efectiva y ágil, con todos los
medios disponibles, ante emergencias. La Unidad Militar de Emergencias
se desplegará por completo y se integrará en el sistema global de
protección civil. En la España que quiero, Señorías, no hay lugar para
las disputas ni disquisiciones por competencias en medio de una
emergencia.
Si ha existido una preocupación del Gobierno a lo largo de la pasada
Legislatura en el ámbito de la seguridad ha sido detener el derroche de
vidas humanas en nuestras carreteras. Los esfuerzos han dado fruto,
aunque el balance no sea satisfactorio mientras se pierda una sola vida.
Los cambios en el Código Penal y el nuevo carné por puntos empiezan a
dar resultados. Persistiremos en esta línea y dedicaremos una atención
específica a la seguridad de los motoristas, impulsando la instalación
de vallas seguras en todas las carreteras. También queremos promover con
decisión la atención a las víctimas de los accidentes, para lo que las
oficinas de atención existentes ampliarán sus funciones para ofrecer
servicios integrales.
La España por la que trabajamos, Señorías, seguirá poniendo límites a
esta sangría lamentable que sufrimos cada semana en nuestras carreteras.
Señor Presidente,
En mi idea de España caben todas las ideologías imaginables y caben
también todas las identidades; lo que no cabe es el recurso a la
coacción y al crimen para defender ninguna idea ni ninguna identidad.
Gracias a la tenacidad de la democracia en estos treinta años ETA está
más débil que nunca, por mucho que todavía tenga capacidad de matar como
demostró hace tan sólo unas semanas al asesinar a Isaías Carrasco. Antes
que él, también perdieron sus vidas a manos de asesinos desalmados Diego
Armando Estacio, Carlos Alonso Palate, Raúl Centeno y Fernando Trapero.
Todos merecen nuestro homenaje al igual que todas las víctimas del
terrorismo.
Quiero, en este momento solemne, agradecer la entrega y dedicación de
jueces, fiscales, policías y guardias civiles, y también la cooperación
decisiva de Francia en la lucha contra el terrorismo.
Señorías,
Estamos, pues, más cerca del final de ETA, pero no lo hemos logrado
todavía. La organización terrorista ha decidido continuar su brutal
historia. Ha desaprovechado las oportunidades que la democracia, sin
renunciar ni a uno solo de sus principios ni a una sola de sus reglas,
les ha ofrecido en la Legislatura que acaba. Con ello, hacen aún más
negro su destino. Han desafiado la buena fe de una sociedad democrática,
firme en sus convicciones y con coraje acreditado para defenderse de sus
desafíos homicidas.
ETA sólo tiene un destino: poner fin a su barbarie criminal definitiva e
incondicionalmente.
Confirmada la voluntad de ETA, debemos reafirmar la nuestra. Agradezco,
una vez más, el apoyo que las fuerzas parlamentarias dispensaron al
Gobierno en la pasada Legislatura. Ahora lo reclamo para diseñar una
estrategia antiterrorista compartida por todos los Grupos de la Cámara.
Insisto: quiero que sea de todos los Grupos.
Señorías,
La España en la que creo, la España que defiendo, es una España que
extrae su riqueza de su diversidad. Es un país unido por su pasado pero,
sobre todo, unido por su futuro. En mi idea de España nadie tiene más
derechos que otro por nacer en uno u otro lugar, pero tampoco nadie ve
amenazada su identidad ni existe una forma única y obligatoria de ser y
sentirse español.
En la Legislatura anterior sentamos las bases de la actualización del
marco normativo de las Comunidades Autónomas. Se aprobó la reforma de
seis Estatutos de Autonomía y se inició la modificación de otros. En los
próximos cuatro años las Comunidades que lo deseen, y que no lo hayan
proyectado aún, podrán culminar este proceso en sus respetivos ámbitos
territoriales.
Se ha trazado ya, pues, el proceso de modernización y actualización de
las Comunidades Autónomas, con el que todos debemos cumplir lealmente y
cumplir lealmente, para el Gobierno, significa contribuir a la
aplicación y desarrollo de los Estatutos de Autonomía en un marco de
respeto, diálogo y cooperación institucionales. Éstas serán nuestras
pautas de actuación.
En materia de cooperación multilateral me propongo seguir impulsando la
Conferencia de Presidentes, regulando la figura y comprometiéndome a
convocar, para alcanzar acuerdos concretos con las Comunidades, al menos
tres Conferencias sobre prevención y atención a las víctimas de
violencia de género, mejora de nuestro sistema educativo y lucha contra
los efectos del cambio climático.
