BRENDA RODRÍGUEZ LÓPEZ Falta de ética La especulación económica, la brecha social entre países pobres y ricos, la indiferencia ante la violencia o el abandono de los ancianos ponen en tela de juicio la moral de la sociedad de masas del siglo XXI. La notable influencia de los medios de comunicación en la sociedad moderna es para muchos la principal causa de los problemas éticos de este siglo. Uno de los grandes objetivos de los medios es vender y ganar dinero, una intención justificada que genera grandes problemas conceptuales, morales y éticos. ¿Hasta qué punto pueden seguir los medios la política del todo por el todo para conseguir captar audiencia y clientes? ¿Dónde se encuentran los límites? Son muchos los autores que defienden la responsabilidad social de los mass media. Entre ellos, la doctora en Comunicación de la Universidad de París y profesora de la Universidad de Buenos Aires, Roxana Morduchowicz, que sostiene que los medios de comunicación desempeñan un papel central en la vida de los jóvenes y tienen gran potencial como agentes de formación y socialización. Sin embargo, a los medios se les acusa de engañar, manipular, tergiversar, incumplir la legislación sobre menores, fomentar la violencia y quebrantar el secreto sumarial. Esta escasez de ética profesional no pasa desapercibida. La credibilidad de los medios y de los periodistas se resiente y genera un creciente rechazo social. Son significativos los canales que cada vez apuestan más por programas de televisión que presentan un contenido controvertido. Uno de ellos podría ser TV Channel 4 con su emisión de Boys and Girls alone. Un reality británico, similar a Gran Hermano, que invitaba el mes pasado a menores de entre 8 y 12 años a “experimentar la vida sin adultos” delante de las cámaras. Como consecuencia, la dirección de este canal fue acusada de explotar a menores en su desorbitada búsqueda de beneficios. El voyeurismo televisivo se ha instalado en la sociedad. Una famosa ex concursante del Gran Hermano británico, Jade Goody, siguió este concepto hasta el extremo. Ante el diagnóstico de un cáncer en estado muy avanzado, una cadena se comprometió con la joven a seguir sus últimas semanas de vida y a ofrecerle una buena suma de dinero por ello. La boda y el tratamiento de esta mujer fueron seguidos con gran fervor tanto por retractores como seguidores. Finalmente, la muerte de Goodý ha supuesto un antes y un después en la sociedad inglesa. Pero, ¿dónde se encuentra la línea entre el morbo y la curiosidad? ¿Hasta qué punto es lícita la actuación de los medios en estas situaciones? Pero no sólo la televisión ve peligrar la ética profesional. La crónica rosa, la publicidad agresiva y los temas superficiales ocupan cada vez más espacio en el resto de medios de comunicación. El caso publicado por el diario The Sun de los adolescentes, de 13 y 15 años, que han sido –aunque ahora está en duda– padres de un bebé es un buen ejemplo. Una de las organizaciones británicas más sobresalientes en la prevención del abuso a los niños denunció la irresponsabilidad del diario al publicitar el caso. No obstante, no hace falta irse tan lejos para encontrar casos como estos, las cadenas españolas también se han visto afectadas por esta lucha de audiencias poco ética. El programa La Caja de Telecinco recibió críticas muy duras de especialistas en salud mental por televisar la terapia psicológica de los participantes. Sin embargo, la primera emisión del programa obtuvo un 22,9 por ciento de share –cerca de 1.400.000 espectadores–. Muchos culpan a los espectadores debido al elevado índice de audiencia de estos programas, mientras, otros tantos arremeten contra los medios y la precaria calidad de su programación. El debate esta abierto.
Como sentenció en el pasado Kant “en términos legales, un hombre es
culpable cuando viola los derechos de otros. En ética, lo es sólo con
que piense hacerlo”. Es ahora cuando los medios deben reflexionar. |
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Portadilla Nº Febrero 2010 Cultura,
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