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JOSÉ IGNACIO URQUIJO SÁNCHEZ
La adolescencia
de la caja tonta
Aprovechando que sus padres se han ido el fin de semana, Cabano ha
decidido organizar una fiesta en casa. En ella, una treintena de
adolescentes que no superan la mayoría de edad se divierten a su manera.
Encima de una mesa, una botella decide al azar qué pareja se debe besar.
Se puede ver cómo lo hacen dos chicas, luego dos chicos. Un pequeño
grupo trapichea con píldoras blancas. Llaman a la puerta y entran,
temerosos, Fernando, Paula y Cova.
–Al final hemos venido, ¿no habréis traído condones?
–
En esta fiesta no
hacen falta.
El anfitrión, Cabano, les explica la dinámica de la reunión: “Esto es
una fiesta petting, y las reglas son claras: se puede hacer de todo, con
todo, tríos, parejas, rotando… Todo está permitido excepto una cosa,
penetración. Bueno, si alguno se queda con las ganas siempre está la
habitación de invitados, pero cuidado con los muebles”.
Una chica baila en sujetador mientras unas manos masculinas acompañan
sus movimientos. “¿Queréis pastis o qué?”, les preguntan a los recién
llegados. Fernando duda, Cova también. Paula no acaba de decidirse. “Que
sí hombre, venga, dale, toma”.
La escena termina con los cuatro tomándose una pastilla.
Escena, sí. Porque el suceso está sacado de un episodio de Física o
Química, serie que emite Antena 3 los lunes a las 10 de la noche.
Pero hay más, series televisivas que han tratado una temática similar
son 18, HKM o SMS, de producción española. En Inglaterra, Skins. En EEUU,
dada su contradictoria moral, los personajes de las series de
adolescentes guardan algo más las formas, pero se han podido entrever
escenas similares en populares y actuales series americanas como O.C. o
Gossip Girl.
Llegados a este punto, cualquier adulto al que se le cuestione acerca
del episodio antes narrado se llevará las manos a la cabeza al
percatarse de que el anfitrión de la fiesta sólo parece preocuparse por
el buen estado de los muebles de la habitación de invitados.
Y la pregunta que a continuación surge es si la televisión está narrando
fielmente lo que pasa en las casas cuando se dejan en manos de los
adolescentes.
“Yo nunca he ido a una fiesta así”, cuenta Fernando, de 17 años y
estudiante de 2º de bachillerato, la misma edad que los personajes de la
serie. “Tampoco he oído hablar de nada así. La gente fuma, pero casi
nadie toma pastillas”. No obstante, aunque nunca ha oído hablar de
ellas, sí piensa que “fiestas así pueden existir”. “Creo que las de mi
clase de enfrente se drogan, pero la gente enganchada a eso está muerta
por dentro”. Fernando, un adolescente de carne y hueso, opina que
algunos chicos de su edad pueden pensar que lo que están viendo por la
televisión es la realidad, y que eso quizá acabe influyendo en su
comportamiento futuro.
Así pues, después de estos comentarios surge la duda de si la televisión
representa a la sociedad joven o, por el contrario, está creando un modelo
de realidad que los adolescentes quizá quieran imitar.
Javier, 24 años, universitario, piensa que puede ocurrir que
“subconscientemente los chavales crean que eso es verdad, pero en
general lo que la televisión muestra no coincide con lo que ocurre ahí
fuera”.
Ha llovido mucho desde aquellas primigenias series destinadas a un
público sobrehormonado, como Aquellos maravillosos años, Los problemas
crecen o Salvados por la campana, donde el único órgano que se trataba
era el corazón y como mucho podía verse una ligera borrachera. Donde
además al chico malo se le distinguía porque llevaba chupa de cuero, pero
ni por esas fumaba, y el modelo a seguir era un rubio que sacaba buenas
notas. Incluso en los últimos años ha variado notablemente la forma de
tratar los temas. Comparando las series actuales con otras de la segunda
mitad de los 90, como Compañeros, la más popular en su momento, se puede
dilucidar que actualmente se es mucho más explícito a la hora de hablar
e incluso de llevar a cabo ciertos asuntos.
Tamara, 20 años, universitaria, opina que en aquellas idílicas series
tampoco se representaba a la juventud de una manera fidedigna y que este
tipo de productos televisivos suelen “irse a los extremos para
ridiculizar a la sociedad”, caricaturizándola.
Puede ser que ni en la actualidad la juventud viva en un viaje
alucinógeno continuo, ni que hace una década los adolescentes invirtieran
todo su tiempo libre en invitar a chicas a bailes de primavera. Quizá la
próxima década la televisión atine.
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