Señorías,
Una de las tareas más exigentes, complejas y necesarias en esta
Legislatura, que afecta al Estado en su conjunto, es la aprobación de
una reforma del sistema de financiación autonómica.
El Gobierno abordará la revisión del sistema por las razones que ya
expuesto en más de una ocasión y por dar leal cumplimiento a las
previsiones contenidas en los nuevos Estatutos. Para esa negociación, el
Gobierno parte de algunos principios esenciales:
-
Garantizaremos la nivelación de educación, sanidad y servicios sociales
básicos en toda España.
-
Aumentaremos la cesión de impuestos y compensaremos las pérdidas en
recaudación derivadas de la decisión del Gobierno de suprimir el
Impuesto de Patrimonio y de revisar el Impuesto de Sucesiones y
Donaciones.
-
Potenciaremos la corresponsabilidad fiscal de las Comunidades,
permitiendo espacios fiscales propios que posibiliten decisiones de
mayor gasto que una Comunidad pueda adoptar por encima del mantenimiento
de esos niveles de servicio mínimos comunes a todos.
-
Aseguraremos la suficiencia financiera de las Comunidades, pero también
del Estado. Este mantendrá, al menos, el 50 por 100 del gasto público y,
para asegurar la unidad de mercado, se reservará en exclusiva los
recursos provenientes del Impuesto de Sociedades.
Son medidas necesarias para que esté en condiciones de satisfacer el
mandato constitucional de suficiencia para el ejercicio propio de sus
competencias, para la garantía de un mismo nivel de prestación de los
servicios públicos fundamentales y para la expresión efectiva de la
solidaridad.
Señorías,
Además del nuevo sistema de financiación autonómica es necesario abordar
la discusión de la situación financiera de las entidades locales y su
necesaria reforma.
En la anterior Legislatura hicimos un esfuerzo de mejora de la
financiación de los municipios, incrementando en un 34 por 100 las
dotaciones al respecto, compensando a los Ayuntamientos por la supresión
del IAE y creando el Fondo de Solidaridad Municipal para garantizar una
financiación mínima a los municipios con menos de veinte mil habitantes.
Pero es evidente que la situación financiera local requiere una reforma
más estructurada, vinculada a la del sistema general de financiación
autonómica, que permita una financiación suficiente para los servicios
que asumen los municipios y que permita también que, mediante su
integración en los grandes planes nacionales, esos servicios garanticen
su capacidad de atender a todos los ciudadanos y la mejora constante de
su calidad.
Si alcanzamos ese acuerdo financiero, podremos también proceder a una
reforma general del marco normativo local que permita clarificar su
ámbito competencial, potenciar la cooperación entre entidades locales y
agilizar también su acción administrativa diaria.
Señor Presidente, Señorías,
Mi idea de España es la de un país inequívocamente europeo y europeísta,
puente de Europa con Iberoamérica, defensor de la paz y la solución
multilateral de los conflictos, y solidario y generoso en la lucha
contra la pobreza.
Seguiremos trabajando por una Europa más eficaz, más integrada, más
solidaria y más próspera, que actúe con mayor relevancia en el mundo y
que promueva la paz y la estabilidad. En el primer semestre de 2010, en
el que ocuparemos la Presidencia del Consejo de la Unión Europea, se nos
presenta una oportunidad única para demostrar nuestro compromiso con
este proyecto europeo.
Seguiremos cumpliendo con los objetivos de la Estrategia de Lisboa para
hacer de España una economía más moderna y competitiva, orientada a la
creación de empleo, a la sostenibilidad y a la cohesión social. España
apostará firmemente por la innovación tecnológica de nuestra economía y
preservará la financiación de las políticas agrícolas y de cohesión y el
estatuto de Canarias como región ultraperiférica. El Gobierno seguirá
participando también activamente en el desarrollo de la política europea
contra el cambio climático y contribuyendo a definir la nueva política
europea de la energía. Si, como antes dije, necesitamos proteger mejor
nuestras fronteras, que son también fronteras europeas, seguiremos
reforzando la Agencia de Fronteras Exteriores, conocida como FRONTEX.
Queremos que en esta Legislatura, y muy en particular en nuestra
Presidencia, Europa gane peso e influencia en la escena internacional.
Europa debe actuar como un factor de estabilidad y prosperidad en el
área del Mediterráneo, a través de la iniciativa del Proceso de
Barcelona, que deberá dotarse de instituciones eficaces y de los
recursos necesarios.
