Beatriz PÉREZ REYES La cara amarga
del periodismo El mismo rigor que convirtió al periodismo norteamericano en el mejor del mundo, también lo ha situado en el peor de los lugares. De la misma manera que el escándalo del Watergate marcó un antes y un después en el mundo del periodismo, también lo han hecho otros muchos casos en un sentido totalmente opuesto. Son los escándalos que han alimentado el lado amargo de esta profesión durante muchos años. La premisa de conseguir la noticia antes que los demás, cobra en la actualidad aún más relevancia. En la feroz competencia priman la inmediatez y la exclusividad de los hechos. Los redactores se someten y trabajan bajo gran presión por parte del medio y de los editores. La experiencia, inequívocamente, demuestra que muchos casos derivan de estas situaciones. Aún así, son más los factores que entran a formar parte del juego. Janet Cooke, ganadora del Pulitzer por “El mundo de Jimmy”, aseguraba en su currículum que era licenciada con cum laude en Vassar o que tenía un master en la Universidad de Toledo. La comisión de los Pulitzer se puso en contacto con el Washington Post para que les facilitara sus datos biográficos. Cuando el periódico echó mano del currículum y comprobó que los datos eran falsos, sospechó que podía haber hecho lo mismo con el reportaje ganador del premio. Le exigieron que aportara pruebas de la existencia del niño. Cooke renunció a su puesto y confesó: todo era ficción. En 1982, en una entrevista para televisión, aseguró que lo había inventado todo como consecuencia de la terrible presión interna del Washington Post, en el que se vivía un gran ambiente de competitividad generado por los éxitos del Watergate. Según ella, ideó a Jimmy para calmar a los editores del periódico, que la presionaban para escribir sobre esos casos. ¿Cómo pudo no verificarse una historia como esa en un diario tan prestigioso? Ben Bradlee, el que fuera director ejecutivo, afirmó que cuando surgieron las dudas por primera vez, no se molestó en comprobar a fondo las fuentes. Según Bradlee, aunque habitualmente los editores insistieran para conocer la identidad de las fuentes, se había hecho una excepción por “la veracidad y la integridad de la historia", y por las amenazas de muerte que Janet alegaba haber recibido. Tras el suceso, se llevó a cabo una investigación interna que derivó en la publicación en el diario de tres páginas y media de explicaciones. El periódico reconoció que “falló completamente en el sistema de control de las fuentes periodísticas”, y que los inexcusables fallos se debieron al “abandono del escepticismo profesional”. Otro caso con similar repercusión tuvo lugar unos diez años más tarde. Jayson Blair fue despedido de The New York Times por plagiar, inventar nombres, situaciones y hechos en gran parte de sus reportajes. Los factores fueron idénticos a los de Cooke. El director, Howell Raines, había puesto en marcha un modelo en el que existía una gran presión para obtener exclusivas casi sin tiempo. Era necesario competir con otros medios en soportes inmediatos, y escribir más y más deprisa para mantener la hegemonía del diario en el siglo XXI. Tiempo después se supo que Blair padecía un trastorno bipolar, que se fue agravando poco a poco con las exigencias y presiones del Times. Algunos editores denunciaron su comportamiento, pero la dirección hizo caso omiso de las quejas. No había maldad en su conducta. Cuando los editores del Times lo interrogaron, sostuvo que, como es normal en el oficio, citaba otras fuentes. Realmente no tenía conciencia alguna del asunto. Al igual que el Washington Post, el Times rápidamente tomó medidas e investigó con el fin de dar una explicación y disculparse ante sus lectores, lo cual supuso una gran humillación para el diario. Con el fin de evitar que volviera a pasar, anunciaron la creación de varios puestos de trabajo en el periódico, dedicados a reforzar la transparencia de la redacción y a revisar la exactitud y ética de todas las informaciones.
La lista de casos se puede tornar interminable: Stephen Glass, Patricia
Smith, Christopher Newton… Cada vez son más los nombres, ya sea de
diarios o de redactores, que hacen crecer, por una razón o por otra, esa
mancha oscura que subyace en la profesión. Una reflexión prevalece ante
todo: ¿realmente es necesario que se destape un escándalo para tomar
medidas y se compruebe que es veraz todo lo publicado? |
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Portadilla Nº Febrero 2010 Cultura,
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