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MARÍA ISABEL MUÑOZ LÓPEZ
Contra la
violencia de género, denuncia... ¿y después?
“Te habitúas a dormir con sillas bloqueando las puertas y no
sabes si al doblar una esquina te lo vas a encontrar”
La violencia de género se ha hecho un hueco en preocupaciones de la
gente, para pasar de ser un problema de puertas adentro a un problema
social. Detrás de cada nueva muerte de una mujer se esconden personas que
han visto coartada su vida por una violencia sexista y manipuladora, que
cada vez despierta mayor rechazo social.
Desde 2004, fecha en que entró en vigor la Ley contra la Violencia sobre las
Mujeres, se han tomado muchas iniciativas por parte del Gobierno para
demostrar que éste es un problema de todos.
Pero más allá de eso, el problema lo sufren las que cada día ven menguar sus
libertades y viven con el miedo en los ojos. A pesar de todo, 2008 cerró con
el dato de 70 mujeres muertas a manos de su pareja o ex pareja, y siete
casos más en proceso de investigación. En lo que llevamos de 2009 ya son 16
las víctimas que han terminado sus días de la misma manera, once mujeres
menos que en el mismo periodo del año anterior.
“El proceso para denunciar es duro, pero el después lo es más”, advierte I.C.,
víctima de malos tratos desde hace treinta años y con una orden de
alejamiento. La decisión que lleva a una mujer a aguantar tanto tiempo una
situación como esa es muchas veces incomprensible. Muchas se escudan en que
los niños son pequeños o que lo que empezó siendo una bofetada y no se pudo
ver su alcance, terminó degenerando en algo peor.
En general, el miedo se apodera de ellas, que muchas veces no ven en qué va
a mejorar su vida tras esa denuncia. “Si me aseguraban que lo iban a sacar
de casa denunciaba, pero en otro caso no”, cuenta I.C., que sentía miedo a
las represalias por poner esa denuncia.
Hasta el momento, a no ser que la víctima llame a la policía en el momento
en que sufre los malos tratos, cuando la mujer acude a poner la denuncia
tiene que volver a su casa, y después de unos días la denuncia llega a su
pareja vía certificado. Ese es el momento más temido por estas mujeres y el
que hace que no quieran denunciar, por temor a unas mayores represalias.
Una suerte diferente corren otras mujeres que son empujadas por la policía a
denunciar tras entrar en el domicilio cuando han avisado los hijos, los
vecinos o por ellas mismas. En el momento de los malos tratos y después de
denunciar, los agresores pasan una primera noche en las dependencias
policiales a esperas de pasar a disposición judicial al día siguiente y se
decrete su ingreso en prisión o su libertad, con una orden de alejamiento o
sin ella.
ÓRDENES DE
ALEJAMIENTO
Desde que entró en vigor la Ley Integral contra la Violencia sobre las
Mujeres, cada vez son más las víctimas que solicitan una orden de
alejamiento o de protección. Las decretan los juzgados de violencia de
género –unas 55.000 desde el inicio de la aplicación de la Ley–
y se
basan en la “buena voluntad” de los maltratadores, ya que salvo en “casos extremos” no se aplican aún medidas como la distribución de
pulseras que alerten del incumplimiento de la orden.
Según los abogados especializados en la violencia contra las mujeres,
esos casos extremos son únicamente las denuncias en las que además se ha
realizado un reconocimiento médico y “ha habido sangre”. Si no, ni “hay
cárcel, ni hay pulsera”. Hasta el momento, unos 50.000 maltratadores han
sido condenados por la justicia.
I.C. asegura que el miedo, sobre todo los primeros días después de
denunciar, atenaza la vida diaria. “Te habitúas a dormir con sillas
bloqueando las puertas y no sabes si al doblar una esquina te lo vas a
encontrar”. Es en este momento cuando la mayoría de las mujeres que
denuncian aseguran sentirse más solas y abandonadas, porque no hay nada
que las proteja. Pueden cambiar de ciudad, dejar atrás su vida y sus
amigos, o enfrentarse a ese miedo en esas situaciones.
C.G. dice que su miedo va más allá de su vida. Teme la venganza de su ex
marido y que “la tome con sus hijos pequeños”. Todo gira en torno a
inseguridad de estas mujeres a la hora de poner una denuncia contra los
malos tratos, ya no sólo por acudir a la comisaría y enfrentarse a esos
momentos duros en los que tienen que detallar cómo han aguantado toda
clase de vejaciones, sino el hecho de que tras esa denuncia se abre un
camino desconocido y duro, en el que son muy pocas las ayudas que se
encontrará a su paso.
Ante la pregunta de si han utilizado la ayuda que se les aporta en el
016, estas mujeres aseguran que sí, pero que no “sacaron nada en claro”
sobre quién las iba a proteger si acudían a la policía. “Me dijeron que
entendían mi angustia, pero que tenía que denunciar”.
Más de la mitad de las víctimas de violencia machista durante 2008 no
había denunciado, lo que por otra parte impide que se pongan en marcha
todos los instrumentos
–sean cuales sean–
previstos en la ley. La
presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género
del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Montserrat Comas, ha
reclamado que se estudie la efectividad de la Ley, para la que pide
“mayor recorrido en el tiempo” antes que hablar de fracaso.
A su juicio, los poderes públicos deben plantearse acciones para que la
norma “sea más eficaz”.
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