Iberoamérica ocupará una posición relevante entre nuestras prioridades.
Trabajaremos para consolidar allí la democracia, para fortalecer la
cohesión social y para luchar contra la desigualdad y la pobreza en esa
región.
Con Estados Unidos quisiéramos abrir un capítulo nuevo en nuestras
relaciones, mirando al futuro, desde el respeto mutuo, para encarar
juntos los retos comunes e intensificar nuestra cooperación.
En el ámbito del Mediterráneo, seguiremos trabajando también para
garantizar la seguridad, combatiendo el terrorismo y aumentando la
cooperación policial y judicial, fomentando el intercambio de la
sociedad civil y creando un espacio compartido de educación,
investigación e innovación.
Tras situarla en el primer plano de nuestra política exterior, me
propongo en esta Legislatura consolidar al África Subsahariana como
nuevo eje de nuestra acción exterior, aprobando un nuevo Plan África
2008-2012 que produzca nuevos avances en los objetivos de consolidación
de la paz y de la democracia, cooperación para el desarrollo, política e
institucional, cultural y económica, y cooperación en materia
migratoria.
Nuestra política exterior seguirá promoviendo la solución multilateral
de los conflictos. Preferimos la cooperación a la imposición, defendemos
la legalidad internacional frente a la arbitrariedad y promoveremos la
solidaridad y el respeto frente a los abusos hegemónicos.
Mi idea de España, Señorías, es un país generoso y solidario en la lucha
contra la pobreza. Por eso dedicaremos ya en 2012 el 0,7 por 100 de
nuestro Producto Interior Bruto a la Ayuda Oficial para el Desarrollo,
después de haber sido el país que en los últimos cuatro años, entre los
países más desarrollados, ha avanzado más en la ayuda oficial.
La Organización de Naciones Unidas será nuestra inspiración en la
política de cooperación, a través de sus Objetivos de Desarrollo del
Milenio. La ONU también va a ser nuestra guía en la acción exterior de
España, marcando nuestro apoyo a operaciones de mantenimiento de la paz
en el mundo. Para ello espero contar con la colaboración estrecha de
este Congreso a quien corresponde, de acuerdo con la Ley Orgánica de la
Defensa Nacional, autorizar el envío de misiones al exterior. En ellas
nuestros soldados, que cumplen una ejemplar tarea, nos engrandecen a
todos. Por otra parte, y en aplicación de dicha Ley, impulsaré el
proceso de modernización de las Fuerzas Armadas, asegurando la mejora de
sus condiciones profesionales y la dotación de los mejores medios.
Señor Presidente, Señorías,
Déjenme que termine hablando de los retos futuros de nuestro país.
Durante largo tiempo, el objetivo al que aspiró nuestro país no pudo ser
otro que el de tratar de recuperar el terreno perdido durante varios
siglos. Ahora hemos avanzado rápidamente en pocas décadas y hoy nuestro
empeño no está fijado en el pasado, sino proyectado hacia el futuro.
España puede competir ahora de verdad y puede hacerlo con buenas bazas y
en buenas condiciones. Los españoles podemos aspirar a estar entre
quienes afrontan y lideran los cambios sociales, económicos y
medioambientales.
El primero de los retos, porque es el primero de los recursos
disponibles para ganar el futuro, es el aprovechamiento del talento
personal y el atesoramiento del capital humano. En la Sociedad del
Conocimiento nada es más estratégico que contar con un sistema educativo
de primer nivel.
Nadie puede sensatamente imaginarse que España sería lo que hoy es si su
sistema educativo se correspondiera con la caricatura que en ocasiones
se traza de él. España debe mucho a sus escuelas, a sus educadores, a
sus universidades y a sus científicos.
Nuestra educación no va, pues, por detrás del país. Pero eso no basta;
necesitamos ponerla claramente por delante. Necesitamos elevar el nivel
de competencia de nuestros alumnos, proporcionar calidad equivalente
para todos, hacer de la formación y de la Formación Profesional una
actividad permanente, y disponer de más inversión y recursos. No son
necesarias más leyes, sí son necesarios más esfuerzos para igualar a
nuestros jóvenes con los de los países líderes en habilidades básicas.
Vamos a combatir decididamente el abandono temprano. Nuestro horizonte
es que cuatro de cada cinco jóvenes continúen su formación después de la
enseñanza obligatoria, bien en Bachillerato o en Formación Profesional.
Vamos a poner en marcha programas específicos para superar el nivel que
hoy tenemos en el dominio de la lengua, en la competencia matemática y
en el conocimiento del inglés.
Son cuestiones, todas ellas, que quiero proponer para su examen en una
Conferencia de Presidentes próxima.
En el ámbito universitario, completaremos la adaptación al Espacio
Europeo de Educación Superior y, por medio de la Estrategia Universidad
2015, acordada entre las Administraciones educativas y las
Universidades, destinaremos la financiación necesaria para lograr
universidades de excelencia que se sitúen entre las más activas y
competitivas de Europa.
El compromiso con la Educación de todos los niveles quiere ser efectivo
para todos. Por eso anuncio que ya desde este año se incrementará el
esfuerzo presupuestario para promover la igualdad de oportunidades y
favorecer el éxito de la capacidad y el esfuerzo. En la convocatoria de
becas que aprobaremos la próxima semana, si obtenemos la confianza de la
Cámara, subirá el número de becas y un 26 por 100 el umbral de renta
exigido para disfrutarlas.
El esfuerzo en la formación de recursos humanos va indisolublemente
unido a la capacidad para generar conocimiento e innovación, y a la
intensificación de la apuesta por consolidar un sistema de
Investigación, Desarrollo e Innovación de dimensión equivalente a
nuestra potencia económica real y a nuestras exigencias para progresar
en el futuro.
En la pasada Legislatura multiplicamos casi por tres los recursos del
Estado dedicados a mejorar su impacto sobre nuestra sociedad. En los
próximos cuatro años doblaremos de nuevo los recursos para Ciencia e
Innovación, situándonos por primera vez en toda nuestra historia por
encima de la media europea.
Cuatro años, ante todo, de apoyo e impulso a las empresas de base
tecnológica y especialmente a los sectores como el biotecnológico, el de
las tecnologías de la información, los nuevos materiales, la
nanotecnología o el aeroespacial. La innovación, Señorías, es el único
camino para garantizar la competitividad de nuestra economía y hoy
disponemos de una generación de emprendedores tecnológicos que están en
disposición de actuar como líderes del cambio empresarial en nuestro
país y en el resto de economías mundiales.
Aprobaremos, asimismo, un Estatuto del personal investigador público e
incorporaremos cincuenta mil personas al sistema de Ciencia y
Tecnología, la mitad de ellos, al menos, en el sector empresarial.
En el campo específico de las Tecnologías de la Información y del
Conocimiento extenderemos hasta 2012 la vigencia del Plan Avanza, con
una continua actualización de objetivos y actuaciones.
Aplicaremos, conforme a lo previsto, el llamado “apagón analógico” o, si
se prefiere, el “encendido digital” en 2010, con la extensión definitiva
de la Televisión Digital Terrestre, y aprobaremos la Ley destinada a
regular el sector audiovisual, la ampliación de sus posibilidades y los
medios para asegurar la tutela de la infancia y de los valores
constitucionales de sus contenidos.
Este conjunto de reformas alcanzará también a la ordenación del sistema
científico, con la aprobación o la reforma de una Ley de la Ciencia, la
Tecnología y la Innovación.
Ésta es mi idea de España: un país volcado en la educación de los
jóvenes, volcado en la investigación y abierto a la innovación.
Señorías,
España no tendrá que esperar a 2012 para ser el primer país del mundo en
kilómetros de tren de alta velocidad, lo será en 2010. No tendremos que
esperar a ser el país europeo con más kilómetros de autovías y
autopistas, lo somos ya.
La pasada Legislatura aprobamos el Plan Estratégico de Infraestructuras
del Transporte 2005-2020, que compromete una inversión total de 250.000
millones de euros, que se extiende a todas las modalidades de transporte
y que nos convertirá en un país excelentemente comunicado.
En el ámbito más urbano aprobaremos la Ley de Movilidad Urbana y
ejecutaremos a corto y medio plazo ambiciosos Planes de Cercanías para
las grandes ciudades de nuestro país.
Mi idea de país contempla una España en red, donde cualquier punto pueda
considerarse central, próximo a los demás; una España abierta al mundo,
cohesionada por intereses comunes y animada por idéntico dinamismo y
ambición de progreso.
Señorías,
El mundo necesita cambiar aceleradamente el modelo de desarrollo con el
que hemos venido operando. El cambio climático constituye una amenaza
cierta para nuestra forma de vida y para los recursos naturales, pero
también es una gran oportunidad para poner en marcha una nueva fuente de
recursos naturales a favor de un cambio de modelo de desarrollo.
Podemos y debemos convertirnos en aliados del cambio necesario, abrir
oportunidades a una economía que se aleje del carbono, de la dependencia
del petróleo, e incorpore más fuentes alternativas y renovables.
Tenemos que actuar con decisión, y vamos a hacerlo. Habrá incentivos a
las empresas que hagan público su compromiso de reducción de emisiones
de CO2, habrá apoyos a la movilidad sostenible, se dispondrán ayudas
para aplicar los requisitos establecidos para nuevos edificios por el
Código Técnico de la Edificación y para un Plan de Rehabilitación
Energética Integral de Edificios ya construidos que alcanzará hasta 2012
a un total de 500.000 viviendas y a edificios públicos y escuelas
públicas, en las ciudades de más de 50.000 habitantes. Presentaremos
pronto un Proyecto de Ley sobre Eficiencia Energética y Energías
Renovables.
Habrá, por tanto, fomento de la eficiencia y apoyo a la investigación y
uso de tales energías, campo tecnológico en el que estamos en la
vanguardia mundial. Se intensificará también la investigación en captura
y almacenamiento de CO2.
El desarrollo de las nuevas tecnologías, la evolución del mercado de
combustibles fósiles, la cooperación transfronteriza y la disponibilidad
de recursos hidráulicos serán los referentes a los que acudirá el
Gobierno para resolver los problemas de provisión de energía exigida por
nuestra voluntad de crecimiento. También lo serán, junto con las
decisiones que adopte la Unión Europea, para determinar la posición
española sobre la energía nuclear.
Señorías,
En 2004 propuse a los ciudadanos y a las Administraciones una nueva
política social en relación con el agua, basada en la garantía de su
disponibilidad y calidad, en su gestión sostenible y eficiente, en el
fomento de la investigación y la incorporación de nuevas tecnologías, en
la potenciación de fórmulas de regeneración y reutilización, en la
modernización de regadíos y en la creación de nuevos recursos, con la
desalación como tecnología prioritaria y segura de cara al futuro.
De acuerdo con estos principios, aprobamos el Programa A.G.U.A.
destinado a asegurar el suministro suficiente a todos los territorios de
España, a modernizar y a fortalecer las infraestructuras hídricas. Lo
hemos puesto en práctica. Han sido, hasta ahora, más de 7.700 millones
de euros de inversión del Estado.
Ha merecido la pena porque, pese a la dura sequía de estos años, no ha
faltado agua para consumo humano en ninguna parte del territorio
nacional y no ha habido necesidad de restricciones, como sí se
produjeron anteriormente. Lo pueden testimoniar en Andalucía, en Murcia
o en la Comunidad Valenciana, donde toda la política ha estado destinada
a garantizar el consumo básico. Y esto mismo ocurrirá en Cataluña.
El Gobierno está decidido a ejercer su papel coordinador de las
políticas de agua y su papel de garante de la solidaridad y la cohesión
territorial.
Mi idea de España es la de un país comprometido con el medio ambiente y
la preservación de su paisaje, de sus riquezas naturales y de sus mares,
porque sólo en la conservación de esos recursos reside justamente su
esperanza de futuro.
Señor Presidente,
Concluyo aquí la exposición de los ejes fundamentales de mi programa de
Gobierno; pero esta exposición no resultaría completa si, con toda
solemnidad en mi tono y con toda sinceridad en mi propósito, no
reiterase algo que ya he mencionado a lo largo de mi intervención.
Inicio mi acción de Gobierno en esta Legislatura con la voluntad de
ofrecer, primero, y de lograr, después, un clima político sereno,
caracterizado por la voluntad de diálogo y consenso. Se lo debemos a los
españoles.
De acuerdo con ello, me empeñaré en alcanzar un compromiso democrático
contra el terrorismo que podamos compartir e impulsar todas las fuerzas
políticas con representación parlamentaria y en el que los ciudadanos
puedan verse colectivamente reflejados y amparados.
La Presidencia española de la Unión Europea en 2010 es, sin duda, un
objetivo de Estado en el que todos debemos implicarnos y cuyo éxito
debemos compartir todos. Quiero consensuar los objetivos a alcanzar en
nuestra Presidencia y, así, incrementar el grado de coincidencia entre
nosotros sobre el desarrollo futuro de la Unión Europea, pieza clave de
nuestra política exterior.
En otro orden de cosas, quiero proponerles dos acuerdos concretos que
deberíamos alcanzar en el plazo más breve posible: el primero, sobre la
renovación urgente de dos de nuestros órganos constitucionales más
relevantes: el Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder
Judicial. Es un acuerdo que posibilitará y facilitará la consecución de
otros acuerdos sobre la urgente reforma de la Justicia. El segundo,
sobre el sistema de financiación autonómica que es, lo he dicho ya,
pieza clave para la estabilidad de nuestro sistema institucional.
Esta voluntad de acuerdo, de consenso, de pacto, tiene interlocutores
singulares fuera de esta Cámara. Reitero mi intención de proponer a los
sindicatos y a las organizaciones empresariales un nuevo compromiso de
diálogo social para impulsar la economía, para modernizar el mercado de
trabajo, asegurar la igualdad salarial entre hombres y mujeres, combatir
la siniestralidad y asegurar la intangibilidad y sostenibilidad de
nuestro sistema de protección social.
A todos los ciudadanos, a sus organizaciones y representantes, a todas
las Administraciones y a todas las instituciones, les propongo un
compromiso activo en apoyo de la EXPO de Zaragoza, de la Copa América de
Valencia, de la candidatura olímpica de Madrid, de los actos de
conmemoración de los hechos ocurridos en España y en América entre 1808
y 1812 y, más en general, en la defensa y difusión de nuestra mayor
riqueza: nuestra cultura, nuestras culturas, nuestra lengua, nuestras
lenguas.
Pero mi oferta de consenso se refiere, fundamentalmente, a ustedes,
Señorías, que ostentan la representación de más 44 millones de
españoles. Se dirige a todos ustedes por igual, pero con particular
énfasis al principal partido de la oposición, que ostenta una
representación muy estimable. Y la formulo personalmente a su líder, a
usted, señor Rajoy. Es cierto que los españoles no le han conferido con
su voto la tarea del Gobierno, pero también lo es que con su voto le han
confiado una importante responsabilidad.
Culminar con éxito nuestros retos colectivos es una misión que
corresponde, en primer lugar, al Gobierno y el Gobierno sabrá estar a la
altura de las circunstancias; pero es muy deseable que la oposición
contribuya en los asuntos de Estado al logro de los grandes afanes
colectivos de los españoles. Confío en que así sea, señor Rajoy, y para
eso cuente conmigo.
Señoras y señores, Señorías,
Uno sólo es responsable cuando es libre. Los españoles vivos somos
responsables de treinta años de España, los treinta años de democracia
en los que hemos sido libres.
Muchos de los que hicieron posible nuestro presente ya no están. Cada
día se abren más claros en las filas de la generación de nuestros
padres. Es mucho lo que les debemos. Cada uno puso lo que pudo: unos
pusieron la memoria; otros, el olvido, y, entre todos, la
reconciliación.
El brillo de la España de hoy, su libertad, su prosperidad, hunde sus
raíces en los esfuerzos de esa generación que conoció los años oscuros y
que, en la oscuridad, supo soñar lo que hoy somos. Ellos imprimieron a
nuestra democracia sus rasgos más pronunciados: la libertad individual y
la solidaridad social. Otras generaciones, más jóvenes, tuvieron el
honor y el acierto de expresar esos rasgos en la prosa de nuestra
Constitución y de nuestras leyes.
Hace tres décadas los españoles envidiábamos la libertad y el bienestar
de nuestros vecinos; hace poco más de una década esos mismos vecinos
europeos celebraban la rapidez de nuestros avances; ahora admiran
nuestros logros. Hoy mostramos con orgullo la modernidad de nuestras
infraestructuras, nuestra capacidad para la innovación, la vitalidad de
nuestra vida cultural y la libertad de nuestras costumbres. Nuestro
reciente pasado es un motivo para el optimismo y una razón para la
esperanza.
No niego que las dificultades existen y que, una vez superadas éstas,
aparecerán otras nuevas. Al fin y al cabo, ¿qué sociedad no las tiene?
Lo que sí afirmo es que seremos capaces de afrontar con éxito los
contratiempos que se nos puedan presentar.
Ésa es mi idea de España, Señorías, un país orgulloso de sus logros y
capaz de aprender de sus errores para no repetirlos; un país que avanza
unido y diverso, guiado por la experiencia de sus mayores y por el
empuje de sus jóvenes; un país de mujeres y hombres libres.
Para gobernar ese país durante los próximos cuatro años, para plasmar
ese proyecto y para esa idea de España solicito su confianza.
Muchas gracias.
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